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Malos rumores y pueden ser peores

Carlos Ríos y Juan Carlos Linares Balmaseda

21 de enero de 2013

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Cuentan sus vecinos que en menos de 72 horas el cólera le arrebató la vida a Osvaldo Pino Rodríguez. Agonizó en una sala del Instituto Pedro Kurí (IPK) la noche del 5 para el 6 de enero.

Velaron su cadáver dentro de un saco de nailon, presuntamente, para evitar riesgos del contagio, y el velatorio tardó menos de tres horas. Además, la casa donde pasó sus últimas horas con vida (en calle Vista Hermosa No. 418, perteneciente a la barriada La Piñera del municipio Cerro) fue cerrada y declarada en cuarentena por orientación de las autoridades sanitarias. Osvaldo fue barbero de profesión y al fallecer tenía entre 43 y 45 años de edad.

Ya unos días antes de esta muerte en La Habana los rumores sobre el cólera iban y venían. Aunque para muchos las diarreas, vómitos, sensación de cansancio, y el dolor, entumecimiento e hinchazón en las piernas, eran sólo débiles síntomas de un andancio estomacal. No hubo información oficial. La censura volvía a batir record, en espera de que “el andancio” pasase al olvido.

Inmediatamente después del fallecimiento, el ritmo de la trama adquirió proporciones de tragedia. Vino la orden de cerrar todos los establecimientos estatales y privados que venden alimentos en el municipio Cerro, y también en otros municipios colindantes. La preocupación popular se tornó en presión, y las autoridades sanitarias, con su lenguaje “minimista” cuando les conviene, al menos tuvieron que reconocer que se trataba “de un pequeño brote de cólera”. Pero continuaron cerrando círculos infantiles y escuelas, aún tratándose nada más que “de un pequeño brote”.

Mientras la prensa oficial recomendaba lavarse bien las manos y hervir el agua, la vox populi informaba de que los enfermos con el VIH los habían sacado del IPK, y estaban remitiendo hacia allí la mayor cantidad de infectados con la Vibrio Cholerae, bacteria que provoca el cólera. Se rumoraba además de que el personal médico de todos los hospitales capitalinos se encontraba en alerta, por si se desataba una epidemia de magnitud impredecible. Horas más tarde, esos rumores callejeros se habían hecho realidad.

Los estudiantes de medicinas, cubanos y extranjeros, se veían caminando por las calles haciendo trabajo de pesquisa y entregando tabletas de doxicilina, un antibiótico fuerte. Indican que deben tomarse tres pastillas, con un efecto por 72 horas, y acudir a las farmacias de sus localidades a comprar hipoclorito, un antibacterial líquido para verter en el agua potable, sin embargo el medicamente está en falta en algunas de las farmacias.

El activista político Rodolfo Reimón Trimiño, residente en el barrio Las Cañas del referido municipio capitalino Cerro, corroboró que en su cuadra acaecieron tres contagiados hasta el miércoles 9 y en menos de tres días transcurridos. Otros sondeos independientes hacían suponer que en esa barriada los números hayan superado los cientos de infectados. Y de acuerdo con las estadísticas internacionales, si de cada 20 personas que contraen el cólera una puede caer en estado de gravedad, entonces las cifras totales de fallecidos desde oriente a occidente nos las están escondiendo.

El miércoles 9 de enero el ministro de Salud Pública y el vice ministro de epidemiologia, recorrieron las zonas de mayores riesgos en la barriada de Santos Suarez perteneciente al municipio Diez de Octubre, y conversaron con algunos vecinos del hospital Raúl Gómez, situado en intersección de las calles Coco y Rabí, el mismo hospital que hace más de cinco décadas se llamara Cooperativa de Médicos. Ahí establecieron un Puesto de Mando para monitorear “otro pequeño brote” que también venía dando en este municipio desde hace días.

El departamento de Higiene y Epidemiologia estableció llevar a cabo conversatorios con la población, que denominan Audiencias Sanitarias. En las audiencias advierten sobre las medidas sanitarias, como no botar la basura cuando los vertederos estén desbordados y guardarla en casa y en jabas de nailon hasta que pase el camión recolector, entre otras disposiciones. Pero constantemente minimizando la magnitud del brote.

Respecto a los vertederos que se ven en las esquinas algunos vecinos se inquietaron por las destrucciones de aceras y los huecos que dejan los equipos excavadores que utilizan para recoger la basura, donde luego se acumulan líquidos y sólidos muy pútridos.

Pese a todo, nada se ha expresado acerca de la protección a los trabajadores por cuenta propia que tienen que cerrar sus comercios, y quedan a merced del desempleo.

En la foto: estudiantes de medicina haciendo pesquisas frente a la casa Osvaldo Pino Rodríguez


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