Versión para Imprimir
Fantasmas en La Habana
José Alberto Álvarez Bravo
22 de noviembre de 2012
 La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Un joven esmirriado, típico representante del “hombre nuevo”,
tocó a la puerta de la vivienda de mi esposa, Lilia Castañer,
en el primer piso del edificio situado en el #104 de la calle J, en El Vedado,
el martes 18 de septiembre de 2012. Una gorra azul, un pullover con membrete
y un portafolio negro lo acreditaban como colector de datos para el Censo de
Población y Viviendas realizado por las autoridades a lo largo de la
isla.
Un amigo de la casa, Manuel Cuesta Morúa,
acudió al llamado:
-“Lilia, te buscan”.
Con la seriedad que corresponde a su investidura, el joven
recabó la colaboración de mi esposa para cumplir su cometido:
-“Mire, necesito me suministre los datos sobre los equipos
para el censo que Usted ya conoce”.
-“Lamento decirle que mi dignidad como persona ha sido
muy ultrajada por las personas que te enviaron a hacer esa labor, y por consiguiente
no estoy dispuesta a responderte ninguna pregunta; con todo respeto a tu persona,
pero en esta casa no nos prestamos para ese juego”.
Esto explica, en síntesis, por qué en la puerta
de nuestra vivienda no hay una pegatina donde se anuncia que la misma ha sido
censada; para esta conducta, aparentemente antisocial, tenemos fundadas razones:
desde que iniciamos nuestra vida como disidentes públicos, hemos sido
objetos de un acto de repudio, numerosas detenciones arbitrarias, allanamiento
del domicilio con expoliación de nuestras pertenencias, maltratos físicos
y morales, conculcación de nuestros derechos ciudadanos –como impedir
reunirnos en espacios públicos, denegar repuestas a nuestras quejas y
peticiones conforme al precepto constitucional, asediar nuestra vivienda con
agentes de la policía política–, por lo que habíamos
tomado la decisión de no colaborar con esta actividad gubernamental ni
con la farsa electorera en ciernes por estos días.
Otro elemento significativo tiene que ver con un artículo,
Ser ciudadano, publicado el 26 de mayo de 2011, en la página de opinión
del diario oficialista Juventud Rebelde, bajo la firma de Ricardo
Ronquillo Bello, donde el asalariado de la dictadura nos despoja de nuestro
status de ciudadanos, condición que según él, hay que “ganarse
o merecer”; conforme a su enjundioso criterio, “se puede ser un
simple habitante del país sin ser su ciudadano”.
Es improbable que seamos los únicos en Cuba en asumir
semejante actitud; es de suponer que otros –quizás muchos–,
en la sociedad civil, hayan adoptado igual conducta por similares motivos, pero
mientras nos enteramos podemos asegurar que con relación al Censo de
Población y Viviendas, dos fantasmas habitamos en “la capital de
todos los cubanos”.
|