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Alerta
Sección: Una isla perdida en el mar
Julio César Gálvez
24 de julio de 2012
Madrid, España – www.PayoLibre.com
– Pasada la medianoche el timbre del teléfono me sobresaltó
y me hizo dejar a un lado el libro que tenía entre mis manos. La noticia
que me acababan de dar me impactó. Era algo inesperado aunque no impensado.
Todo estaba dentro del cálculo de las probabilidades. En más de
una ocasión lo habían amenazado de muerte, al igual que a muchos
otros hombres y mujeres disidentes destacados dentro de la isla.
Los hechos habían ocurrido casi a la hora del Ángelus.
Esos momentos en que el cielo se mezcla de tonos ascendentes y descendentes
entre el ocre, el negro, el oro brillante, el azul marino y el celeste, que
se van extendiendo en lontananza como una alfombra protectora, para descargar
sobre nosotros toda la energía positiva que nos llega desde las alturas
que nos permita acompañar nuestros sueños terrenales.
Volví a preguntar por los hechos que me acababan de
informar. Me reafirmaron la noticia.
La última vez que hablé frente a frente con él,
fue al finalizar una conferencia de prensa en casa de Elizardo Sánchez,
poco antes de los arrestos de la Primavera Negra del 2003. Conversamos de diversas
cosas en el poco tiempo del que ambos disponíamos. Como nos habíamos
conocido en 1968, cuando a bordo de un tren Carahata, camino de Camagüey,
custodiados por soldados y milicianos armados de metralletas checas y fusiles
R2, nos llevaron a campamentos de trabajo forzados de las Unidades Militares
de Ayuda a la Producción, UMAP, ya en fase de cambio de nombre pero no
de funciones. De los derroteros que la vida nos había impuesto y de los
sueños de futuro a los que aspirábamos. De cómo es el día
a día de quienes se enfrentan a los regímenes totalitarios e intransigentes
sin detenerse a pensar en los peligros personales que puedan acechar.
Oswaldo Payá Sardiñas estaba amenazado de muerte.
Recientemente su viejo VW, en que viajaba con su esposa Ofelia y su hijo varón
fue embestido en plena Calzada de Rancho Boyeros, del que salieron con vida,
a pesar de quedar con las cuatro gomas al aire.
Era uno de los líderes principales de la disidencia
contra el régimen totalitario dentro de Cuba. En los últimos tiempos
su discurso era más fuerte y contundente, incluso, hasta con las propias
autoridades eclesiásticas cubanas, que lo habían abandonado en
sus proyectos pacíficos y civilistas por la libertad y la democracia
para todos los cubanos.
Exigir a las autoridades cubanas una verdadera aclaración
de los lamentables hechos que costara la vida a Oswaldo Payá Sardiñas
y al joven Harold Cepero, es justo, necesario y legal, pero es como arar en
el mar conociendo la forma de actuar hipócrita y mentirosa de los gobernantes
cubanos. La investigación se demorará eterna en el tiempo favoreciendo
a quienes fraguaron la forma de eliminarlo.
Payá estorbaba, tanto para los planes de los generales
de la nomenclatura cubana, como para parte de la alta jerarquía de la
Iglesia Católica, quienes veían amenazados sus privilegios y sus
prebendas. Quizá estorbaba a ambos por igual.
Las contradicciones en las informaciones publicadas en la prensa
de todo el mundo acerca del supuesto accidente, sólo permite afirmar
la total falta de escrúpulos y respeto por la dignidad y los derechos
humanos de las personas, por parte del régimen de La Habana.
Ahora lo principal es proteger la vida del resto de los líderes
de la oposición interna dentro de Cuba. Ya el régimen pasó
de las largas condenas de prisión contra quienes no comparten criterios
a las amenazas directas, las golpizas en medio de la calle y al asesinato de
Estado a plena luz del día. Son los síntomas de los estertores
de la agonía de una dictadura que desfallece por día. Es el momento
de cerrar filas por encima de criterios personales o partidistas para acabar
con el oprobio y el horror. El pueblo cubano tiene la palabra.
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