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El golpe enseña
José Alberto Álvarez Bravo
8 de diciembre de 2012
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– El gesto paterno de llevarse las manos al cinto me obligaba a enmendar
mi conducta. Era la época del golpe como expresión prioritaria
de la didáctica familiar, sin que te salvara el extendido argumento moderno
del trauma infantil. Incluso en las escuelas, los maestros de entonces, en contubernio
con los padres, hacían uso desmedido del reglazo y el halón de
oreja.
El tenebroso Departamento 21, encargado de reprimir el disenso
pacífico en Cuba, apela a todas las recetas que considere útiles
para impedir las reuniones de disidentes en mi domicilio, también sede
de la AFACUDE (Asociación de Familiares de Cubanos Desaparecidos); luego
de diecinueve infructuosos secuestros, con otras tantas “conversaciones”
en las que no participo, ahora la tónica es detener a quienes intentan
llegar a visitarnos, y en ocasiones propinar golpizas a los reincidentes.
Hemos conocido, por vía testimonial, que varios disidentes
han sido visitados por agentes represivos para “aconsejarles” no
visitar la casa de “una terrorista” y “un contrarrevolucionario”,
vocablos que designan a quienes no nos sometemos a los dictados de la dinastía
geriátrica cubana; Ronald Mendoza manifiesta haber sido
visitado por “Ignacio” para advertirle que podía ser desaparecido
por visitar mi domicilio.
Sabedores de los dividendos del método, su aplicación
sostenida ha logrado disminuir la presencia de los hermanos que hace apenas
unos días invadían a toda hora nuestro pequeño espacio.
Ahora tengo más tiempo para leer y escribir, pero añoro el bullicio
y la alegría disidentes que sin dudas molesta a sus majestades de utilería.
Desde que endurecieron el bloqueo a nuestra vivienda, muchos hermanos han encontrado
argumentos para no visitarnos. Todavía vienen, pero es infrecuente llegar
a diez personas juntas.
Hoy recordamos el serial norteamericano Raíces, donde
un esclavo de abolengo en su tribu rechaza el cambio de su identidad; atado
a un árbol, recibía crueles tormentos para que aceptara su nuevo
nombre, Toby, pero él insistía en conservar su nativo Kunta Kinte.
La crueldad de sus torturadores, y la inutilidad de su resistencia, le ganaron
la desigual batalla.
Hoy en Cuba se da también una batalla asimétrica
entre la fuerza y la razón, entre la arbitrariedad y la justicia, entre
el honor y la barbarie. Los detentadores del poder intentan regresarnos a la
esclavitud, abolida el 10 de octubre de 1868; pretenden lograrlo aplicando la
antigua máxima de que el golpe enseña. Veremos.
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