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Tres conciertos en un gran desconcierto

Luis Cino Álvarez

27 de diciembre de 2012 16:35

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Cuando hace cinco años, en la ceremonia de inauguración de un Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, luego de un ambiguo discurso de Alfredo Guevara, Fito Páez, sólo al piano, tocó varias de sus viejas canciones, aquello sonó a despedida.

Después, en declaraciones a la prensa, expresó su decepción con la revolución cubana. Dijo que medio siglo era demasiado tiempo para que los mismos tipos siguieran aferrados al poder. El cantautor argentino nos deseó a los cubanos buena suerte y mejores tiempos, como quien se apresta a una larga separación. Pero no hubo que esperar demasiados años para tenerlo de vuelta en Cuba.

No sé si se le pasó la decepción, si aprendió a convivir con ella o si piensa que ya Cuba cambió gracias a las reformas raulistas, pero Fito Páez regresó a La Habana a otro Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, para compartir la parte musical de la inauguración, el 4 de diciembre, con Los Van Van, y realizar un concierto en el teatro "Karl Marx", el 6 de diciembre.

No pude estar en el concierto, pero me cuentan que Fito estuvo súper, como siempre, y que el teatro estuvo abarrotado (en Cuba, con tan pocas opciones como hay, no es difícil llenar un teatro).

Pero no fue como otras veces. Por ejemplo, como cuando su multitudinario concierto en la Plaza de la Revolución en 1993. Han pasado casi 20 años de aquel concierto, pero de tan bien que lo recuerdo, me parece que fue el año pasado. Mientras el bajo y la batería atacaban los primeros compases de "El amor después del amor", un mar de cuerpos jóvenes se movía y agitaba los brazos al cielo, como si imploraran por la esperanza y la felicidad que parecían eterna y definitivamente vedadas...

Eran tiempos de hambre y apagones, de amigos que se iban en balsas y se los tragaba el mar. Pero en un anuncio que trasmitía la televisión, Fito Páez sonreía, levantaba el pulgar y nos invitaba a resistir para salvar la revolución.

Desde hacía varios años, además de Fito Páez, cantautores argentinos como León Gieco, Charlie García y Juan Carlos Baglietto eran muy populares en Cuba. Su forma de cantar y componer influía tanto a los rockeros como a los cantores de la novísima trova que llamaban "los topos".

Todos aquellos artistas argentinos, en mayor o menor medida, se mostraban solidarios con la revolución cubana, como si no repararan que, signo ideológico aparte, no era más que otra dictadura. Y nosotros, resignados a la indiferencia de casi todo el mundo, convencidos que de todos modos "los dinosaurios van a desaparecer" -como decía Charlie García en tiempos de las Malvinas- nos deleitábamos con las canciones de Fito Páez, que con sus greñas, sus gafas de miope y su banda rock, llegó por primera vez a un festival de Varadero, a finales de los años 80.

Decía que no fue como otras veces porque ahora Fito Páez tuvo dos competidores de calibre: la mexicana Julieta Venegas y el italiano Zucchero. Especialmente el segundo, que vino a La Habana con un aparataje digno de los Rolling Stones.

¿Se imaginan tres conciertos así en menos de cinco días, aquí en La Habana, que tan pocos cantantes extranjeros visitan? ¿Será un buen augurio? ¿Quiénes serán los próximos? Permítanme soñar. ¿Los Stones, McCartney, Dylan, Sting?

Julieta Venegas actuó el 3 de diciembre en el Teatro Nacional, en un concierto para apoyar la campaña de la no violencia contra la mujer. Refieren que la cola para entrar al abarrotado teatro fue bastante tumultuosa. Hubo demoras, empujones, piñazos y muchos policías. Con tonfas y todo. Pero fue un concierto por una causa más que justa en un país mucho más machista y violento de lo que parece o lo que la propaganda oficial quiere mostrar. Un concierto bonito. Como algunas de las canciones de Venegas. Justamente eso. Nada más.

El concierto de Zucchero, en el Instituto Superior de Arte, la noche del 8 de diciembre, que el cantante italiano denominó "La sesión cubana", discurrió más tranquilo. Todo lo tranquilo que puede esperarse sea un concierto de rock. A pesar de que habría más de 30 000 personas. Parecía un concierto del Primer Mundo. O como uno se imagina debe ser un concierto del Primer Mundo. Al menos por la parafernalia y el audio, que fue espectacular. No me lo contaron. Estuve allí. Puedo dar fe de que nunca escuché en vivo un sonido así.

Buena Fe fueron los teloneros. Tocaron nueve canciones. Me atrevería a decir que, popularísimos como son entre la juventud cubana, fue el gancho para gran parte de los espectadores que, con todo y su fama internacional, no sabían exactamente quién era Zucchero. "Un italiano ahí", escuché decir a varios muchachos. No obstante, cuando empezó su parte, cantando en español e italiano, con una sonoridad entre Joe Cocker y Santana, pero esforzándose por la clave cubana, levantó en vilo al público.

También estuvieron entre los invitados cubanos David Blanco y Patricio Amaro (X Alfonso no llegó a actuar).

Para mí, lo mejor del concierto de Zucchero fue la presencia en su banda de dos jazzistas cubanos fuera de serie, ambos radicados en el exterior, uno hace más de dos décadas y el otro hace solo unos años, el baterista Horacio Hernández (El Negro) y el guitarrista Elmer Ferrer, respectivamente.

Lo peor del concierto: que antes de empezar, Mariela Castro y su séquito del CENESEX hicieron agit-prop por la libertad de los Cinco. Repartieron carteles entre los muchachos de las primeras filas, todos de la Juventud Comunista, o segurosos, vaya usted a saber, y la princesa les orientó que los levantaran y agitaran a cada rato durante el concierto. Así que cuando transmitan el concierto diferido por la TV y vean los carteles y el entusiasmo, ya saben de qué se trata...

En lo personal, de los tres cantantes extranjeros que estuvieron en La Habana por estos días, me quedo con Fito Páez.

El rockero argentino ha vuelto a desearnos buena suerte y mejores tiempos. En aquel spot televisivo de los años 90 nos aconsejaba resistir, no sé cuánto más. En definitiva, es lo que hemos hecho, aunque no para salvar a la revolución, que ya no la salva ni el médico chino, sino porque no queda más remedio que salvar lo que queda de nuestras vidas, si es que a este desconcierto se le puede llamar vida.

Al menos yo, estoy en paz con Fito. Lo prefiero a la Venegas, tan modosita. Y también a Zucchero, con todo y la fama y la parafernalia. Para los blues, están Clapton y B.B King; si encima de eso, un rockero italiano que canta soul pretende sonar cubano, por muy bueno que sea el audio, pues me quedo con Los Van Van. En cambio, aquello de "quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón", todavía es una de mis canciones preferidas. Aunque a decir verdad, la prefiero por Mercedes Sosa.

luicino2012@gmail.com

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