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Los profesores no pueden con Bryan
Luis Cino Álvarez
26 de diciembre de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
Que un hijo de uno vaya a dar a una de las llamadas "escuelas de conducta"
es una posibilidad para angustiarse.
En estas escuelas, especies de reformatorios que son atendidos
por el Departamento de Menores del MININT, abundan los muchachos desequilibrados,
violentos o que han cometido robos y otros delitos. Más que reeducarse,
en estas escuelas se deforman, casi siempre irreversiblemente. Luego, hasta
la cárcel no paran.
Angustia es la palabra que mejor define lo que siente Eleida Álvarez
García, residente en Parcelación Moderna, Arroyo Naranjo,
ante la posibilidad de que su hijo, Bryan Roberto Palomo Álvarez,
de 13 años de edad, sea enviado a una escuela de conducta.
Bryan estudia en la escuela secundaria básica "Desembarco
del Granma", en el Reparto Eléctrico. Repitió el séptimo
grado. Tiene problemas con la concentración y el aprendizaje. El psicólogo
que lo atiende desde hace un año le ha diagnosticado "déficit
de atención e hiperactividad". Es algo bastante común en
niños y adolescentes. Según le dijo el propio psicólogo
a Eleida, tal vez con la intención de consolarla, en
el municipio hay más de 109 muchachos con los mismos problemas.
Sus maestros afirman que Bryan es indisciplinado. Se quejan
de que es un niño demasiado inquieto y juguetón, que conversa
en clases y se distrae por cualquier motivo. Dicen que no pueden con él.
Sería más apropiado decir que no saben tratar con niños
como él, no quieren tomarse ese trabajo o sencillamente, no están
capacitados para ello.
La mayoría de los maestros en la escuela "Desembarco
del Granma" son profesores integrales. Eran adolescentes sin vocación
para el magisterio, la mayoría sin posibilidades reales de poder cursar
alguna carrera universitaria. Los hicieron maestros a la carrera, porque el
sistema educacional estaba en crisis, faltaban maestros y "la revolución
los necesitaba". Y ellos aceptaron porque "no había más
nada".
Refiere Eleida que le llamó la atención que uno de los profesores
integrales que más quejas tiene de Bryan es un adolescente
de unos 19 años, que cuando habla manotea y usa expresiones chabacanas,
y lleva tatuada, en una mano, una hoja de marihuana tan verde como sus ojos.
Tampoco las personas que ha contratado últimamente el Ministerio de Educación
como profesores, a pesar de que son personas de edad, supuestamente con algún
tipo de experiencia en el magisterio, saben cómo lidiar con los alumnos.
Según Eleida, hace unos meses, un profesor nombrado
Ciro, un sesentón que dice estar orgulloso de pertenecer a la Asociación
de Combatientes de la Revolución, regañó a Bryan,
y porque el niño le contestó, le dio un bofetón, lo cogió
por el cuello y amenazó con lanzarlo por el balcón.
Por incidentes así, el niño dice que los profesores "la tienen
cogida conmigo" y le hace rechazo a la escuela. Cada vez va peor en los
estudios. Y la dirección de la escuela no ha encontrado mejor método
que proponer que Bryan sea enviado a una escuela de conducta.
Desde el 29 de noviembre, Bryan Palomo está a disposición
de una comisión de psiquiatras, sicólogos, neurólogos y
otros especialistas del Centro de Diagnóstico y Orientación (CDO)
municipal. Su dictamen será enviado a la oficina municipal del Ministerio
de Educación, que es la que decidirá. Y la decisión más
socorrida es el traslado a una escuela para muchachos con problemas de conducta.
Refiere Eleida que por estos días la policía
ha estado en el CDR para averiguar sobre el niño y la familia. También
han indagado con algunos vecinos. Afortunadamente, nada desfavorable deben haber
averiguado. Bryan proviene de un entorno familiar estable y
adecuado. Es el menor de los tres hijos del matrimonio. Personas decentes y
trabajadoras. La madre trabajó durante seis años como especialista
en información bancaria; es adventista y acude casi todas las semanas
a la iglesia. El padre, Roberto Palomo, trabaja como chofer
en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).
Eleida está muy angustiada con la situación del
niño y tiene todas las razones para estarlo. "¿Qué
van a hacer con mi hijo? ¿Convertirlo en un delincuente?",
se pregunta, y dice que moverá cielo y tierra para impedir que lo envíen
a una de tales escuelas, donde tratan a los alumnos como presos. Incluso advirtió
en el municipio de Educación que recurrirá "a la gente de
los derechos humanos". Por eso, con lágrimas en los ojos, llegó
a mi puerta.
luicino2012@gmail.com
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