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Continúan las violaciones
laborales
Ariel Lázaro Fernández González
8 de noviembre de 2012
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Vuelvo sobre el tema de las violaciones cometidas por las administraciones
estatales contra sus trabajadores, y es que está tan de moda el sancionar
a nuestros obreros por cualquier nimiedad que asusta oír el número
de medidas laborales que se imponen en este país por los que están
facultados según la ley, las cuales en más del 95% son apeladas
por los afectados.
Y no se trata de sancionar por sancionar, no se puede asumir
eso como una meta ni como un indicador de buen trabajo, muy al contrario, debería
ser un medidor de inacción y mala administración, porque cuando
una empresa marcha bien no hay necesidad de asumir posturas de fuerza y muchas
veces sobredimensionadas.
No creo que enviando un hombre, que por demás puede
ser el único sustento monetario de su familia, 30 días sin salario
para su hogar se resuelvan los problemas que quizás justa o injustamente
provocó. Habría que entrar en consideraciones de orden económico,
políticos e incluso sociales para poder entender qué sucedió
realmente y el porqué de las cosas.
Pero eso no está en la mente ni en el corazón
de los directivos cubanos, especialmente en los paraderos de ómnibus
que prestan el servicio al pueblo. Y es que se ha desatado desde hace ya bastante
tiempo una cacería de brujas que no parece tener fin con estos trabajadores,
que por supuesto no son unos santos.
Lo más preocupante de todo es que en el paradero Alberro,
y en muchos otros, la cordura no tiene una línea de parada. Hoy existen
más de 30 chóferes en el Alberro sancionados por actos que son
responsabilidad del Estado, como por ejemplo: la baja recaudación, el
cobrar directamente el pasaje a los usuarios o el exceso de velocidad ocasionado
por los atrasos.
Para nadie es un secreto que las personas se niegan rotundamente
a pagar una obligación social que sólo asciende a 0.40 centavos.
Unos porque no tienen realmente el dinero, otros porque ya ni en el Banco existen
monedas fraccionadas y otros porque se han acostumbrado a la indisciplina y
pasan como si fuera particular el ómnibus.
Entonces me pregunto cómo exigir una norma de dinero,
que en la mayoría de las ocasiones es altísima, cuando existe
tanta insensibilidad de parte de nosotros; cómo exigirle a un chofer
que circule lento cuando hace más de 2 horas no pasa esa ruta o cómo
garantizar una buena recaudación sin que el conductor plante su mano
en la alcancía.
Es cierto que muchas veces el dinero pasa de la mano hacia
el bolsillo y no va a la caja de depósito, pero la culpa no es de los
que trabajan sino del estado que no es capaz de garantizarles un salario acorde
con la labor que desempeñan y que les permita subsistir a él y
a su familia en una encarecida nación, o de crear los mecanismos para
que esto no ocurra.
Por supuesto es más fácil sancionar a los débiles, quitarles
el sustento familiar y en muchos casos incluso sacarlos definitivamente de su
puesto de trabajo, pero con eso no se resolverán los problemas, vendrán
otros que harán lo mismo o quizás peor. Las administraciones deben
lograr la estabilidad e imponer medidas disciplinarias cuando realmente existan
violaciones fuertes.
Claro ahora vendrán los defensores a ultranza del régimen
a patrocinar lo indefendible, dirán que es justo lo que se hace y que
están creadas las condiciones para que eso no ocurra, nada tan alejado
de la realidad que han querido tapar por muchos años. Simplemente la
realidad laboral de esos hombres es durísima y en vez de sanción
se debería premiar su consagración y dedicación a una profesión
rudísima.
E-mail: pres.solid242@gmail.com
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