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Aniversario 163 de la bandera cubana
Juan Carlos Linares Balmaseda
17 de junio de 2012
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– A comienzos del año 1849 Narciso López de Urriola vivía
en la ciudad de Nueva York, en la calle Howard núm. 39, casi esquina
a Broadway. Con frecuencia visitaba la casa del poeta y dibujante Miguel Teurbe
Tolón, casado con Emilia, una cubana bellísima y entusiasta.
Una noche tomando café, López les comentó
a sus amigos: “La revolución necesita una bandera, yo no tuve tiempo
de salvar la que había hecho confeccionar en Trinidad (Cuba), la que
cayó en manos de los españoles…aquí, viendo el pabellón
de los Estados Unidos de América, se me ha ocurrido ciertas modificaciones
al proyecto original, y hoy he estado haciendo un croquis o modelo que quisiera
mostrarles…la dificultad está en cortar las telas y coserlas”.
A lo que Emilia Teurbe Tolón respondió: “yo haría
ese trabajo con gusto”.
Pocos días después se habían confeccionado
tres grandes banderas de seda. Una de ellas, la que ondeó por primera
vez en Cárdenas, el 19 de mayo de 1850.
La bandera cubana proyecta una novedosa creación artística
para su época, en el ámbito de la vexilología (rama moderna
de la heráldica). Su formato geométrico combina el simbolismo
de los números: 3, 5 y 7, con la interpretación de los ideales
de fraternidad, igualdad, libertad, belleza, pureza, fortaleza y heroísmo
de la Fraternidad Masónica Universal, a la cual perteneció Narciso
López.
Otra significativa influencia en el diseño del pabellón
vino del movimiento anexionista de entonces, del que López fue un puntal
prominente. La historia recoge documentos en el que el protomártir manifestó
entre sus partidarios que una vez alcanzada la independiente de España,
Cuba tendría dos caminos: integrarse a la unión americana, e insertarse
una estrella más al pabellón norteamericano; o, continuar el camino
de la independencia. Lo mismo que expondrían patriotas de renombre como
Jesús del Monte, Ignacio Agramontes, Carlos Manuel de Céspedes
y muchos otros.
Ignacio Agramante peleaba en 1868 con una escarapela zurcida
en una manga del brazo de su uniforme exhibiendo una bandera cubana y una norteamericana
entrelazada.
Durante la primera travesía que hiciera, en el vapor
Creole desde Nuevo Orleans a Cárdenas, la bandera cubana, ésta
y la norteamericana se izarían alternadamente para disimular, ante una
presencia de buques españoles, el carácter clandestino de la expedición
con más de 600 hombre compuestos por una minoría de cubanos, una
mayoría de norteamericanos, y otro tanto de húngaros, alemanes,
ingleses, españoles y hasta argentinos.
Bill Redding seria el abanderado tras el desembarco. El pabellón
recorrió las denominadas calles Pinillos, y torció a tomar la
calle Real de Isabel II hacia la Plaza de Armas. Tras los primeros disparos
le siguió un intenso tiroteo, con el amanecer la guarnición española
se rendía, marcando el primero de los triunfo en suelo patrio de la bandera.
El 11 de abril de 1869 de la Cámara Constituyente de
Guáimaro, en Sesión Pública celebrada, escogería
a la bandera del Narciso López para simbolizar la lucha insurreccional.
Y a pesar de que la generalidad de los libros que acopian los acontecimientos
originales en torno a la bandera son viejos y deteriorados (muy pocos en formato
digital), lo incuestionable recae en que los sucesos históricos conforman
la herencia popular.
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