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El Martí de todos los días

Julio César Gálvez

28 de enero de 2013

Madrid, España – www.PayoLibre.com – La figura de José Martí ha sido utilizada de forma desmedida para su afán de protagonismo político por el régimen cubano, mucho antes de la toma del poder el primero de enero de 1959.

Muchos son los jóvenes que desconocen la verdad acerca del hombre que cayó en Dos Ríos combatiendo contra el colonialismo español. De eso se ha encargado el sistema educacional impuesto en la isla durante más de medio siglo, quien ha tergiversado la historia a su antojo. Pero son muchos los cubanos, regados por todo el mundo, que recuerdan la figura, el pensamiento y el accionar de José Martí, no solo en el 160 aniversario de su natalicio, sino todos y cada uno de los días del año.

Sin lugar a dudas, y sin chovinismo alguno, Martí puede ser catalogado como una persona de cualidades excepcionales dentro del grupo de hombres de ideas y pensamiento del siglo XIX de todo el continente americano.

No pretendemos hacer un recuento, ni mucho menos una comparación personal entre Martí y José de San Martín, el valeroso guerrero que le cediera la gloria a Simón Bolívar, en el Perú; el cura mexicano Miguel Hidalgo, quien fuera magnánimo con sus adversarios derrotados; Sucre, el traicionado y asesinado Mariscal de Ayacucho; o el indio don Benito Juárez, El Benemérito de las Américas, continuador de los ideales del Padre Hidalgo, quien peregrinó en su carruaje hasta derrotar al invasor francés, donde postuló: “Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos. Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”. Todos fueron y son grandes de América.

Desde muy joven se interesó por la lectura. Su imaginación viajaba junto a los Clásicos del pensamiento de Grecia y Roma hasta los más ancestrales del Oriente. Bebió en las fuentes nacionales del presbítero José Agustín Caballero, de José Antonio Saco, Domingo del Monte y del Padre Félix Varela. Supo reconocer la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda y la lucha interna de exiliado incomprendido de José María Heredia, el “Cantor del Niágara”.

Fustigó a Carlos Manuel de Céspedes y a Ignacio Agramonte por desavenencias, más supo comprender que en ellos predominaba el celo por el mejor cumplimiento del deber para con la Patria. Elogió la Asamblea Constituyente de Guáimaro, la que señaló como el nacimiento del futuro democrático para el pueblo cubano.

Amo la belleza, la vida, las flores, las mujeres, los niños, la poesía, al prójimo, la libertad y la independencia de su patria …, pero también fue un incomprendido.

Aún José Martí sigue siendo un incomprendido para la mayoría de los cubanos. El legado infinito que dejó, se encuentra en su copiosa correspondencia sostenida a través de los años con familiares, amigos, escritores y literatos, personalidades de su época y luchadores independentistas; en sus discursos; en sus artículos periodísticos; en su renovadora, multifacética y compleja obra poética y en su ingente labor como luchador revolucionario.

Su oratoria, su poder de convencimiento, la pasión y entrega personal para sentar las bases y fundación del Partido Revolucionario Cubano, y su ardua tarea en la unificación de los cubanos, pasando por encima de diferencias y criterios encontrados entre anteriores luchadores independentistas, para la “guerra necesaria” hasta alcanzar la independencia de España, son temas pendientes de estudios todavía.

Fue un profeta o un predestinado, quizá un adelantado en el tiempo. Vivió siempre con la preocupación de dar solución a los complejos problemas de su amada Cuba. En muchos aspectos la vida le fue adversa. Dos terceras partes de su vida la pasó fuera de la isla. España, Gran Bretaña, México, Guatemala, Venezuela, Jamaica y Estados Unidos formaron el corolario de su amplia experiencia como desterrado político.

A 160 años del natalicio del Apóstol, su sueño de una Cuba “Con todos y para el bien de todos” es una irrealidad. Utilizado como estandarte propagandístico con fines dictatoriales personales desde hace más de 50 años, dista mucho de ser el ejemplo de civismo y moral que siempre me enseñaron desde pequeño en la escuela.

Quienes rememoran su nacimiento cada 28 de enero están conscientes, de que José Martí aún tiene mucho que enseñarnos y hacer por el futuro de Cuba.


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