Este portal es el eco del cubano que vive en la verdad 

 Domingo, 21 de diciembre de 2014 | 18:02
 
 Versión para Imprimir

El escritor, el detective, el sub-comandante y la utopía

Luis Cino Álvarez

15 de diciembre de 2012

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – A fuerza de ser confundidos por sus lectores, ciertos escritores llegan a creer ser alguno de sus personajes. Ernest Hemingway, cansado de correr por otras vidas, cuando apretó en Ketchum, Idaho, en 1961, el gatillo de su escopeta suicida, creyó segar también la existencia de un viejo pescador cubano llamado Santiago.

A Manuel Vázquez Montalbán solían identificarlo, por más de una razón, con el personaje de sus novelas policiales, el detective barcelonés Pepe Carvalho. No andaban muy errados los confundidos. El escritor catalán también fue un detective. Un detective incómodo, demasiado intelectualizado, que dejó sin solucionar muchos de sus casos.

Marxista heterodoxo, típico representante del intelectual contestatario, viajó por el mundo en busca de nuevos rumbos para una izquierda de brújula averiada.

Perenne inadaptado, Vázquez Montalbán se empeñó en nadar contracorriente. Trató de atisbar la utopía en Chiapas o La Habana. Trasladó el capital simbólico de sus méritos literarios al terreno político, sólo que con menos fortuna.

El subcomandante Marcos fue uno de los que alguna vez confundió al escritor catalán con el detective Pepe Carvalho. En diciembre de 1997, tres años después del inicio de su peculiar insurgencia, desde su campamento en la selva de Chiapas, escribió una carta a ambos, a cualquiera de los dos que lo quisiera atender, confesándoles su admiración. Su única queja era el tormento que ocasionaba a su estómago guerrillero la descripción de las pantagruélicas comidas de Carvalho (o de Vázquez Montalbán, no estaba seguro).

El escritor viajó a la selva chiapaneca para llevar a Marcos su espaldarazo mediático. Antes de sentarse en una hamaca a conversar sobre la globalización, sus consecuencias y los modos de enfrentarla, obsequió al líder zapatista, además de 4 kilogramos de chorizos de Guijuelos y varios turrones, un ejemplar de "Y Dios entró en La Habana", que pesaba tanto o más que los alimentos. El escritor catalán pensó que valía la pena la impedimenta en la mochila guerrillera, con tal que el Sub-Comandante tomara ejemplo del Comandante y advertirlo de lo que nunca debía hacer su revolución.

Vázquez Montalbán no logró despejar la incógnita del sub-comandante Marcos. En definitiva, el subcomandante, un arribista universitario, pequeño burgués, adicto a Internet, que sacaba tanto provecho de su mestizaje como del pasamontañas con huequito para la pipa y de los fallos estructurales de la sociedad mexicana, lindantes con la esquizofrenia, resultó ser otro más de los fraudes de la izquierda posmoderna.

El escritor barcelonés tampoco logró su sueño de vivir en una ciudad libre, convencionalmente feliz, donde las palabras no tuvieran ninguna atadura y todos los deseos se cumplieran sin falta. De haber conseguido habitarla, habría muerto de todos modos. De aburrimiento o por mano propia. De mutuo acuerdo con Pepe Carvalho. Sospecho que ambos, el escritor y el detective, ya sabían por qué las utopías que no perecen a tiempo, matan.

luicino2004@gmail.com

Primavera Digital

 


 Compartir 
 
 
 

Derechos de Autor - PayoLibre no reclama exclusividad de sus colaboradores. 

Autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.
 

Producido por Pablo Rodríguez Carvajal - payo@bellsouth.net - Copyright © 2003  PayoLibre.com
Miami, Florida, USA.  All rights reserved / Todos los derechos reservados