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Esfuerzo inútil
Jorge Olivera Castillo - Sindical Press
12 de marzo de 2010
La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com
– Gladys Bejerano llama a apretar las tuercas del rigor. Las sacudidas
del descontrol y la apatía aumentan las posibilidades de un derrumbe
total de la economía interna. Para evitar el colapso ya se preparan 4000
auditores.
Acabar con los desvíos de recursos, las crónicas
deficiencias en la contabilidad y el uso irracional de los presupuestos asignados
por los organismos del poder central, integran la extensa nómina de objetivos
a perseguir y liquidar en cientos de fábricas y empresas estatales.
Aunque se anuncia en la prensa oficial como algo novedoso,
el fenómeno pertenece a viejos asuntos para los que no se encuentra una
solución cimentada sobre los pilares de la eficiencia.
Tales persecuciones, bien por su intensidad y su duración,
podrían considerarse como parte indivisible del acervo cultural de la
nación cubana.
En los últimos 50 años de la historia nacional,
robarle al Estado ha sido una tarea común donde el policía asume
el papel de ladrón y viceversa. El asunto funciona como un juego de ilegalidades
que se origina y desarrolla a partir del centralismo y los excesos burocráticos
que permean el tejido económico y social del país.
La señora Bejerano, desde su cargo como contralora general
de la República, se empeña en detener un alud de costumbres perniciosas
que marcan el ritmo de la decadencia en términos de valores, políticas
y todo cuanto identifica al sistema construido desde 1ro de enero de 1959 hasta
la fecha.
La transfiguración de los alentadores postulados primigenios
en meras figuras retóricas, es una realidad que trasciende el marco de
lo conceptual.
Aquella idea de formar hombres moralmente íntegros,
dispuestos a cualquier sacrificio para salvar a la patria, educados, sobrios
e ideológicamente inmunes a las ideas contrarias al marxismo-leninismo,
quedó encerrada en la cárcel de las ilusiones.
En la actualidad Cuba es un feudo donde reina la anarquía.
El robo en las instancias estatales, así como el auge y consolidación
del mercado negro, es el lugar donde confluyen todos los cubanos, sin distinción
de sexo, religión, filiación política, nivel de escolaridad
o desempeño laboral.
La revolución que debería haber resuelto en más
de medio siglo todas las necesidades del pueblo, es en el siglo XXI sinónimo
de escasez, galopante corrupción administrativa, brutalidad policial,
ineficiencia, marcadas diferencias sociales, entre un rosario de hechos negativos
que lejos de atenuarse ganan mayores espacios.
El país navega sobre aguas turbulentas. Lamentablemente,
no aparece un buen timonel y para colmo la brújula marca el abismo como
si fuera el puerto más cercano.
La masiva graduación de auditores será otro ejercicio
baldío. Otro gasto inútil para tratar de arreglar algo que necesita
una urgente restitución.
Al final, el soborno termina imponiéndose por sobre
la ética. Algo lógico en un país donde el salario promedio
no sobrepasa los 20 dólares al mes y encima de eso es obligatorio aplaudir
los discursos que sustentan esas y otras aberraciones del poder absoluto.
La prensa oficial refleja, al pie de la letra, el optimismo
de sus patrocinadores. A la realidad le sobran puntas para desinflar esos globos
llenos de medias verdades, mentiras y vanos triunfalismos.
oliverajorge75@yahoo.com
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