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Un día difícil de
celebrar
Aimée Cabrera
21 de febrero de 2013
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Las noticias de Internet de la Revista de la Mañana del 14 de
febrero mostraban a las japonesas que adquirían bellos regalos confeccionados
con chocolate para regalar a sus amistades especiales.
Los que pudieron abrir sus correos electrónicos, redes
sociales o páginas webs de tarjetas por San Valentín quedaron
extasiados de las incontables ofertas a las que pueden acceder quienes viven
fuera de Cuba.
El Día de los Enamorados en la Isla, nada tuvo de especial.
Las paradas de ómnibus atestadas de personas. Las vendedoras de flores
con sus mismas flores mustias de siempre, y las cajas de bombones que venden
las licoreras en la moneda convertible, son más cartulina que golosina,
con precios de lujo.
Así que, comprar un ramo de flores en las florerías
de la Calle Mercaderes o en 23 y 12, llenar una postal acorde a la calidad de
las flores y acompañarla de una caja de bombones es un presente que sobrepasa
los 20 CUC: ¡Sin comentarios!
No obstante, los cubanos “la inventan en el aire”,
es el eterno deseo de quienes siempre buscan la posibilidad de hacer la fiesta,
poner música, inventar algo fuera de lo de todos los días en la
cena familiar, o tener la oportunidad de brindar un traguito que puede convertirse
en más de uno.
Las ofertas en general estuvieron fuera del alcance del cubano
medio; el mismo que tiene que hacer malabares para pasar un mes con un dinero
que desaparece de sus manos sin poder resolver todas sus necesidades, mucho
menos “darse un gusto”.
Muchas parejas se las agenciaron para cambiar el horario de
paseo. Mientras los hijos están en la escuela, se buscan estrategias
para dar una vuelta por algún lugar céntrico, y merendar una pizza
o un emparedado a la que no le puede faltar el chinchín de la Cristal
o la Bucanero.
Otros se quedan en la casa y se regalan una tarde noche sin
discusiones. “Lo dejé que pusiera el Canal Deportivo, hicimos una
“espaguetada” y los muchachos pusieron un rato música de
la de ellos y bailaron con nosotros”, dice una esposa de la capital.
“Paseamos por La Rampa cuando salimos de clases. Nos
sentamos en el Malecón y recitamos el mismo poema de hace dos años.
Miramos el mar y pedimos un deseo, que no te lo voy a decir”, expresa
con brillo de enamorado en los ojos un joven, casi adolescente que no le suelta
la mano a la novia.
Si la historia de San Valentín, tiene un carácter
de tristeza que desapareció con los Siglos, los cubanos de cualquier
edad, y sin un mínimo de aspiraciones no se dejan arrastrar por el pesimismo,
se convierte entonces, en otro día difícil que ellos tratan de
convertir en felicidad.
aimeecabcu2003@yahoo.es
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