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Las cartas de Ávila

Luis Cino Álvarez

21 de noviembre de 2012

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – Por estos días circulan por los correos electrónicos de Intranet, la versión castrista de Internet, sólo para algunos elegidos, varias cartas firmadas "revolucionariamente" por Alfredo Ávila Guillén, ex-actor del Grupo Teatro Político "Bertolt Brecht", que son pura chivatería.

Las cartas de Ávila, que son más bien los informes de un híbrido de inquisidor y comisario rojo, están dirigidas a Gisela González, presidenta del Consejo Nacional de las Artes Escénicas y al presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, Miguel Barnet. En ellas, se queja amargamente de varias obras teatrales demasiado audaces para su gusto, tan decente y revolucionario, que han estado en cartelera recientemente en La Habana.

Reminiscente del Decenio Gris, Ávila exige mano dura contra los retratistas. "Tenemos que salirles al paso cuanto antes", aúlla. "¿Hasta cuándo, compañera Gisela, hasta cuándo?", urge el chivatón.

"¿Es que las salas de teatro ahora van a transformarse en un conato de contrarrevolución donde reine la pornografía más cochina y desviada de la moral que estamos inculcando en la formación del hombre nuevo?", cuestiona el vejete ex-actor y las damas y caballeros de la Mesa Redonda palidecen de envidia ante la vehemencia de su celo ideológico y moral.

Alfredo Ávila se queja de que "una connotada contrarrevolucionaria" como Celia Cruz sea uno de los personajes de La Burundanga, una obra conjunta de Teatro de las Estaciones y Okantomí; de que Fernando Quiñones en la Sala El Sótano se burle de Lenin y enaltezca "a los gusanos que se fueron por Mariel" en detrimento de los dirigentes y los militantes del Partido que instigaban los mítines de repudio contra ellos.

Pero el que saca de quicio a Ávila es Carlos Díaz, el director del grupo teatral El Público, y no sólo porque al muy pacato compañero chivatón sus puestas en escena le evoquen los relajos del teatro Shanghai o los pellejos pornos, sino porque encima de eso, las túnicas color verde olivo, las botas rusas de los legionarios romanos y otros detallitos y bocadillos en la puesta en escena de Calígula las interpreta como "una evidente burla a las altas esferas del gobierno y del Partido de nuestro país y diría más, a las glorias insignes alcanzadas por la doctrina comunista en el mundo".

Lo único que parece aplacar un poco su indignación es que cree que la obra fue escrita por un alemán. ¡Qué coño va a saber el imbécil de Ávila quién fue Albert Camus o cuál era su nacionalidad! Ni falta que le hace para ponerlo en la lista de los autores subversivos que debían estar prohibidos.

Las cartas de Ávila debiesen ir con copia también a la dirección del periódico Granma, que por ahí van los tiros, cuando de cercenar se trata, da igual si es a cuentapropistas, arrendatarios de marabusales o teatristas...Basta con que se rasquen la sarna y empiecen a ladrar los perros del mayoral.

¿Habrán tenido que ver las quejas de Ávila con la escandalosa decisión del Consejo de las Artes Escénicas de poner fin a las funciones de la obra de Juan Carlos Cremata "La hijastra"?

Uno no puede menos que preocuparse, cuando lee las cartas de este esbirro que desde las lunetas dispara contra el escenario, las candilejas y los comisarios que no acaban de decidirse a cortar por lo sano con las tijeras de la censura, que eso es exactamente lo que pide Ávila. ¡Y con tales tipos todavía hay quienes piensan que el Decenio Gris es neblina del ayer!

luicino2012@gmail.com
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