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Por quitarme esta paja
José Alberto Álvarez Bravo
2 de noviembre de 2012
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– José A Sieres financió, elaboró
y distribuyó en su área de residencia –La Corea– una
caldosa (o ajiaco) que terminó con arrestos y golpizas por parte de la
policía política.
En parte con esta idea sedimentada en el subconsciente, mas
las características propias de nuestro domicilio, decidimos confeccionar
un ajiaco (o caldosa) para facilitar las relaciones entre miembros de la sociedad
civil y mitigar la canina que padecen muchos de los disidentes sin nombradía
que a diario nos visitan.
Fiel a mi costumbre de escuchar los diversos puntos de vista
de las personas que más aprecio, di a conocer la idea a mis mejores amigos
del exilio cubano; con los objetivos de la confección del condumio no
encontramos ninguna objeción, pero sí con el nombre del nutritivo
y cubanísimo alimento. Un fuerte clamor desaprobatorio originó
el uso de un término al que se le atribuye la condición de representante
del régimen narcoterrorista de los Castro: caldosa.
Si la lucha que mantenemos al interior de Cuba fuera armada,
nosotros debiéramos portar, por ejemplo, M-16 ó AR-15, y los rojos,
AK-47; pero si uno de nuestros combatientes no tuviera el tipo de fusil que
le correspondería, y lo que tiene a mano es un AK-47, con ese mismo tendría
que dispararle al enemigo; vale decir, el tipo de arma no es lo esencial, sino
el uso que se le dé.
Cuando yo podía escuchar Radio Martí me gustaba
oír a un señor nombrado Celedonio González, quien empezaba
su Entre teque y teque con la satanizada palabra compañero; su argumento
era que esa palabra no es propiedad de los comunistas, y no había razón
de peso para despreciarla.
El término ajiaco debe despertar nostálgicas
remembranzas en mis hermanos exiliados de mi generación, pero nada les
dice a las actuales generaciones de cubanos de la isla. Coincido por completo
con las razones expuestas por mi querido hermano Aldo; esas razones son muy
válidas para él, para mí y para otros muchos hermanos exiliados,
pero hay que preguntarse cómo funciona para quienes oyen esa palabra
sin asociarla con algo familiar, con algo de su entorno inmediato.
A pesar de haberle dicho caldosa, no por eso nos libramos de
ocho secuestros por parte de los esbirros de la seguridad del estado; para ellos
no era un problema de palabras, su queja fue –según Tamayo–
por la cantidad de disidentes que se juntó en mi casa y por el rumor
de que haríamos una marcha por el malecón portando retratos de
cubanos desaparecidos. Los calabozos del régimen nada entienden de preciosismos
semánticos.
Creo, sinceramente, que hay bastante sorna en el uso, por nuestra
parte, de la misma palabra que el régimen ha permitido popularizarse.
Cutara o chancleta, pila o pluma, balde o cubo, lo importante es no tener los
pies en el piso, disponer de servicio de agua corriente y guardar una porción
del preciado líquido para los momentos de apuro.
La caldosa es un mísero remedo, una burda parodia del
ajiaco criollo, pero, en buena lid, es a lo que más podemos aspirar.
Me cuenta mi mujer que el ajiaco lleva costillas de res y falda real, ingredientes
que la mayor parte de la población de Cuba ni siquiera sabe que existen,
y por consiguiente imposibles de conseguir aunque despliegues todo el ESFUERZO,
VOLUNTAD Y DESEOS DE MORTIFICAR A LOS INVENTORES DE LA CALDOSA, como dice mi
querido Dionisio (a quien vemos casi a diario a través de los CDs A la
intemperie).
Me encanta la propuesta de mi querido hermano Aldo: AJIACO
CRIOLLO de confraternidad. Volvemos al punto; me encanta a mí, me parece
lo más atinado y conveniente a nuestra lucha, para mí es indiscutible
que ese debe ser el calificativo, pero (nunca falta un pero) ¿y los demás?
El otro punto es el financiero. La mayoría de la disidencia
–salvo las vacas sagradas– vivimos en la fuácata. Hay días
que al fondo para la ajiacosa no le entra ni un centavo, otros días cinco
pesitos (una mazorca de maíz puede costar tres, y otros tres una cabeza
de ajo, cinco una libra de malanga) y sería una falta de respeto al ajiaco
mencionar con ese nombre lo que logramos preparar; más bien debiera llamarse
boniatosa.
Vivir con los pies asentados en nuestra verdadera realidad nos dificulta, ahora
mismo, usar este apelativo, pero creo que no debemos enzarzarnos en una borrascosa
polémica de galgos y podencos por el nombre de un alimento que agrupa
a quienes desafiamos, en las entrañas del monstruo, la furia de los placatanes,
poniéndoles los pelos de punta a los ancianos de la dinastía biraní.
No obstante estos transitorios inconvenientes, pronto compartiremos
en Cuba Libre un sabroso AJIACO CRIOLLO de confraternidad, para dejar atrás,
de una vez y para siempre, la larga noche de la pesadilla totalitaria.
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