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¿Qué música
deberá gustarle ahora a los cubanos?
Luis Cino Álvarez
29 de enero de 2013
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Hace casi una década, para contrarrestar la proliferación
de raperos que gesticulaban agresivos y se quejaban del racismo, la miseria
y el abuso policial, los hacedores de la política cultural estimularon
la difusión del hoy abominado reguetón.
La Agencia Cubana de Rap, creada en 2001, intentó institucionalizar
-a la manera del extinto Movimiento de la Nueva Trova- a los raperos. Resultó
bien distante de la auténtica cultura hip-hop: más bien pretendía
diluirla. Y casi lo consiguió. Hubo un momento, a mediados de la pasada
década, en que más de la mitad de los grupos que integraban la
Agencia eran reguetoneros.
De modo esporádico, las autoridades culturales se quejaban del lenguaje
y las actitudes vulgares y extravagantes de los intérpretes del reguetón.
Pero era el género que más se difundía por radio y televisión.
Y también en los lugares públicos. Las obscenidades y el ruido
ensordecedor del reguetón atronaban el aire a toda hora.
Pero el Frankestein se les fue de las manos. Y ahora pretenden arreglar el asunto
como único saben hacerlo: con prohibiciones.
El pasado diciembre se anunció oficialmente que hay una ley en preparación
que regulará el uso público de la música. El director del
Instituto Cubano de la Música, Orlando Vistel, amenazó con severas
sanciones que pueden llegar hasta el retiro del permiso para actuar a los que
interpreten canciones con letras "agresivas, obscenas, sexualmente explícitas"
o que presenten a las mujeres como "grotescos objetos sexuales".
Ahora que los mandamases culturales quieren acabar por decreto con el reguetón,
uno se pregunta, qué música –según ellos, que parecen
creerse los indicados para decidirlo– será la que deberá
gustar ahora a los cubanos. Es como para preocuparse, porque a gente como Vistel
lo que menos le interesa es la calidad artística o el buen gusto...
De creer a los siempre optimistas comisarios de la cultura oficial, la música
cubana hoy es más fuerte que nunca. Se desarrolla impetuosamente y luego
de las décadas de aislamiento impuesto por el bloqueo norteamericano,
se impone internacionalmente, según ellos.
En un mundo globalmente mercantilizado donde la mediocridad y el facilismo se
han adueñado de la música popular, el supuesto crecimiento y fortaleza
de la música cubana sería una rarísima excepcionalidad.
El panorama real de la música cubana hoy es bien distinto al que pintan
los jerarcas de la cultura oficial. El universo musical cubano se reduce a marcha
forzada, y no precisamente porque no se haga buena música ni porque falten
músicos de calidad.
El gran logro de las escuelas de música fue haber formado músicos
de alto nivel técnico en medio de las carencias de todo tipo del Período
Especial. Sólo que, una vez graduados, el escenario que enfrentan los
músicos es desolador. A cada paso que dan, la economía conspira
contra ellos.
Los medios no promocionan, salvo excepciones, los productos de mejor factura
artística. Es frecuente que músicos excelentes, tengan que acudir
a "lo que más gusta" (el reguetón y la timba) para ser
difundidos y ganar popularidad.
Cuando logran grabar discos, a veces con condicionamientos onerosos, se ven
privados de su público natural. En Cuba apenas existe un mercado disquero.
En las tiendas (en divisas) los discos son muy caros. Los CD piratas que se
venden a tutiplén por las calles, entre 20 y 25 pesos y del que los músicos
no reciben un centavo, son el principal medio de acceso de los cubanos a su
música preferida, que es la que más se difunde en los medios,
es decir, la de peor calidad.
Prácticamente no hay lugares donde ir a bailar, excepto en bailables
gratuitos organizados por el gobierno con motivo de celebraciones políticas.
No abundan los sitios donde a los músicos les paguen bien. Donde les
pagan un poco más, la mayoría de sus seguidores no pueden entrar,
porque el consumo mínimo no baja de 5 CUC. Eso priva a los músicos
del contacto "en directo" con su público.
En los años 90, la irrupción de las disqueras extranjeras fue
una tabla de salvación para algunos intérpretes, pero redujo la
música cubana a las fórmulas de la salsa –la timba era demasiado
rápida para bailar– o el Buena Vista Social Club.
Hoy, en Cuba apenas existen espacios para la música no comercial. En
un país que cuenta con compositores como Chucho Valdés, Silvio
Rodríguez, Juan Formell, Pablo Milanés, Pedro Luis Ferrer, Carlos
Varela, Descemer Bueno, Israel Rojas, Roberto Fonseca, en la música que
más se difunde predominan la banalidad, el facilismo y el mal gusto.
El reguetón, la timba y el pop más insulso y ramplón apenas
dejan espacio al jazz, los cantautores o el rock.
Muchos intérpretes, para conseguir el sonido de "lo que más
gusta", mezclan, entre otros ritmos, el reguetón, la timba, el rap,
el jazz, el reggae, el rhythm and blues y el merengue. El sincopado híbrido
de híbridos resultante es la música que más se difunde,
y por tanto, la que más gusta.
A sus intérpretes -especialmente los masculinos, las féminas son
un poco mejores, al punto que algunas, las más chillonas y pretenciosas,
se autocalifican como "divas"- desafinados, vulgares, paradigmas de
la chusmería, el no arte y la marginalidad, uno no sabe que es peor:
si escucharlos o verlos actuar. Es decir, emitir sonidos guturales, remenearse
y amenazar al público, con sus restallantes cadenas de oro, el pantalón
que se revienta o se les cae, y sus gestos de guaposo de esquina. O de mandante
del Combinado del Este, que por algo será su reiterada conminación
de: ¡Manos pa' arriba, Cuba!
De ningún modo, la purga anti-reguetonera significará que ya podemos
bajarlas. Al contrario...
luicino2012@gmail.com
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