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Dos fechas de noviembre en la guerra de Angola

Luis Cino Álvarez

6 de diciembre de 2012

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Este noviembre se cumplieron dos aniversarios importantes de la aventura militar cubana en Angola: el día 10, el aniversario número 37 de la Operación Carlota, y el día 15, el 25 del inicio del atrincheramiento en Cuito Cuanavale.

Operación Carlota

El 10 de noviembre de 1975, un primer destacamento de 82 hombres de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, vestidos de civil, súper entrenados y con armamento ligero, voló de La Habana a Angola en un avión Britannia de Cubana de Aviación. Fidel Castro los despidió, con el mayor secreto, en el aeropuerto de Rancho Boyeros.

La misión del destacamento cubano era contener la incursión en Angola de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire e impedir que las guerrillas de la UNITA y el FNLA entraran en Luanda antes que las del MPLA.

La llamada Operación Carlota marcó el inicio de la aventura militar cubana en Angola, que duraría más de trece años. Alrededor de 350 000 militares cubanos pasaron por Angola, un país 11 veces mayor que Cuba y a 11 000 kilómetros de distancia, Océano Atlántico de por medio.

Jamás un país del Tercer Mundo emprendió un empeño militar de tal envergadura. Pero Cuba contó con el equipamiento y el apoyo irrestricto de la Unión Soviética.

En el plazo más breve que pueda concebirse, Cuba llegó a totalizar alrededor de 70 000 soldados en Angola. Pasado el peligro inicial, la cifra se estabilizó en unos 40 000.

Los tres movimientos nacionalistas que combatieron a los portugueses, el MPLA de Agostinho Neto, la UNITA de Jonás Savimbi, y el FNLA de Holden Roberto, habían logrado un precario acuerdo en vísperas de la independencia. La tregua se rompió a la hora de formar gobierno. Pudo ser otra guerra civil más en África, pero la Guerra Fría lo impidió.

La URSS apoyó al MPLA. Estados Unidos, Sudáfrica y China, en una extraña concertación, favorecieron a la UNITA. Cuba se involucró con su fuerza militar para que los marxistas del MPLA lograran instalar su gobierno en Luanda, pero tuvo que permanecer allí durante más de una década para apuntalarlo. Así y todo, el ejército cubano y las FAPLA nunca lograron el control total del territorio angolano.

Dos años después, el esfuerzo bélico cubano se duplicó y se desplazó al Cuerno Africano. Para 1978, ya las fuerzas cubanas habían logrado una rápida victoria sobre las tropas de Somalia que habían invadido el suroeste de Etiopía.

Pero Angola fue un hueso mucho más duro de roer. Las guerrillas de Jonás Savimbi se convirtieron en la pesadilla de los generales cubanos.

Cuito Cuanavale

En 1987, la situación del gobierno de Luanda se deterioró dramáticamente. En noviembre fracasó estrepitosamente la ofensiva sobre el río Lomba, dirigida por el general soviético Konstantinov. Fidel Castro, que se opuso a ella desde que se planeó, ordenó que las fuerzas cubanas y de las FAPLA consolidaran un bolsón de resistencia en Cuito Cuanavale.

El 15 de noviembre de 1987, Fidel Castro dispuso el reforzamiento de las tropas cubanas en Angola. El despliegue cubano de 500 tanques T-54 y T-55 frente a los 300 tanques Leopard sudafricanos inclinó de forma drástica la correlación de fuerzas a favor de Cuba.

A partir de ese momento, desde su puesto de mando en La Habana, Fidel Castro dirigió con tozudez todos los pormenores de la campaña.

El 28 de julio de 1988, aplastantes golpes aéreos de los MIG 23 cubanos en Calueque y Rucaná, cerca de la frontera con Namibia, forzaron a los sudafricanos a retirarse de Angola.

Unos extraños acuerdos de paz que no pusieron fin a la guerra civil en Angola -que terminaría más de 14 años después-, se firmaron entre Cuba, Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988. Fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.

Según cifras oficiales, dos mil cubanos murieron en Angola. Sus restos fueron repatriados y sepultados en diciembre de 1989.

Miles de veteranos regresaron mutilados, con los nervios destrozados, alcoholizados, víctimas de enfermedades exóticas, con medallas y diplomas que de bien poco servían en un país que tras el derrumbe soviético se adentraba en la peor crisis de su historia. Una dura realidad que nunca han reflejado los panegíricos de la Cuba oficial.

luicino2012@gmail.com
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