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Refrescando la memoria
Sección: Una isla perdida en el mar
Julio César Gálvez
3 de noviembre de 2012
Madrid, España – www.PayoLibre.com
– La expresión del rostro es el reflejo del alma, según
plantean sicólogos y sociólogos, es sacar al exterior lo que ocurre
en nuestro interior. Por eso al contemplar la grabación de la entrevista,
que diversos medios de prensa de La Florida, le hicieran al ex teniente coronel
del Ministerio del Interior de Cuba, Crescencio Marino
Rivero, se puede comprobar el odio que él siente por todo aquel
que no piense igual a él.
La forma altanera de responder a las preguntas de los periodistas;
la voz altisonante, como quien todavía grita impartiendo órdenes
a sus subalternos; el rostro airado al ser descubierto en su escondrijo; el
dedo acusatorio y prepotente, cuando sin el menor de los recatos asegura, “Hacía
14 años que estaba fuera del Minint y no le di importancia”, cuando
le cuestionaron la forma en que se lo calló cuando realizó los
trámites para viajar a los Estados Unidos.
Crescencio Marino Rivero y su
compañera, en Cuba no existen las esposas entre los comunistas y adictos
al régimen, Juana Ferrer, capitana del Minint,
llegaron a Miami el 28 de septiembre del 2010, donde se acogieron a la Ley de
Ajuste Cubano, y se instalaron en casa de una hija que reside en La Pequeña
Habana, en el cuarto viaje que realizaban a los Estados Unidos.
No es el primer represor, dirigente político o administrativo
o familiar de un miembro de la nomenklatura comunista de la isla que se instala
en Miami, mintiendo a los funcionarios estadounidenses y violando las leyes
migratorias de Estados Unidos. Todavía se recuerda el caso del enfermero
Eriberto Mederos, encargado de torturar, mediante
descargas eléctricas, a disidentes y opositores al régimen castrista,
en el pabellón “Carbó Serviat”, del Hospital Psiquiátrico
de La Habana, conocido popularmente como Mazorra.
Mederos falleció de cáncer en el año 2002
–mientras un tribunal de la ciudad analizaba su posible condena–
después de haber residido durante unos años en Miami tranquilamente.
Pedro Álvarez, quien fuera
director de la empresa Alimport, del Ministerio de Comercio Exterior y el eje
central de las negociaciones comerciales y compras de alimentos de Cuba a Estados
Unidos, reside en Tampa; una de las hijas del zar de la economía cubana
y ex ministro de Economía, Marino Murillo también vive en la citada
localidad floridana, y otros más que ocultos están a la espera
de que las aguas tomen su nivel en la isla.
Lo que resulta paradójico y preocupante ante casos como
estos es lo fácil que resulta ser burlada la Seguridad Nacional de la
nación más poderosa del mundo. ¿O es que los servicios
secretos de Estados Unidos están en decadencia? ¿O es un complot
acordado entre el régimen de La Habana y el todavía actual presidente
de Estados Unidos? Son muchas las interrogantes, y por supuesto, los temores.
Si en lugar de ser un torturador y represor de indefensos opositores al totalitarismo
cubano, que corre a esconder sus pecados ante la posible debacle del castrismo
fuera un miembro de una célula terrorista que tratara de atentar contra
el pueblo estadounidense, de seguro lograría su propósito ante
la falta de vigilancia y control, como viene ocurriendo en los casos antes señalados.
Más atrás en el tiempo, la Red
Avispa logró infiltrarse en bases de la Fuerza Aérea de
los Estados Unidos y en la organización humanitaria Hermanos al Rescate.
Ana Belén Montes, a quien el pueblo cubano
desconoce, llegó a penetrar la sección Cuba en el Pentágono
durante años y pasarle información al régimen castrista
sobre los planes militares de la Unión. Resultados, cinco espías
cubanos confesos y presos y una espía puertorriqueña confesa y
presa, a quien el régimen cubano “recompensaba” pagándole
4 millones de dólares anuales.
Pero lo más triste y doloroso de todo, cuatro hombres
inocentes asesinados por la tiranía castrista y cuatro familias rotas
y deshechas, por el “horrendo delito” de ayudar a salvar vidas de
balseros y náufragos en medio del Estrecho de la Florida que escapaban
de la isla maldita.
En la carta que escribiera Crescencio
Marino Rivero, y que fuera publicada en la prensa, se contradice. Primero
niega haber sido el Director de Cárceles y Prisiones en la provincia
de Villa Clara, después justifica su accionar al frente de las mismas,
y según sus palabras “teníamos la función de exigir
el cumplimiento de la ley y los reglamentos que organizan la ejecución
de las sanciones, no aplicar criterios personales sino los previstos en los
documentos rectores del sistema, no favorecer o privilegiar o endurecer la sanción
aplicada a ningún recluso”.
Niega haber vejado, ofendido y maltratado de palabras y de
obra a disidentes y opositores pacíficos, señala haber sido justo.
Poco le faltó para declararse “benefactor y protector” de
los presos, emulando con el Padre Las Casas en su defensa de los indios.
¿Pero como supo del video oculto que la Seguridad del
Estado Cubana le tomó a la madre de Orlando Zapata Tamayo,
y que la televisión cubana mostró, estando ella aún en
la isla, si hacía más de una década, según él
propio Rivero, estaba fuera del Ministerio del Interior?
Para Crescencio Marino Rivero todos
los que sacan a relucir su pasado de represor y servidor incondicional del totalitarismo
cubano son unos mentirosos, pero lo cierto es que violó la ley. Mintió,
porque “… es algo que no tiene importancia”.
Para remachar, se siente orgulloso de su pasado, de su militancia
en el Partido Comunista de Cuba, de lo cual “no tiene de que arrepentirse”.
Quienes sufren hace más de 50 años de una feroz tiranía
que se prolonga en el tiempo, que se ceba sobre los habitantes de una nación,
que se mantiene en el poder mediante la represión, el terror, el hambre
y la miseria, no pueden jamás olvidar los crímenes cometidos.
No está permitido cometer ese error. No es venganza, es justicia.
Tribunales imparciales serán los que deben juzgar a
quienes han apaleado, ultrajado, agredido, encarcelado, asesinado y fusilado
en nombre de la igualdad y el socialismo en Cuba.
Menos pensar que un país democrático y defensor
de las libertades individuales como Estados Unidos, donde el cumplimiento de
la ley está por encima de los hombres o los nombres, sirva para apañar
o esconder a quienes tienen deudas pendientes con la justicia como asesinos,
represores y violadores de los Derechos Humanos. ¿Será que algo
marcha mal? Por lo demás, piense, analice y saque usted sus propias conclusiones.
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