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Los últimos estudiantes saharauíes
en la Isla de la Juventud
3 de julio de 2012
Luis Cino Álvarez
La
Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Desde la segunda mitad de los años 70, el internacionalismo cubano
también llegó hasta el Sahara Occidental.
Los nacionalistas del Frente Popular de Liberación de
Saguía el-Hamra y Río de Oro (POLISARIO), en su guerra contra
los ocupantes marroquíes, contaron con el apoyo de Cuba, que junto a
Argelia y Libia, les hacían llegar un copioso suministro de armas soviéticas,
principalmente fusiles Kalashnikov y lanzacohetes múltiples.
El Sahara Occidental fue una posesión colonial española
durante casi 90 años. En febrero de 1976, sólo unos meses después
de la Marcha Verde, ordenada por el rey marroquí Hassan II para anexarse
el Sahara Occidental, España cedió a Marruecos la soberanía
sobre ese territorio. Pero los marroquíes tuvieron que enfrentar la furiosa
resistencia del Frente POLISARIO, que había sido creado en 1973.
La guerra fue cruenta y larga. Sus principales víctimas
fueron millares de nómadas que habitaban los disputados territorios.
Sometidos a carencias y privaciones, se vieron atrapados en tierra de nadie
entre el fuego cruzado de dos enemigos despiadados. Por un lado, las tácticas
de tierra arrasada del ejército marroquí. Por el otro, los abusos
y rigores doctrinarios del Frente POLISARIO en los campos de refugiados.
De aquellos campamentos rodeados por alambradas y muros fortificados,
salieron hace más de 30 años los primeros niños y adolescentes
saharauíes de ambos sexos que fueron enviados a estudiar a Cuba. La mayor
parte eran huérfanos o hijos de prisioneros.
Fueron enviados a escuelas en el campo en la Isla de la Juventud
(antigua Isla de Pinos), donde estudiaban también muchachos de países
africanos. Allí, además del trabajo agrícola, el adoctrinamiento
político era una asignatura escolar, la más importante. Cuba quería
exportar el hombre nuevo que decía Che Guevara, también al Sahara.
Les inculcaron el amor a Fidel Castro y el odio al imperialismo,
los Estados Unidos e Israel. Les enseñaron que "el futuro pertenecía
por entero al socialismo". Intentaron hacerles olvidar sus creencias religiosas
y sus costumbres. En esto, la necesidad pudo más que el adoctrinamiento.
Cuando en días festivos servían carne de cerdo en el comedor,
tuvieron que violar los mandamientos del Corán y devorarla. Su magra
dieta no les permitía escoger.
Algunos que terminaron carreras universitarias, pasaron en
Cuba hasta 10 años. En ese tiempo no tuvieron el menor contacto –ni
siquiera por correo– con sus familiares, si los tenían. Su único
contacto con su tierra se limitó a alguna de las visitas a Cuba del líder
saharaui Mohamed Abdelazis o de alguna delegación del Frente POLISARIO.
Pero con ellos no se podía enviar mensajes ni averiguar por la familia.
Todo se limitaba a escuchar arengas y a corear consignas en actos políticos.
Hace una semana, vestidos con chilabas, entre consignas y banderas,
se graduaron de bachillerato los últimos catorce estudiantes saharauíes
que quedaban en la Isla de la Juventud. La depauperada economía cubana
ya no puede darse el lujo de ser tan solidaria como antes con los pueblos que
no tienen con qué reciprocar la solidaridad.
Los graduados hablan el español casi como los cubanos.
Algunos hasta dicen "asere" y aprendieron a bailar casino. Pero de
su tiempo en la isla se llevan escasos buenos recuerdos. Lo demás es
la memoria de una soledad inmensa y desoladora.
Desarraigados, entre añoranzas por sus familias y su
tierra, pasaron los años, perdieron la inocencia, se hicieron hombres
y mujeres.
Cuando regresen con sus diplomas a los campamentos del desierto,
la única diferencia que hallarán muchos de estos jóvenes
es que sus familiares ya no estarán. Tal vez les sea difícil incluso
encontrar a alguien a quien preguntar si todavía viven. En los campamentos
del desierto no se muere sólo de hambre o enfermedades. Y hay casos de
muertes y desapariciones de las que nadie quiere hablar.
Por lo demás, seguirán los muros, las alambradas,
la falta de agua, medicinas y alimentos. Y los rigores doctrinarios del Frente
POLISARIO, que pese a la tregua impuesta por la ONU hace más de veinte
años, no renuncia a la independencia, aunque tenga que volver a la guerra.
Y a mantener a los suyos en un puño. Pero se supone que los jóvenes
que estudiaron en Cuba estén preparados.
luicino2012@gmail.com
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