Versión para Imprimir
Me suspendieron los periódicos
Juan Carlos Linares Balmaseda
18 de febrero de 2013
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
Hace unos veinte años fui cartero a domicilio. De lunes a sábado
recorría varios kilómetros con un bolso a cuestas lleno de cartas,
telegramas, periódicos y revistas. Los medio días de verano sudaba
la vida, y en las mañanas invernales el frio viento y la lluvia me hería
los huesos.
Lanzar periódicos enroscados (en forma de tabaco) hasta
un quinto piso, y que cayeran dentro del área del balcón, requería
de un entrenamiento adicional. Conocí a un colega con brazo de grandes
ligas. En una ocasión lanzó con tanta potencia el tabaco “informativo”
que se coló por la puerta del balcón y siguió de largo
hasta estrellarse contra una repisa cargada de adornos, y tuvo que pagar por
los daños ocasionados.
En lo personal, la cartería además de ser una
actividad agotadora no fue menos peligrosa. Un día iba concentrado en
hacer bien mi trabajo. Abrí la verja de una casa y penetré en
la propiedad para echar la carta por debajo de la puerta, sin percibir la presencia
de un enorme perro custodiando la propiedad. Luego me enteraría de que
aquel animal tenía un historial de terror que competía con el
del tiburón sangriento. De pura suerte salí ileso.
Merendar un pan con nada y un vaso de agua con azúcar
era la aspiración de todos los carteros en pleno “Periodo Especial”:
periodo que de especial sólo poseía su desvergonzado nombre. Lo
que sí estaban en su apogeo en aquella época eran los robos de
bicicletas. Había ladrones que, para apoderarse de los ciclos, les hacían
una encerrona a los ciclistas y los mataban. Se dieron casos que esos mismos
salteadores, montados también en bicicletas, perseguían a sus
víctimas planificando el momento oportuno para atacarlas.
En diversas ocasiones yo distribuí en mi bicicleta,
pero se me hacía muy engorroso, pues cada vez que tenía que subir
a un primer piso o entraba a un pasillo estrecho para entregar la correspondencia
o la prensa, debía encadenar la bicicleta, evitando el menor de los descuido.
La mejor opción implicaba caminar.
Aprovechando esa coyuntura laboral pude suscribirme a varios
órganos como: Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores, Tribuna de La Habana…Desde
entonces, nunca me he atrasado o dejado de pagar la mensualidad.
Ahora, faltando apenas horas para que terminara diciembre del
2012 el cartero de mi barrio me comunicó que debía presentarme
en la oficina de la zona postal 7, a la que pertenezco, para efectuar un nuevo
contrato. Acudí la primera semana del 2013.
Al preguntar a la jefa de cartería (una tal Elsa) el
motivo por el cual esos contratos no lo enviaban con los carteros, me salió
con que nosotros (los clientes) exigimos mucho y pagamos poco. Como si fuera
una exigencia sugerir que le haga más cómoda la vida a los clientes,
y como si ella no formara parte del pueblo también.
Me dice: “si tú fuiste cartero has de saber lo que hacen los carteros”.
Se refería a que los carteros venden a sobre precio los periódicos
de los suscriptos que no se interesan por recibir la prensa, sea por que han
fallecidos, o por que se han mudado de la comarca. Como si los carteros, con
sus paupérrimos salarios, no tuvieran que hacer lo mismo que hacen la
mayoría de los cubanos para sobrevivir. Dice ella que es "militante
del partido (comunista)” y no puede permitir “corrupción”
entre sus subordinados. Como si allí la corrupción solo existiera
de ella hacia abajo. En el altercado me enteré de que la tarifa subió
en más de un 25%.
En conclusión, quedé suspendido del servicio
de mensajería durante el mes de enero. Ahora tengo el derecho a dudar
por la suerte de mis cuatro periódicos durante todo ese mes y de pensar
que lucraron con mis periódicos.
|