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MORIR EN PRISIÓN
Oswaldo Álvarez Paz - DESDE EL PUENTE
28 de enero de 2013
Caracas, Venezuela – www.PayoLibre.com
– La dirigencia política sigue de cerca las desventuras de los
presos y exilados políticos, de los perseguidos, de los sometidos al
acoso físico e institucional por los ejecutores de la violencia y de
la represión del régimen. Es necesario.
No desmayar en el seguimiento, ni descansar en la denuncia
dentro y fuera del territorio, es un deber imperativo que no podemos descuidar.
Lamentablemente la insensibilidad oficial deja sin efecto los
esfuerzos que se hacen. Tal cosa sólo es explicable porque se trata de
una política estudiada y definida para atemorizar, desmoralizar y, con
ello, paralizar unas voces disidentes cada día más criminalizadas
penalmente.
Pero en esta ocasión, debemos abordar, nuevamente, el
tema de los mal llamados presos “comunes”. Ciudadanos sin dolientes
de mayor importancia, provenientes de familias poco conocidas y sin relación
con sectores poderosos. Tienen dificultades para sostener sus causas en los
tribunales y hasta para llegar a ellos.
La mayoría está sin debido proceso y sin esperanza
de un mañana mejor. No pertenecen a la categoría del crimen organizado
fuera de los sitios de reclusión, aunque algunos quizás hayan
prestado algún servicio y luego, abandonados a su propia suerte.
Normalmente quienes permanecen en las estructuras del crimen
organizado, están vinculados a sectores poderosos de la vida nacional,
incluidos el alto gobierno y grupos económicos, sociales y militares
que gozan de la total impunidad garantizada por el régimen.
Quienes carecen de semejantes recursos, fácilmente caen
en manos de pandillas de autodefensa en los sitios de reclusión. Están
dirigidas por los llamados “pranes” y progresivamente logran tener
contactos importantes con el crimen organizado, llegando a disponer de recursos
económicos y materiales tales que, por la vía de las complicidades
con las autoridades internas y externas, se garantizan un mínimo de seguridad.
Esto se mantiene hasta que las diferencias internas, los pases de factura y
las tensiones con quienes los proveen de armas e impunidad, provocan enfrentamientos
con saldos de decenas de muertos y centenares de heridos en cada confrontación.
El caso Uribana es un ejemplo dramático. Hasta el domingo
había 62 muertos y 120 heridos registrados. Van 723 desde que Iris Valera
fue nombrada ministra del ramo. Nadie da la cara. Reinan el disimulo y la mentira.
La vida no vale nada en las cárceles, ni en la calle.
oalvarezpaz@gmail.com
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