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El bache de Sartre y Beauvoir y
la revolución cubana
Luis Cino Álvarez
6 de noviembre de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
En sus memorias, la escritora francesa Simone de Beauvior aseguró que
haber escuchado a Fidel Castro hablar en la Plaza de la Revolución ante
más de cinco mil cubanos, en 1960, fue una de las experiencias más
impactantes de su vida.
A su compañero sentimental de toda la vida, el filósofo
Jean-Paul Sastre, el viaje de cinco semanas a Cuba le motivó para escribir
dos libros, "Huracán sobre la caña de azúcar"
e Ideología y revolución", llenos de incoherencias e inexactitudes
históricas, donde se deshizo en elogios a Fidel Castro y su revolución.
En enero de 1960 Sartre y Beauvoir, se hallaban en el ensayo
de una obra teatral en París cuando los invitó a La Habana Carlos
Franqui, el director del periódico Revolución. Franqui no había
consultado la invitación con Fidel Castro, pero al Comandante le encantó
la idea de servir de anfitrión a los dos más importantes intelectuales
europeos de la época.
Beauviour y Sartre atravesaban un mal momento desde 1958. Hacía
dos años que no hacían el amor. Sartre prefería acostarse
con Michelle Vian, Wanda Kosakiewicz y Arlette Elkaim. Beauviour, que acababa
de cumplir 52 años, temía a la vejez y dormía mal si no
tomaba somníferos. Su relación amorosa con el novelista norteamericano
Nelson Algren empezaba a irse a pique y se esforzaba por convertir en amistad
su romance con Jacques Lanzman, el amante al que casi duplicaba la edad. Sartre
que bebía demasiado alcohol y tomaba coridrina para estimularse, atravesaba
un momento de frenesí productivo, pero desestimaba continuamente un trabajo
para saltar a otro. Por su oposición a la guerra de Argelia, el ambiente
en Francia les era bastante hostil a Sartre y Beauviour.
Así que el viaje a Cuba, con motivo de lo que Sartre
calificó como "la luna de miel de la revolución", sirvió
para sacar del bache a ambos escritores. Y hasta de afrodisíaco les sirvió,
porque volvieron a hacer el amor.
Sartre y Beauvoir recorrieron Cuba durante tres días
acompañados por el mismísimo Fidel Castro. Refiere la escritora
Hazel Rowley en su excelente libro "Sartre y Beauvoir" (Ramdom House
Mondadori, México, 2006): "Las fotografías de prensa distribuidas
por todo el mundo mostraban a Sartre y a Beauvoir junto a un joven y atractivo
Castro, mucho más alto que ambos; en una fotografía aparecían
surcando las aguas en una lancha motora, con Castro de pie junto a la hélice;
en una tercera, estaban sentados junto a Castro y el Che Guevara ataviados con
las pesadas botas de los revolucionarios, y los tres hombres fumaban gruesos
habanos."
Tocados con sobreros de guano, Sartre y Beauvoir asistieron
a los carnavales habaneros, al estreno de "La ramera respetuosa" y
a encuentros con intelectuales cubanos, a los cuales dejó atónitos
con su defensa del realismo socialista soviético.
El escritor y filósofo francés se deslumbró
con el desaliño y la inexperiencia política de Fidel Castro y
Che Guevara. Se dejó seducir por una revolución que desafiaba
a los Estados Unidos y balbuceaba mientras aprendía a discursar.
Sartre escuchó arrobado a Fidel Castro gritar en la
Plaza y a la multitud que respondía también a gritos. Le bastó
para suscribirse a la tesis de la democracia directa. Contaría años
después Carlos Franqui en su libro "Cuba, la revolución:
¿mito o realidad?" (Ediciones Península, Barcelona, 2006)
que durante una conversación en el periódico Revolución,
discutió con Sartre sobre la democracia directa y le explicó que
no era tal sino "un estado de ánimo pasajero que dependía
totalmente de Fidel Castro, que no tenía ninguna forma orgánica
ni estructural, que era puro teatro revolucionario y no funcionaba en la práctica
cotidiana". Pero Sartre sólo escuchaba los gritos de la Plaza y
repetía la letanía elogiosa de la democracia directa.
Jean Paul Sartre había estado en La Habana en 1949.
Cuando regresó 11 años después, confesó: "Esta
vez no he entendido nada". Pero eso no impidió que se dedicara a
opinar con entusiasmo y desenfado sobre la revolución de Fidel Castro.
Tales opiniones, viniendo del más importante filósofo de su época,
contribuyeron a cimentar el mito de la revolución cubana entre la intelectualidad
europea.
En enero de 1968, Sartre regresó a Cuba para asistir,
al Congreso Cultural de La Habana, que proclamaba acoger a "la vanguardia
cultural de la revolución mundial".
Respecto a su admiración por la revolución cubana, Sartre se mantuvo
en sus trece hasta que en 1971, a raíz del Caso Padilla, firmó,
con algunos de los principales intelectuales de Europa y América Latina,
una carta de protesta contra la represión a los intelectuales en Cuba.
Significó su ruptura con el castrismo, como mismo había roto antes,
luego de tantos años como camarada de viaje, con el estalinismo.
luicino2012@gmail.com
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