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CAUSA Y CONSECUENCIAS
Jorge Olivera Castillo – Sindical Press
8 de julio de 2009
La Habana – www.PayoLibre.com
– Nunca fueron fiables las grandilocuentes cifras de graduados universitarios.
Digo esto, no tanto ateniéndome al detalle cuantitativo sino a la integralidad
académica de los alumnos que cada año concluyen sus estudios superiores
en las decenas de centros habilitados en toda Cuba con este fin.
Ahora suena la voz de alarma en los predios oficiales a causa
de los serios problemas ortográficos en abogados, médicos, científicos,
ingenieros en proceso de culminar sus carreras y también en los que desde
hace tiempo ponen en práctica lo aprendido en los 5 ó 6 años
dedicados al estudio de las respectivas materias.
Es decir, que miles de profesionales presentados por la propaganda
como logros del proceso revolucionario han sido, y son, simples instrumentos
para crear la ilusión de una extraordinaria labor educacional. En el
reverso de este aparente salto en pos de la excelencia se esconde un enorme
expediente de fracasos emanados del voluntarismo y otras maniobras que buscan
más que todo el impacto mediático y la legitimidad en términos
de alcances sociales con los cuáles presentarse como paradigma del tercer
mundo.
La ambigüedad de los planes en el sentido de equilibrar
la inversión de recursos y los resultados; y los bajos parámetros
a la hora de fiscalizar la implementación de las propuestas, son apenas
la punta del iceberg.
El problema a través de un largo recorrido entre las
sombras de la manipulación y la indiferencia, llega a un punto crítico
que nada ni nadie puede ocultar.
Personalmente he tenido la oportunidad de chocar con experiencias
que corroboran el descalabro en esta esfera. Lo que sucede, dada la recurrencia
de hechos realmente inconcebibles, merece el calificativo de pandemia.
He leído numerosos textos escritos por profesionales
de diversas especialidades sin poder adivinar el idioma utilizado y haciendo
piruetas interpretativas para conocer la naturaleza del argumento.
La masificación de la enseñanza ha llegado a
banalizar, relativizar, demeritar en vez de aportar valores y conocimientos
duraderos y que hubiesen servido para potenciar un real desarrollo en todas
esferas que intervienen en la estructuración de una sociedad moderna.
Ahora se pretende reparar con parches una estructura que requiere
de demolición. Incluir un examen ortográfico como requisito para
continuar o graduarse en alguna carrera universitaria aparte de constituir una
reacción tardía, es una evidencia de que lo que se pretendió
hacer quedó trunco, lejos de la gloria y la honorabilidad.
Literalmente en Cuba no existe el analfabeto, pero en la actualidad
tal condición no es sólo para quién no sepa leer ni escribir.
Mucho más si se saca un balance de las millonarias inversiones y los
pobres saldos obtenidos desde el masivo acceso a la educación comenzado
en los primeros años de la década del 60 del siglo XX.
El cubano habla mal, escribe pésimo y culturalmente
está con escasas posibilidades de ser considerado un ciudadano ilustrado
en el mejor sentido de la palabra.
En este ámbito, salvo excepciones, lo que impera es
la mediocridad y la apatía aunque se presuma lo contrario.
Éstas sólo son un par de consecuencias de una
causa fallida. Decenas de miles de universitarios no tendrán capacidad
para ejercer sus profesiones dentro de los límites de una sociedad competitiva.
Deberán recalificarse y comenzar a leer, con tesón, los manuales
de cuarto y quinto grado.
Desde la mesa de estudio esquivarán el contacto visual
con el diploma de graduado universitario, colgado en la pared, convertido en
un papelucho sin una pizca de relevancia. Otros quizás lo desguacen de
rabia por haber desperdiciado tanto tiempo a cambio de casi nada.
oliverajorge75@yahoo.com
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