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La crisis siria y la libertad de
Cuba
Dr. Darsi Ferret
9 de junio de 2012
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Siria se acerca cada vez más a una situación de conflicto
nacional donde quedará seriamente comprometida la paz de toda la región
del Medio Oriente. Lamentablemente para ese pueblo, la intransigencia del gobernante
genocida Bashar Al Assad ha provocado que la resistencia armada contra el régimen
haya superado el protagonismo de la oposición pacífica inicial.
Una lucha sin cuartel se extiende ahora por todo el territorio de esa república
árabe. Y la creciente escalada de las acciones bélicas atrapan
en el medio a la población civil, la mayor resistente y la que más
pérdidas humanas y materiales está sufriendo.
Pese a este dantesco escenario, ya con 10 mil víctimas
mortales, 250 mil desplazados internos y más de 60 mil buscando refugio
en otros países fronterizos, es funesto el constante obstáculo
de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU para impedir una enérgica
intervención internacional que detenga las matanzas. En consecuencia,
el régimen sirio se ha sentido impune y hasta alentado a atacar a su
propia población con incrementado poder de fuego, y los civiles indefensos
sufren las atrocidades ejecutadas por el ejército y las fuerzas paramilitares.
La decisión de China y Rusia es motivada por un infantilismo
histórico que parecen no poder superar. El pasado imperial frustrado
de ambas naciones les da ínfulas de superpotencias a estos gigantones
con pies de barro. Las contradicciones internas en estas dos naciones son tan
desmesuradas y aun sin un empeño democrático de solución,
que sencillamente no las habilitan para jugar en las Ligas mayores de las superpotencias.
Por un lado, Rusia hace veinte años perdió la
oportunidad de emprender un verdadero proceso democrático y de Estado
de Derecho en el país. En lugar de ello, asumió la vieja herencia
imperial de un panrusismo trasnochado, ahora recargado de capitalismo estatal,
con una sumatoria de más de medio milenio de desastrosos resultados.
Sin embargo, parece llenar unas latentes ansias nacionales de poderío
e influencia geopolítica, aunque sólo se fundamentan en una enorme
extensión de territorio y el arsenal nuclear de la era soviética.
En realidad, en su desenvolvimiento económico Rusia continúa mostrando
profundos rasgos de un país subdesarrollado, exportando materias primas
e importando productos con valor agregado.
China también tiene una obsesión de pasado imperial
que no logra olvidar. Y tras impetuosos y sostenidos índices de prosperidad
económica en una fase novedosa de neototalitarismo se oculta una turbia
realidad surgida de la inmutable negación de la libertad a su pueblo.
Por eso este país asiático comienza a ser convulsionado por viejas
contradicciones internas dentro de su territorio, constantemente preteridas
y aun sin resolver.
En un embarazoso perfil donde se unen: un sistema colonial
interno como lo constituyen la musulmana provincia de Xinjiang y el convulso
Tíbet; un país dividido férreamente en tres regiones económicamente
disímiles; una política externa basada en sostenimiento de viejas
dictaduras (Corea del Norte, Birmania, Zimbawe, etc.), a cambio de beneficios
de inversión económica, consolidando un añejo sistema satelital
que ya no se corresponde con la actual evolución geopolítica mundial;
como eje central de este contradictorio contexto, todo ello controlado por un
partido totalitario que, pese a todas las renovaciones anunciadas, como tesis
ideológica fundamental, defiende la explotación de sus ciudadanos
como prerrequisito para llegar al inalcanzable mito de la sociedad comunista.
En la ONU, como resultado de una incongruente división
de poderes que se corresponde a los ganadores de un conflicto mundial de hace
más de 65 años y que no se ajusta a las realidades políticas
globales del presente, ambas naciones abusan de sus privilegiados puestos en
el Consejo de Seguridad. Al obstaculizar constantemente una acción internacional
para detener los crímenes de la dictadura siria contra su población,
Rusia y China intentan proyectar una imagen de grandes potencias con intereses
geopolíticos en la región. Esto resulta completamente inconsistente
con el verdadero peso de ambas en esa zona, y también con su capacidad
real para enfrentar los costos y las mayores responsabilidades que representan
garantizar la paz regional. Para desarrollar ese rol hace falta tener un verdadero
peso geopolítico en el área, como el de Estados Unidos y diversas
potencias de Europa Occidental. Pero China y Rusia no lo tienen.
