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Tumbando al hierro
Lilianne Ruiz Andarcio
4 de diciembre de 2012
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– En su tiempo escribió Martí las armas son de hierro.
Es el hierro lo que yo percibía frente a los agentes de la Sección
21, apostados en el portal del edificio de Lilia y José Alberto en J
y Calzada, este jueves 1 de noviembre.
Hace mucho tiempo que el hierro en Cuba, el hierro para matar y el hierro de
los barrotes, el hierro de los Tribunales y el hierro de la represión,
pertenece a los mismos que pretenden ostentar la autoridad; la sola autoridad
del hierro.
No es el hierro del que hablaba Martí.
Mi plan de este jueves era pasar por la casa de Lilia y José
Alberto con la intención de recoger la historia del saqueo que han sufrido,
muy similar al de Silva que relaté en el post pasado.
Contaba con un tazón de caldosa que sería mi
almuerzo, porque hace poco más de una semana que Lilia y José
Alberto han abierto su casa (que normalmente es una sombra deseable para conversar,
en lo que se espera por cualquier trámite o servicio en la Sección
Norteamericana) para regalar a los que llegan con un tazón de caldosa,
en una ciudad donde por diversas razones -desde las higiénicas hasta
las económicas- merendar o almorzar en la calle no es recomendable para
el cubano de a pie.
Le hemos puesto el nombre de “Caldosa Disidente”
y la manera como se ha resuelto el costo de producción de la caldosa
es aunando los esfuerzos y la buena voluntad de muchos amigos.
Mientras
me acercaba me extrañé de ver las figuras opacas en el portal:
tres hombres y dos mujeres personificaron el hierro del que hablaba, apostados
allí bloqueaban la entrada y la salida los agentes del DSE.
Tengo la impresión de que es imprescindible no caer
en la trampa de la “familiaridad” entre secuestrados y secuestradores,
por mucho que ya se conozcan las caras y los nombres de nuestros perseguidores.
Hay que trasmitirles a esos agentes de la Seguridad, por todos los canales de
comunicación posibles, desde la actitud hasta el verbo, que no somos
iguales, ni funcionamos al mismo nivel, no existe lazo ni familiaridad, porque
ellos son incapaces de dialogar de manera orgánica con los opositores
al poder que ellos representan.
Se sumaron Noralis, la Dama de Blanco de 23 años, y
su esposo; no pudimos pasar pero pudimos decirles algunas verdades a la cara,
entre ellas la de no entender qué es lo que les motiva a violar los derechos
de los ciudadanos y en nombre de qué, ¿de un partido político?
¿De un grupo de gobernantes que nunca más levantarán su
crédito porque ya nunca podrán engañar a nadie más?
Pero los agentes no están programados para responder.
Ni siquiera pudimos precisar que registraban e interpretaban lo que les decíamos.
Como a las 3 horas los que habíamos sido impedidos de
entrar a la casa de Lilia, y que no la vimos aparecer por el curso de periodismo,
debíamos pasar otra vez enfrente de la casa sitiada. No era posible pasar
delante sin volver a preguntar por nuestros amigos, porque pasar de largo era
como acatar sus órdenes, obedecer o actuar como si les tuviéramos
miedo. Dios no me deja sentir miedo más que de mí y de mis pecados,
no sé si alguien pueda comprenderme pero creer que tengo a Cristo en
mi corazón, en el centro de mi alma escondido y manifiesto en situaciones
como ésta, no me deja sentir miedo. Así que me uní a los
que decidimos regresar.
Ya tenían la calle llena de agentes y de algunos policías
uniformados. Esta vez les dejamos claro que sabíamos que por la fuerza
no nos dejarían pasar pero que estábamos allí para saber
de nuestros amigos. Conocíamos la respuesta que nos darían pero
lo importante era estar allí y no la retórica.
Esta vez volvió a impresionarme el fenómeno
de que si yo no recordara que hay una sola Declaración de Derechos Humanos
porque la humanidad es una, pensaría que ellos pertenecen a otra humanidad,
acaso la especie de la que habla su jefe de legión. Pero no, mal que
me pese, aunque entrenados para reprimir y odiar a los opositores a los Castro,
sean capaces de repetir el gesto de una máquina, no son otra cosa que
humanos y tienen más derechos que los que ellos mismos reconocen.
El jefe que dijo llamarse Erick y ser el segundo jefe de la
Sección 21 (en una de las fotos tiene el índice levantado), utilizó
una jerga amenazante cuando insistí en saber de mis amigos y se alejó
a hacer una llamada; entonces repetí la pregunta a una de las mujeres:
“Quiero saber en qué situación se encuentran
Lilia y José Alberto” y le mire a los ojos buscando un indicio
de humanidad, pero ella sólo mantuvo la mirada fija en los míos
de una manera que revelaba ser parte de su entrenamiento de represora. Yo sólo
pude contar 15 segundos y llegue a la conclusión de que lo importante
no era mantener el desafío, que simplemente unos ojos humanos toleran
una cantidad de tiempo mirando un mismo objeto, salvo por alguna excusa del
misticismo hindú o del cristianismo primigenio, y no era humano mantener
indefinidamente la fijeza en la mirada porque cualquier cosa llamada sobrehumana,
desde Nietzsche (Zaratustra) hasta Castro, era inútilmente maquinal.
Hace mucho que los verde olivo dejaron de ser los buenos de
esta película. Dejaron de serlo desde el 1 de enero de 1959, pero lograron
confundir a mucha gente. El bien, acorde a la naturaleza humana, semejante a
ella, la felicidad, la sabiduría, lo bueno, lo bello, Dios, están
en otra parte, adonde único no pueden acceder ni impedir acceder a nadie:
en el interior de cada uno de nosotros y si logramos vocearlo seremos libres
tumbando al hierro.
El blog de Jerónimo
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