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DEL EJÉRCITO ROJO ALEMÁN
A LA HABANA Y MONTEVIDEO
Prof. Antonio Romero Piriz
2 de enero de 2013
Uruguay – www.PayoLibre.com
– He leído un libro de una ex integrante de la "Fracción
del Ejército Rojo" (en alemán RAF), más conocida como
"la banda Baader-Meinhof" (por el nombre de dos de sus dirigentes),
grupo imitador de la guerrilla urbana de los Tupamaros, que entre 1970 y 1998
provocó la muerte de 34 personas y de 20 de sus miembros en diversos
atentados.
Luego de la reunificación alemana en 1990, salió
a la luz el hecho de que la RAF había recibido apoyo logístico
y financiero de la Stasi, la policía secreta de la RDA, quien se había
encargado de dar alojamiento y nuevas identidades a varios miembros del grupo.
Su
logo era una estrella roja cruzada por una metralleta MP5. Se inspiró
en el Ejército Rojo soviético, del cual habrían tomado
también su emblema (la Estrella Roja).
Margrit Schiller estuvo exiliada primero en
La Habana, donde el régimen castrista le dio asilo, y luego en nuestra
capital.
De su estancia en Cuba vale la pena mencionar algunos de sus
comentarios, recordando que se trata de una partidaria del sistema allí
imperante.
Nos cuenta que vivió en un apartamento en el que antes
había estado, con su familia, el actual presidente de Ancap, Raúl
Sendic hijo.
La encargada del CDR (comité de defensa de la revolución)
de la zona, cada vez que alguien la visitaba "controlaba quien había
venido".
"Se hacía difícil conseguir las cosas más
sencillas", y cuenta su odisea para obtener un balde.
Sobre los cubanos dice: "cada uno, de manera individual,
robaba discretamente lo que podía".
"En Cuba no había vidrio, era caro porque había
que importarlo". Y por tanto las ventanas no lo tenían. Tampoco
guías telefónicas, y cuenta cómo luego en Montevideo preguntaba
por números telefónicos y alguien le dijo que los buscara en la
guía.
Narra cómo, pese a ser adicta al régimen, era
constantemente vigilada por la Seguridad del Estado.
"Todos los días había cortes de energía
eléctrica, generalmente en las tardes y las noches". "Cuando
había apagón tampoco teníamos agua".
Cuando el juicio y ejecución del general Ochoa, uno
de los principales líderes de la "revolución", y de
los hermanos De la Guardia, acusados de tráfico de drogas, dice: "Todos
se preguntaban si Fidel realmente no había sabido nada. ¿Justamente
Fidel, que todo lo sabía?"
Narra la vinculación de la dictadura castricomunista
con "Escobar, el barón colombiano de la droga", y sobre Ochoa
dice: "mis amigos cubanos interpretaron la acusación contra Ochoa
como un paso de Fidel para eliminarlo en tanto posible contrincante político".
Cuenta que "los CDR organizaron pequeñas 'brigadas
de acción rápida'. Se convocaba a media docena, se les daba un
palo y salían a buscar "contrarrevolucionarios". Le daban una
paliza o apedreaban sus ventanas."
En Uruguay, cuando intentaba contarle a partidarios del castrismo
lo que había visto en Cuba, le decían, "ya se sabe",
y no la dejaban hablar.
"Era raro que alguien quisiera enterarse de que allá
realmente había hambre". "Cuando contaba sobre las dificultades
en la isla, la reacción era hacernos callar. Para los que estaban a favor
rápidamente pasábamos a estar contra Cuba". "Aprendí
que era mejor, en lo posible, no contar nada de los problemas de allá".
En Montevideo consiguió empleo en la fachada comunista
"Instituto Bertolt Brecht", que lleva el nombre de un comunista alemán.
Relata cómo hasta el personal de limpieza era comunista, con esa costumbre
bolchevique de no emplear a nadie que no sea de sus ideas en sus periódicos
y organizaciones.
Como tantos, luego de cárcel y exilio, es un relato
de decepción, pero que deja cierta información interesante -por
venir de quien viene- sobre la miseria y represión en la Cuba de la dinastía
Castro, y la complicidad incondicional de sus partidarios uruguayos.
"Exilio, exilio y desexilio. Mi experiencia en Cuba y Uruguay" Margrit
Schiller. Ediciones Letraeñe
RED URUGUAYA POR DEMOCRACIA PARA CUBA
54 AÑOS DE DICTADURA ¡BASTA YA!
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