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Tres días en Ecuador
Juan Carlos Linares Balmaseda
27 de febrero de 2013
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Luis Alberto Martínez Herrera abordó
un avión de la agencia TAME, compañía que cubre la ruta
Quito-La Habana. Luego de aterrizar en el aeropuerto Mariscal Sucre, éste
cubano de 29 años y licenciado en enfermería, fue confinado a
una hermética habitación, junto con otros diez cubanos que viajaban
a Ecuador por primera vez. En total dos mujeres y nueve hombres. En la puerta
de la referida habitación-calabozo un anuncio sostenía la frase
de Inadmitidos.
Tres días permanecieron en un absoluto confinamiento,
hasta que, ocho de los once, fueron subidos por la fuerza a un avión
que los retornó a Cuba. La operación incluyó amenazas con
perros adiestrados, forcejeos e insultos de: ¡No queremos gente como ustedes
aquí! Y uno de los inadmitidos cubanos terminó con heridas en
un brazo.
Durante el confinamiento les interrogó un funcionario
con preguntas sobre los planes que tenían cada uno de ellos en tierra
ecuatoriana, y le hizo la oferta de que si pagaban 3 mil dólares no serían
retornados a Cuba. Tres cubanos cumplieron el ofrecimiento y en cuanto pagaron
quedaron en libertad. Pero la suma era muy alta, e imposible saldar, para los
ocho restantes.
Dos funcionarios ecuatorianos -con seguridad, miembros de una
pandilla que trafica con cubanos novatos- tenían en sus respectivas credenciales
los nombres de Juan Carlos y Cristian. Los demás funcionarios, integrante
de la misma pandilla, ocultaban sus credenciales evitando ser identificados.
El funcionario que los interrogó les dijo con estas
palabras: ¨Nosotros sabemos que ustedes (los cubanos) vienen aquí
(a Ecuador) a brincar fronteras, o, a comprar ropa para revenderla en Cuba,
y también trafican con dinero, consiguiendo euros aquí y revendiéndolos
en Cuba y de allá vienen con dólares y revenderlos acá,
además traen medicamentos (tabletas de PPG y Viagra)…y así
se enriquecen sacando provecho de nosotros”.
Si algo le faltó a este corrupto funcionario ecuatoriano,
fue decir que los cubanos son unos apestosos.
Para Luis Alberto, la efímera visita, que no pasó
de un descanso forzoso, significó desperdiciar unos de 3 mil dólares
en gastos de pasaje y otros trámites reglamentarios, sin contar las tres
botellas de ron Havana Club y varias cajetillas de cigarros que le ocupó
la pandilla “temporalmente”, con la promesa de que se las devolverían
al montar en el avión que lo traería de regreso a La Habana y
no se las devolvieron.
Para colmo se apareció por allí un supuesto abogado
que se autodenominaba defensor de los derechos humanos, ofreciendo sus servicios
por un costo de mil dólares, y la mitad del monto a pagar por adelantado.
Ya en La Habana, el trato llegó a ser magnífico,
y sin faltar el sermoncito oficialista, echado por uno de los aduaneros que
los atendió dentro del aeropuerto José Martí, de que “esto
sucede por irse para un país extraño”.
Para Luis Alberto la aventura comenzó una semana antes,
cuando en Cuba conoció al cubano-ecuatoriano Jorge Alberto Martínez
Quintero, un cincuentón profesor de español en la universidad
de Quito, quien por formalizar una invitación para visitar Ecuador le
pidió 1500 dólares, y utilizando el nombre del ciudadano ecuatoriano
Henry Danilo Llanus Barrera, profesor de matemática en la misma universidad
quiteña, protagonistas de otra de las tantas redes dedicadas a la trata
de cubanos emigrantes.
Con la finalidad de de conocer ese país latinoamericano
a Luis Alberto le agradó la idea, aunque no descartaba de que si se le
daba una vida menos angustiosa que la que lleva en Cuba de seguro aprovecharía
la oportunidad. Sin embargo, ahora él no cree que la amistad entre Cuba
y Ecuador, de la que se fanfarronea tanto, es un negocio entre ambos gobiernos,
más que un sentimiento de pueblo a pueblo.
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