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Esperando a Chita
Luis Cino Álvarez
24 de mayo de 2012
La Habana,
Cuba – www.PayoLibre.com –
Hace algo más de diez años, ante la arribazón a La Habana
de estrellas –con más o menos brillo– de las letras, la música
y el cine, el poeta Raúl Rivero advertía: "Todos vendrán,
hasta la mona Chita."
Hoy vemos como se cumple su profecía –es sabido
que los poetas tienen mucho también de profetas. Y no sólo porque
sigue la arribazón de la farándula, más o menos solidaria
y siempre atenta a arrimar la brasa a la fogata de su fama, sino porque ahora
también arriban, pero de forma más callada, los millonarios.
La Gran Duquesa de Luxemburgo –que es cubana, por cierto–
estuvo de vacaciones en La Habana. Visitó la casa donde nació,
se retrató en el Malecón y anduvo por las calles de la Habana
Vieja –me refiero al tinglado para turistas montado por Eusebio Leal,
no a la de los solares, los balcones apuntalados y los edificios en estática
milagrosa. Solo faltó que la Gran Duquesa hiciera una visita de cumplido
a la familia real de acá.
Probablemente, ganas no le faltaron, pero la realeza falta
de clase de por estos lares anda siempre muy atareada en mantener a flote a
su revolución. Pero seguramente le hicieron llegar el recado: "Será
un placer que se repita la visita". Y supongo que mientras más dinero
gaste y más propaganda favorable aporte, será más placentera.
Parece que la corrida de los millonarios no tiene para cuando
parar. Sorpréndase. También estuvo en Cuba recientemente Alfonso
Fanjul, descendiente de una de las familias más acaudaladas de la época
pre-revolucionaria y luego de 1959, del exilio.
Durante varias décadas, los Fanjul, anticastristas acérrimos,
contribuyeron con su dinero a hacer inamovible el embargo, pero ahora –tiempo
de milagros y maravillas- Alfonso Fanjul vino como integrante de una comisión
de la Brookings Institution –sí, aquella misma que empleó
alguna vez a Henry Kissinger- para verificar in situ la actualización
del modelo económico cubano. Y va y hasta le parecen OK los parches,
los Lineamientos y los timbiriches, y le da por invertir algunos de sus millones
en Cuba. Lo cual, si se tiene en cuenta los antecedentes de los Fanjul, tanto
cuando estaban en Cuba como luego en el exilio, no preocupará demasiado
a los mandarines de verde olivo, siempre tan dialécticos a la hora de
hacer negocios, pero respecto a los cubanos de a pie, que pondrán eventualmente
su mano de obra barata, es como para asustarse con los inversores con las fauces
abiertas que se nos vienen encima.
A los hermanos Fanjul, propietarios de Florida Crystal Sugar,
las organizaciones ambientalistas los acusan de la devastación causada
al ecosistema de los Everglades por el uso indiscriminado de fertilizantes.
Sus compañías en el estado de la Florida y en la República
Dominicana han sido denunciadas reiteradamente por violaciones de los derechos
de sus trabajadores.
Eso y más, en cuanto a contaminación y abusos
con los trabajadores sin derechos, podemos esperar en Cuba cuando los Fanjul,
barones del azúcar, se suban al tren de los cambios raulistas sin libertades
políticas que tan pragmáticamente propugnan Carlos Saladrigas
y ciertos empresarios cubano-americanos que hablan de reconciliación
nacional mientras sacan cuenta de sus futuras ganancias en dólares.
Ya casi siento chasquear el cuero de los mayorales en los cañaverales.
Luego nos dirán que hubo que hacerlo para meternos en cintura, indisciplinados
y vagos que nos volvió el comunismo. Que fue preciso para que volviera
a haber azúcar, y por tanto, hubiese país. Dirán que eso
también fue hacer patria. Y hasta tendremos que agradecer a los nuevos
manengues por su pacto con los mayimbes del castrismo revisado y corregido.
Ojala que a la hora de reclamar sus propiedades en Cuba, los
Fanjul sean tan conciliatorios y comprensivos con sus compatriotas más
humildes como lo han sido con el régimen que ayer los hizo huir de su
país. Cuando digo sus propiedades me refiero a las que aun existen. Con
los centrales convertidos en chatarra y las tierras cubiertas por el agua de
los embalses, no podrán hacer nada. Con respecto a las mansiones que
les confiscaron y que hoy ocupa la nueva clase, ya buscarán un arreglo
con sus nuevos dueños. Parece que los sinvergüenzas de ambos bandos
están dispuestos a todos los entendimientos posibles, siempre que haya
bastante dinero de por medio. Pero me temo que se pongan exigentes con los infelices
que moran hoy la tierra que le dio la reforma agraria o le arrendaron después
que se convirtieron en marabusales, o con los habitantes de las mansiones que
se convirtieron en cuarterías. Y capaz de que institucionalmente los
ayuden a echarlos a la calle, o al medio del camino real, no sin antes advertirles
que no se preocupen, que la revolución no los dejará abandonados.
Nosotros, los de abajo, seguimos a la espera del próximo
visitante. Hasta que venga Chita. Para ver como termina la película.
luicino2012@gmail.com
Fuente: Primavera
Digital
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