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Un granito de arena
José Alberto Álvarez Bravo
9 de enero de 2013
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– En varias ocasiones, Julia Estrella Aramburo se había
dirigido a mi esposa, Lilia Castañer, cuando compartían
espacio en sus marchas dominicales frente a la iglesia Santa Rita de Casia,
en Miramar. El tema era uno de los jóvenes condenados a cadena perpetua
por los sucesos de la lancha Baraguá, en 2003. Había dificultades
con la ayuda que le corresponde recibir. A pesar de tener otras tareas que nos
absorben dentro de la sociedad civil, aceptamos representar los intereses de
Yohannis Thomas González.
En la visita a que asistimos el 24 de diciembre de 2012, Thomas
nos pidió que ayudáramos a su pequeña hija, Agnes.
Incorporamos su nombre a la lista de niños que participarían en
la fiesta por el Día de Reyes, en la sede de las Damas de Blanco, pero
la niña no tuvo quien la llevara. No obstante, su juguete me fue entregado
por Laura Labrada Pollán, y el 6 de enero fuimos a su
humildísima vivienda a entregárselo, para contribuir con un granito
de arena a la felicidad de esta criatura que vive en una total miseria material.
La razón fundamental de esta nota es agradecer el esfuerzo
realizado por las Damas de Blanco, dentro de Cuba, y por las organizaciones
en el exilio que hicieron posible esta fiesta, que el pueblo cubano tendrá
que ir rescatando del rincón de olvido en que la tiranía castrofascista
la ha sepultado.
Por suerte para nuestra nación, y para escarnio del
sátrapa Fidel Castro y sus cómplices, cada año se ven más
niños estrenando sus juguetes los días 6 de enero, evidenciando
que en cuanto termine de caer este monstruo mal llamado revolución cubana,
nadie se acordará de su triste legado: sólo tendremos que reverenciar
a los miles de fusilados, a las decenas de miles de desaparecidos, a los cientos
de miles de vidas truncadas por los barrotes; el dolor, la intolerancia y el
odio por todas partes serán como las reminiscencias de una inquietante
pesadilla.
También por suerte para nuestra nación, ya se
respira una atmosfera de cambio que los tiranos y sus lacayos de la policía
política no podrán evitar, aunque golpeen, aunque secuestren,
aunque desaparezcan, aunque maten descarnadamente; el régimen está
irremisiblemente agotado, y las balas pueden matar a los contestatarios, pero
no evitar la debacle de este oprobio que es el castrismo. Agnes y
los demás cubanos que ahora están en la niñez, vivirán
en una patria libre, y el castrismo quedará como una lección de
lo que no podrá repetirse nunca más en nuestro suelo.
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