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Mi opinión sobre otra opinión
José Alberto Álvarez Bravo
21 de noviembre de 2012
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Nadie tiene derecho a impedirle a otro emitir libremente su opinión.
Aun cuando esa opinión difiera de la suya.
Este es el caso en relación con la nota firmada por
José P. Zaragoza -me imagino que cubano-, radicado en la capital del
exilio, y que fuera publicada el viernes 16 de noviembre de 2012 en la página
Perspectiva de el Nuevo Herald.
En el primer párrafo el señor P. escribe: “La
asamblea general de la ONU aprobó esta semana una resolución pidiendo
que se levante el embargo que Estados Unidos tiene contra Cuba”.
Habíamos quedado en que no se puede atacar ni a la opinión
ni a la persona de otros, en este caso del señor P, pero sí tengo
derecho a solicitarle a este buen señor que me explique algunas cosas
que no entiendo o desconozco. Por ejemplo, eso del “embargo que Estados
Unidos tiene CONTRA CUBA”.
Quizás este cubano, residente “en las entrañas
del monstruo”, tenga la habilidad y paciencia suficientes para hacerme
entender –soy duro y corto de entendederas– que el embargo yanqui
es “contra Cuba”, y no contra los forajidos que secuestraron las
libertades de todo un pueblo convirtiendo a nuestra isla en el feudo Birán,
instalado a base de crímenes por “Don Ángel” y amplificado
a toda la geografía insular –con muchos mas crímenes–
por sus mafiosos descendientes.
Quizás el señor P me pueda explicar cómo
él hace para poder endilgarle el santo nombre de la patria de todos a
un grupúsculo de ancianos aferrado al poder absoluto con uñas
y dientes (postizos, casi seguro). Quisiera preguntarle al señor P cómo
él hace para legitimar a una pandilla de asesinos al punto de reconocerles
la representación de Cuba.
Señor P, ¿quién eligió a estos
esbirros para los cargos que detentan? Señor P, dígame que usted
no se ha enterado de los miles de fusilados por estos fulanos que para usted
tienen derecho a hablar en nombre de todos los cubanos. Señor P, dígame
que la muerte de cubanos en huelgas de hambre es responsabilidad del embargo
yanqui, porque tengo mis dudas. Señor P, dígame que el hundimiento
del remolcador “13 de Marzo” es un alevoso crimen del imperialismo
yanqui, porque no sé a quién atribuírselo. Señor
P, no se a quién responsabilizar por el cobarde asesinato de Laura Pollán,
Oswaldo Payá y Harold Cepero, y creo que usted pueda ayudarme. Señor
P, quizás usted pueda ayudarme a identificar a los culpables –porque
deben existir– de las brutales golpizas a mis amigos Antonio G Rodiles
y Ángel Santiesteban, así como a las Damas de Blanco de Oriente.
En otro orden de cosas, quizás el señor P tenga
el aplomo suficiente para decirme, con todas sus letras, que el embargo del
imperio del norte –donde él come, y caga- es el culpable de que
una mazorquita de maíz nos cueste tres pesos en esta Habana de sus nostalgias,
y donde recordar un bistec de res equivalga a tener “reminiscencias del
pasado”, mientras para los mandantes y sus secuaces es una cotidianeidad
presente.
Si ese simbólico embargo que tanto solivianta al señor
P –y que no les ha impedido a los delincuentes empoderados amasar fabulosas
fortunas–, es un ejemplo de bloqueo, cómo llamarle a un grupo de
esbirros parasitarios apostados todos los jueves, de la mañana a la noche,
en los bajos del edificio donde resido –J esq. Calzada, Vedado–
para impedir el acceso a los disidentes que vienen a dedicar un momento de especial
recordación a los cubanos desaparecidos.
Para no hacer demasiado largo este amasijo de palabras, voy
a destacar otra frase del amigo P: “para algunas cosas, se toma en consideración
a las Naciones Unidas y para otras bien gracias”. Aquí no me queda
claro de quién está hablando míster P, porque en eso de
usar a la ONU cuando les conviene no hay quien le quite la maestría a
sus adorados Castro Ruz. ¿Por qué no habla don P de la permanente
condena, en distintos foros internacionales, a su añorada “revolución”
por los sistemáticos crímenes contra los derechos del pueblo cubano?
Y que no hablen más mierda con los supuestos “logros” en
la educación y la asistencia médica, las cacareadas y desprestigiadas
vitrinas del régimen castrofascista.
La magia de la tecnología me dijo que voy por setecientas
doce palabras; ¡que lata! Sólo me resta –sin que haya agotado
mis argumentos– pedirles disculpas a P y a quienes tengan la paciencia
de leer este ladrillo, por la vulgaridad de recordarle que él caga donde
come, porque a fin de cuentas todos lo hacemos, aunque la diferencia está
en que cada uno debe hacerlo en su propia casa, y no –por simple decencia–
en la casa ajena. Si quiere combatir de verdad al imperio, que venga a empuñar
un AK 47 para arrebatarles a los gringos la Base de Guantánamo. Conmigo
que no cuente, lo mío es contra los traidores Castro Ruz y sus cómplices.
Para discrepar o coincidir, mis correos: 113dominexaudi932@gmail.com
desaparecidoscuba@gmail.com
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