Versión para Imprimir
Los que no pueden faltar: Guns N’
Roses
Luis Cino Álvarez
7 de febrero de 2013
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
La banda de rock que más me gustaba a inicios de los años 90,
no era Nirvana, Pearl Jam o Stone Temple Pilot, sino Guns
N'Roses.
Y no es que prefiriera el estilizado glam rock al
áspero grunge de Seattle -en realidad, rabiosamente apegado
al blues, el folk-rock y el rock sureño, ninguno de las dos
tendencias me acomodaba-, sino que los intérpretes de November
rain y Don't
cry eran mucho
más que caras bonitas, piruetas escénicas, riffs espectaculares
y unas cuantas baladas bonitas.
Guns N'Roses, con un guitarrista como Slash (Saul Hudson),
efectista pero con sustancia, y la voz y el espectáculo de Axl
Rose (Gilbert Bailey), que parecía ser el último descendiente
del linaje de Mick Jagger y Jim Morrison, destacaban en el
panorama musical de aquellos años, que por entonces nos parecía
aburrido porque no imaginábamos el largo desierto tecno-comercial-mierdero
de chaca-chaca-bum-bum que nos esperaba en las próximas décadas
y que todavía atravesamos, sin otro oasis a la vista que no sea -solo
por el nombre- el de los hermanos Gallagher, que resultó
otra engañifa.
Pero hay otras razones, más subjetivas y personales que de índole
musical, para mi preferencia por las canciones de Guns N'Roses.
Me recuerdan los años 90. Lo bueno y lo malo. Obviamente, si se habla
de aquella época en Cuba, es más lo segundo. Pero, medio masoquista
que es uno, me gusta recordar...
Cuando
se inició el periodo especial, que fue cuando empezaron a llegar las
canciones de Use your ilusions, yo tenía 35 años, y como estaba
recién divorciado, era bastante promiscuo. En aquella época, en
medio de aquella catástrofe -no teman que no voy a hablar del hambre
y los apagones- no había muchas cosas que hacer. Solo quedaba el sexo.
Casi todas mis amantes eran mucho más jóvenes que yo (a algunas
casi les doblaba su edad) y como eran freakies -mis largas greñas de
entonces las atraían "como abeja al panal", ay Juan
Luis Guerra- adoraban a Guns N'Roses. Por tanto, aquella
banda sonaba bastante en mi casetera. Y pocas veces la escuchaba solo.
November rain siempre me recuerda a una muchacha con la que poco faltó
para que me contagiara el SIDA. Por suerte, no pasamos más allá
de los besos y los apretones. Decía que no se enamoraba, pero que estaba
con otro y que conmigo sólo quería "descargar un rato".
Tal vez no quiso decirme que estaba enferma y que no quería contagiarme.
Se llamaba Dalia. La apodaban La Crazy, porque había
quedado muy mal de los nervios después que murió su niña,
que tenía menos de un año. Era trigueña, delgada, muy linda,
con pinta de estrella de rock o de gitana. Pero solía caer en profundas
depresiones, que no lograban atenuar el alcohol, la marihuana o las anfetaminas.
Finalmente se enamoró de un freakie que estaba enfermo de SIDA allá
por 1995. Se fue a la cama con él dispuesta a contagiarse. Decía
que había encontrado el amor y que no lo iba a dejar pasar, total, si
ya no tenía nada que perder...
La última vez que me encontré a Dalia La Crazy
fue hace más de trece años en un concierto de Extraño Corazón
en la sala Atríl. Bailaba sola. Le asentaba la ropa blanca y su pelo,
tan negro, corto. Se veía muy bien. Linda como siempre. Sólo un
poco más delgada. Me dijo que en Los Cocos no se estaba tan mal, que
tenía muchos amigos y que se entretenía mucho con los perros pastores
alemanes que cuidaba. No me atreví a averiguar por su novio. Preferí
fingir que todo era como antes.
Eso hago ahora. Quiero pensar que todavía vive. Y desde el disco, Axl
Rose advierte, como si fuese necesario: "Nothing last forever
even cold november rain..."
Foto: Wikipedia
luicino2012@gmail.com
|