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Gracias a la revolución hoy
tengo teléfono
Antonio Torres Justo – PSD
23 de mayo de 2007
La Habana – www.PayoLibre.com
– Cuando me enseñaron la nota, que habían dejado en casa
de un vecino, no lo podía creer. A la jefa del núcleo familiar
al que pertenezco le habían asignado un teléfono. Dicho así
se lee y suena fácil pero el camino fue fragoso.
Si mal no recuerdo esta nueva odisea comenzó por los
inicios del ya lejano año 2005. Recuerdo, sí, que comenzaron a
colocar los postes para la nueva red de telefonía, en Cojímar,
con una agilidad tal que sólo los ortodoxos acérrimos podían
desaprobarlo.
Tan acostumbrados estamos al estilo y los resultados del trabajo
socialista que contemplar a aquellos hombres trabajar provocaba verdaderos deseos
de aplaudir.
Nada de venir hoy y abrir, más o menos, un hueco y largarse.
Cuatro o cinco semanas más tarde aparecer un camión -de esos que
contamina el ambiente con saña y alevosía- y deja tirado un poste
en el sitio dónde presumiblemente estaba la excavación para situarlo,
ya que los vecinos se encargaron de rellenarlo con escombros, basura, un par
de gatos envenenados, condones usados, etc.
Otras cinco o seis semanas después viene la brigada
pero no la grúa; luego ocurre lo contrario y cuando al fin coinciden
en tiempo y espacio, el poste no lo encuentran porque alguien lo necesitaba
para sacar una tablas y fabricarse una mesa o le dieron candela para preparar
la caldosa cederista en saludo a cualquier revolucionaria fecha.
Con estos no había espacio para descontrol casual ni
premeditado. Taladraban el orificio, la grúa colocaba el poste y acto
seguido lo reafirmaban con concreto y seguían para el otro. Colocaban
tres o cuatro postes en menos tiempo del que le lleva a uno hacer la cola para
comprar el picadillo texturizado por la libreta de abastecimientos.
Pero apartémonos de aquellos inusuales trabajadores.
Olvidemos los comentarios de que le instalarían teléfono a todo
el que lo quisiera. Olvidemos lo de resolver la planilla de solicitud del teléfono,
con una cola de inscríbete hoy y confirma tu puesto durante varios días
y noches hasta que la obtuvieras. Que te lo denegaran luego, porque no cuentas
con reconocimiento social en tu área de residencia, ni los méritos
y avales de otros solicitantes y porque, como siempre, eran doce las solicitudes
y dos los teléfonos a asignar, en esa minúscula cuadrícula
donde te ubicó la Fortuna sobrenombrada ETECSA.
Olvidemos que el tiempo siguió la huella de otras desmemorias
y la incomodidad por la negativa a un medio de comunicación tan necesario
y vulgar naufragó en la impotencia misma. Olvidemos tantos sueños
frustrados.
Olvidemos también que a zutano o mengano se lo habían
propuesto instalar por $250.00 CUC sin planilla, ni Comisión Municipal
alguna que lo analizara y centrifugara, según nos contaron, y hasta el
recuerdo mismo del frenético deseo de aplaudir a aquellos hombres al
verlos trabajar de verdad dejémoslo atrás.
Lo que cuenta es que de buenas a primeras dejan una nota manuscrita
que informa le asignaron el ingenio de telecomunicaciónes a la jefa del
núcleo donde estás empadronado. Uno no le encuentra explicación
a esto y, por otra parte, tampoco quiero explicármelo. Y con la mano
sobre la Biblia o la misma Constitución Socialista declaro y juro que
no existe ningún dinero de por medio –ni posibilidad alguna–
para sobornar o corromper a ningún funcionario competente o no.
El único inconveniente de este equipo de telefonía
fija alternativa (integrado), según aclara el contrato, es que cuentas
con 400 minutos en el mes fiscal para la comunicación en ambos sentidos.
Al llegar al tope establecido te quedas automáticamente sin conexión
hasta el próximo mes fiscal.
Pero para quién no posee palomas mensajeras y nunca
aprendió el código de las señales de humo es un tremendo
salto a la modernidad telecomunicativa, aunque Alexander Graham Bell ya patentara
su invento allá por 1875. Es una verdad tan grande como el más
grande de los templos que si no fuera por la Revolución mi núcleo
familiar no dispondría hoy del teléfono. De seguro lo
hubiéramos disfrutado ya, sin sinsabores, desde décadas del siglo
pasado.
Nota: Están muy lejos de sospechar con que gusto recibiría
su llamada. Pero por el tope de los 400 minutos de utilización nacional
en el mes fiscal, me encuentro imposibilitado de anunciarles el número
telefónico, para que verifiquen por Uds. mismos, y me sirva a su vez
de comprobación, de que AL FIN TENEMOS TELÉFONO.
Antonio Torres Justo es Vicepresidente del Partido Solidaridad
Democrática (PSD)
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