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El último payaso
Sección: Una isla perdida en el mar
Julio César Gálvez
24 de noviembre de 2012
Madrid, España – www.PayoLibre.com
– Cuando escuché en los telediarios que había fallecido
el actor Emilio Aragón, me acomodé en el sillón
para conocer de quien se trataba, pero cuando mencionaron que era quien personificaba
al payaso Miliki, los recuerdos volaron a mi infancia, a la Cuba de más
de cinco décadas atrás.
Junto a dos de sus hermanos integró el famoso trío
de payasos españoles, Gaby, Fofó y Miliki, quienes en 1947 habían
llegado a Cuba para una gira de apenas unos meses por diversas provincias y
que se alargó por espacio de nueve años.
Cada domingo al mediodía en la amplia sala de la casa
de Leopoldo, el único vecino que poseía un televisor en el barrio,
a principios de la década de los años 50 del pasado siglo, se
reunía todo un conglomerado de muchachos, cuyas edades iban desde los
4 hasta los 52 años del propietario del inmueble, quien disfrutaba como
el que más, para ver “El circo con Valencia”, programa que
transmitía el canal 6 de la Televisión Cubana.
Nos apretábamos nerviosos y sudorosos, tras dejar guantes
y bates en el portal, a la entrada de la vivienda, después del consabido
pitén de pelota dominical en el solar yermo de enfrente, ante la pantalla
en blanco y negro de 19 pulgadas de un majestuoso Dumont, dentro de un mueble
de madera laqueado del alto y ancho de un archivo de cuatro gavetas, que era
lo más novedoso y caro de la época, y que hoy sería un
equipo de museo.
Era un programa que se realizaba en vivo, como todos en aquella
época y que contaba con la asistencia de público, fundamentalmente
niños y jóvenes en el estudio, donde participaban malabaristas
y trapecistas cubanos del Circo Montalvo, pulsadores, comecandelas, contorsionistas
y donde el plato fuerte eran los actos de prestidigitación de Mandrake
el Mago, siempre con su frac y su chistera negra y las esperadas actuaciones
de Gaby, Fofó y Miliki.
La algarabía era enorme cuando ellos salían a
la pista del circo, al preguntar al unísono, ¿cómo están
ustedes?, y todos respondíamos a todo pulmón, ¡Biennn¡,
como si el resonar de nuestras gargantas llevaran el mensaje desde Santos Suárez
al Vedado, donde estaban los estudios de la cadena CMQ, propietaria del canal
6 de la Televisión Cubana.
Con su vestimenta multicolor, sombreros de hongo y amplias
boinas adornando sus cabezas, pantalones anchos a media pantorrilla y aquellos
zapatones en blanco y negro, tan grandes como patas de ranas de submarinistas,
cantaban sus propias canciones, a la vez que bailaban, tocaban la guitarra,
el saxofón y la marimba para el disfrute de todos.
Se ganaron el corazón de los cubanos. Formaron parte
de esa herencia española-cubana o cubana-española, sangre en venas
mediante, que conformaron la nacionalidad cubana, y echaron raíces, hasta
que a fines de 1956, cuando “El circo con Valencia” cambió
su formato, el popular trío de payasos y excéntricos musicales
estuvo brindando sus actuaciones en Cuba, donde el gran Miliki encontró
el amor de la cubana Rita Álvarez Fernández, con quien se casó
y le acompañó en el periplo que hasta 1973 llevaron a cabo por
toda América antes de regresar a España.
En la Televisión Cubana surgió entonces “El
circo” con la actuación del viejito Chichí, un personaje
dulce, de voz ronca, que gustaba de cantar villancicos, a quien relevó
Edwin Fernández con su genial “Trompoloco”, en un programa
que duró hasta principios de la década de los años 70,
cuando el difícil, poco comprendido y menos respaldado arte circense
por parte de las autoridades gubernamentales cubanas, desapareció para
siempre del disfrute de los televidentes cubanos.
Para Emilio Aragón, Miliki,
quien paseó su arte por todo el mundo, gracias por hacer posible sueños
y fantasías de muchos niños cubanos, que en la distancia te recordamos.
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