| PayoLibre La guerra de los habanos Luis Cino Álvarez 2 de junio de 2012 Las comisiones de los guías de turismo por la venta de habanos oscilan entre el 20 y el 30% de la compra. Los precios de las cajas de puros (cada una contiene 25) oscilan entre 200 y 400 cuc. Si les pagan el 30% por la caja más barata, que cuesta 200 cuc, el guía se echa 60 cuc en el bolsillo. El gran secreto es de donde sale el dinero para las comisiones, porque la mayoría de las compras en las tiendas, a diferencia de las que se efectúan con los revendedores clandestinos, raras veces son en efectivo y nunca con cheque. Se hacen siempre con carta premier o gold card, que se cotiza más aquí para que tenga validación en el exterior y los clientes puedan comprar más cantidad. Con la carta, el dinero se retira automáticamente de la cuenta del comprador y pasa de inmediato a la del vendedor. El negocio es redondo y todo hace suponer que el estado, que esquilma a los mal pagados vegueros, debe estar implicado. De no estarlo, los guías de turismo no recibirían la tajada de dinero que reciben -además de para comprar su silencio- por llevar los turistas a las tiendas de habanos. Sin dicha tajada, el guía no se motivaría y no llevaría a los turistas a la tienda ni dedicaría una buena parte de la excursión a la publicidad y la información sobre el habano. El guía trabaja y hace "la Paca" -la excursión, como la llaman en su argot- pensando siempre en la comisión que va a recibir en la tienda por los habanos que venda. Pero no siempre es fácil. Los guías tienen que librar una guerra psicológica donde todo vale, no sólo con los choferes de los ómnibus que transportan a los turistas, que no reciben comisión, solo lo que el guía quiera darles, sino también y sobre todo con los revendedores clandestinos.
Los revendedores revolotean alrededor de los turistas sin ser molestados por los policías, a los que pagan sobornos para que los protejan. Los rotan con frecuencia, así que los traficantes se ven obligados a renovar constantemente los sobornos a sus protectores. Forcejean entre ellos para vender el tabaco a los guías. Como las comisiones son por debajo del telón, sobre todo con los revendedores clandestinos "legalizados o protegidos", se dan el lujo de hacer y deshacer, en complicidad con los policías, que se hacen de la vista gorda para ver o no lo que les conviene. Por ejemplo, los revendedores que también proponen chicas y chicos. Y con muchísima más discreción, drogas. A veces, se producen broncas entre los guías de Cubatur y los traficantes, durante el tiempo que pasan los turistas en la calle de los artesanos, o cuando visitan el Palacio de los Capitanes Generales, donde los dejan solos para que lo visiten a su ritmo, mientras los guías descansan y los esperan afuera. Los otros traficantes y electrones libres pueden perseguir a los guías y los turistas hasta el Capitolio y la puerta del ómnibus. Los policías, abundantes como las moscas, nunca están presentes cuando estos electrones libres acosan a los turistas y chantajean a los guías. Es famosa la rivalidad entre O... y L... Ambos están "legalizados", es decir, compraron su protección a la policía. Se pasean a sus anchas por la Plaza de Armas, la de San Francisco de Asís, y las calles Tacón, Oficios y O'Reilly. L es un mulato alto, afable y parsimonioso, que, además de habanos, vende libros de uso en la Plaza de Armas. Es la cobertura ideal para pescar turistas. Frente a la ventana de su apartamento, la policía puso una cámara oculta. Pero a él no le preocupa. Tiene todo tipo de tabacos, con los sellos que se necesitan para sacarlos por la aduana del aeropuerto. Allí van los guías de todas las agencias turísticas, o casi todos, porque hay algunos que no se arriesgan. O es un negro corpulento, de mediana estatura, de unos 40 años. Trabaja como custodio. Pero vende habanos a las dos manos. Por más que se esfuerza por ser agradable, luce amenazador. Tiene fama de chivato y "metedor de pie". Varios revendedores trabajan para él. Cuando un guía no quiere comprarles a ellos, y se va cazan con Lazarito, lo chantajean delante del grupo de turistas y a veces delante de los mismos policías. Luego le van con el chisme a O, a quien llaman "el león de la selva". A partir de ese momento, el guía es chantajeado hasta que se canse o coja miedo y dé su brazo a torcer. Entonces, les comprará a ellos y no a L. Así y todo, L aventaja a O. En su casa se vende mucho, bueno y más barato. Pero sólo un poco más barato que en las tiendas, para que no se deprecie la mercancía. Además, tanta es la competencia, que L da a los guías hasta el 50% del dinero que paguen los turistas. Lo cobran en un ambiente acogedor, entre tragos de Havana Club Siete Años, que L brinda a los clientes, por si también desean comprar ron o café. En la guerra de los habanos, a veces no sobreviven precisamente los más fuertes, sino los más inteligentes. luicino2012@gmail.com |
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