Mas la peor consecuencia de esta práctica retrógrada
de hacer política apenas comienza a configurarse. De continuar teniendo
éxito con su bloqueo de decisiones al más alto nivel mundial para
impedir una determinada intervención militar con todo el poderío
de las superpotencias democráticas ante las crisis por las que optan
y optarán muchos pueblos actualmente sojuzgados si se les intenta impedir
el progreso, van a consolidar la tendencia conservadora de otros gobiernos autoritarios
y totalitarios para tratar de impedir los cambios hacia la libertad, la democracia
y el bienestar a los que la gran ola de la Globalización está
empujando. Eso significaría escaladas de violencia, conflictos regionales
y guerras fratricidas como las que ahora ensangrientan al hermano pueblo de
Siria.
El reciente ejemplo de lo ocurrido en Libia demuestra la validez
de la rápida y contundente respuesta de la comunidad internacional, mediando
a favor de los pueblos masacrados por regímenes criminales y perpetradores
de violaciones flagrantes de los derechos humanos. En esa ocasión la
abstención de Rusia y China permitió que los demás países
contaran con la autorización del Consejo de Derechos Humanos de la ONU,
para imponer una zona de exclusión que cambió el curso a las operaciones
de la guerra civil desatada en el país y finalmente contribuyó
a detener las matanzas de civiles y derrocar a la dictadura del ajusticiado
criminal Muammar el Gadafi.
Teniendo todo este escenario presente por las similitudes,
los cubanos deben estar muy atentos a la crisis que traerá la disolución
de la alianza con el presente gobierno de Venezuela. No hay milagros en la economía
y el tiempo no perdona los pasos titubeantes de una dictadura anacrónica.
Ante la ausencia de un padrino subvencionador incondicional como Hugo Chávez,
la escasez de combustible y ausencia de moneda dura suficiente pondrán
en precipitado plan de derrumbe la precaria economía totalitaria de la
isla. Renovados y tenebrosos Período Especial con Opción Cero
serían inaguantables para la simple supervivencia: Traerán como
consecuencia conflictos por el poder, crecientes protestas populares y renovados
intentos de fuga por la costa hacia cualquier parte.
Una situación así, ¿provocaría
una acción brutal de las fuerzas armadas y el ministerio del interior
contra la población? Y de actuar de esa manera, al igual que ahora con
Siria, ¿Rusia y China impedirían de cualquier modo con un tozudo
voto en contra que una intervención humanitaria de las fuerzas armadas
con mandato de la ONU y representando a la OEA, pusiera fin a una matanza nacional
de esa índole?
Los cubanos están convocados a sentir como suyo el posible
y terrible destino de la lucha que heroicamente ahora sostiene el pueblo sirio
para librarse de una casta explotadora y asesina. También son víctimas
y perviven sojuzgados por un grupo maleante, insensible con el creciente sufrimiento
de la empobrecida población. Se añora en el archipiélago
un cambio de sistema de gobierno pacífico, un tránsito prudente,
más firme y continuo hacia esa modernidad que pasa por el lado y es negada
desde hace más de medio siglo. Más de no ocurrir así, y
de optar el régimen por continuar explotando al pueblo de Cuba, también
corresponderá a la población lanzarse a la calle para quitarse
de encima la dictadura de los Castro. Estos gobernantes octogenarios, junto
a los Al Asad, Mugabe, Kim Song Un, y otros, representan lo más retrógrado
y criminal disfrazado de estadistas y salvadores de la Humanidad. Gobiernos
como los presentes en China y Rusia, aunque de modo disimulado, son sus viejos
aliados naturales.
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