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Por si quieren asesoría en
calabazas
Luis Cino Álvarez
8 de diciembre de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
Recuerdo que hace tres años, en un discurso en Holguín para conmemorar
el 26 de julio, el general Raúl Castro llamó a plantar árboles
luego de preguntarse cómo se las arreglaban nuestros abuelos para que
no les faltaran las frutas y las viandas.
Por aquellos días, el entonces ministro de Agricultura,
general Ulises Rosales del Toro, delineaba la estrategia del boniato y la calabaza
para alimentar a la población.
Recuerdo que hace años muchos decían que el boniato
y la calabaza solo servían para engordar a los cerdos. Hay que ver el
lado positivo de las cosas y recordar las virtudes que se achacan a la calabaza
y el boniato. Con estas humildes y generosas viandas como protagonistas de nuestra
dieta, engordaremos las pantorrillas y nuestro pelo cobrará brillo. Doy
fe de esto último por la experiencia con mis perros.
Por lo pronto, a falta de los boniatos que todavía no
abundan, de otras viandas y de las hortalizas de ciclo corto de siembra, a veces
hay bastante calabaza en los agromercados estatales. Sólo que pequeñas,
paliduchas, mustias, con magulladuras. Y somos dichosos en La Habana en tener
calabazas. En otras provincias, especialmente en las orientales, no hay.
Definitivamente,
la estrategia del boniato y la calabaza no funcionó en manos del general-ministro
de Agricultura, Rosales del Toro. Parece que empleó las mismas tácticas
agrícolas-zapadoras con las cuales arruinó la industria azucarera.
Y eso le costó su caída hacia arriba, de ministro a asesor.
Pero a su sucesor tampoco la estrategia le ha funcionado como
se esperaba. Y la única explicación que se me ocurre para ello,
es que se debe a los mecanismos inventados por la corrupta burocracia del Ministerio
de Agricultura. Los centros de acopio, que cuando disponen de combustible, no
tienen envases o viceversa, no garantizan nada que no sea el más estatalizado
caos.
Millares de cubanos que no hemos estudiado a Von Clausewitz
en la soviética Academia Frunze ni reunimos suficientes méritos
para ser ministros de Agricultura sabemos bien que para cosechar calabazas y
boniatos basta lanzar al patio las semillas y los trozos que no sirven.
Los bejucos de boniato y calabaza, casi silvestres, se extienden
por mi patio y se prenden a las cercas, las matas de plátano y a los
árboles que he sembrado, tal como aconseja el general Raúl Castro.
De los bejucos enredados en sus troncos, penden hermosas calabazas. Como la
que muestro en la foto. Medía bastante más de medio metro y pesaba
más de 20 libras. La recogí hace unos días. En honor a
la verdad, creció tanto porque oculta en la maleza, no la descubrí
antes. ¡Capaz que me la hubiesen robado!
Si en la pésima tierra de mi patio, que no puedo regar
porque en mi barrio sub-urbano el agua la ponen sólo unas horas cada
cuatro días, he sido capaz de obtener tales resultados, no imagino cómo
sería con los recursos de que disponen las empresas agrícolas
estatales. Se me antoja que pudiese ser asesor en calabazas del Ministerio de
Agricultura. Sería mi modesto aporte con tal de que tengamos en los agromercados
estatales, si no boniatos, al menos calabazas. Y de las buenas. El ofrecimiento
está en pie. Para que después no digan...
luicino2012@gmail.com
Foto: Luís Cino
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