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Eric Sandy Poll: otro preso muerto
bajo custodia del Estado
Juan Carlos Linares Balmaseda
14 de junio de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
El domingo pasado comencé este articulo así: ¿Quién
es (o era) Eric Sandy Poll Wilson? Escribí “era”
entre paréntesis, porque intuía que cuando el texto fuese publicado
Eric Sandy ya no pertenecería al reino de los vivos. Así ocurrió.
Este lunes 11 de junio, en horas del mediodía, fue confirmada
su muerte. Tenia 26 años, padecía de asma crónica, era
habanero y cumplía sentencia en La Empresita, una prisión ubicada
en la distante provincia de Camagüey, a donde había sido enviado
seguramente para hacerles más difícil las visitas a sus familiares,
castigo adicional que le gusta aplicar al gobierno, en un país donde
transportarse de un barrio a otro es una pesadilla y entre provincias, un verdadero
calvario.
Días antes de morir Eric le había
manifestado al re-educador (carcelero con mayor responsabilidad en velar por
la integridad de los presos que tiene a su cargo) que tenía asma, que
necesitaba asistencia médica. El re-educador lo que hizo fue decirle
al personal del servicio médico de la prisión que el reo fingía
una crisis, para pasar un tiempo hospitalizado y tomarse unas vacaciones fuera
del penal.
La jefa de los médicos, doctora María
Betancourt Cabeza, y la jefa de las enfermeras, Romelia
Álvarez Vega, al parecer estuvieron conformes con el “diagnóstico”
del re-educador Alexey Malledo Toledo. Pasaron
otros dos días, sin que Eric recibiera medicamentos.
Pero al tercer se hizo evidente que el “fingidor” se asfixiaba de
veras. Había caído en estado de coma.
Corrieron con él, inicialmente para el hospital Amalia
Simoni, después sería trasladado al Hospital Militar, y más
tarde, reportado de muy grave, nuevamente retornado para el Amalia Simoní.
Queda a las autoridades explicar el motivo de esos extraños trasladados
entre hospitales.
Otro dato interesante es que estando Eric Sandy
en terapia intensiva, vivo sólo por medios artificiales, el mismísimo
re-educador se personó en el hospital para entregar la carta de libertad
de Eric a Romilda Wilson, la madre, quien
viajó los más de 600 kilómetros que distancian La Habana
de Camagüey, para permanecer al lado del hijo. Al parecer, era importante
que Eric no muriera bajo custodia de las autoridades, sino
como un ciudadano libre.
El re-educador aprovechó el encuentro para lavarse las
manos, explicándole a Romilda que la culpa era de su
hijo, que “raspaba pintura de cal de las paredes del penal para inhalarla
y auto provocarse el asma”.
Pero hay otros detalles llamativos en este nuevo crimen, que
evidencian la culpabilidad por negligencia de las autoridades carcelarias en
esta nueva muerte de otro preso en custodia. Se sabe que un alto funcionario
de los servicios médicos de prisiones en Camagüey, un tal Juan
Carlos, se personó en La Empresita para regañar al personal
médico, calificándolo de irresponsable y haragán. También
resulta interesante el historial laboral del mencionado re-educador, que hacía
poco tiempo había cumplido una sanción de tres meses por haber
abandonado su turno de guardia en la TRT, una prisión para militares
infractores, sin haber sido degradado como 1er oficial, ni perdido su puesto
de re-educador.
El hecho, por haberse producido en Cuba, no tiene nada de extraordinario.
Eric es uno más que se suma a la siempre creciente lista de presos –comunes
y políticos– que han muerto en las prisiones de la Isla debido
a las dantescas condiciones carcelarias, la negligencia y desidia de los funcionarios
y la falta de atención médica. Muertes evitables que los funcionarios
carcelarios del todopoderoso Estado socialista, que se saben impunes y por encima
de la Ley, no se preocupan por evitar.
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