Este portal es el eco del cubano que vive en la verdad.


Síntesis biográfica de Julio César Gálvez

Nació en La Habana el 22 de agosto de 1944. Desde muy joven fue atleta, entrenador y dirigente deportivo. Graduado como profesor de Educación Física en 1972. Se inició en el periodismo como corresponsal y narrador deportivo en 1975. Posteriormente trabaja en la radio como guionista, redactor y locutor y a pesar de una ascendente carrera en los medios oficiales en 2001 se separa y comienza a trabajar como periodista independiente colaborando para diferentes medios.
Está casado con la también periodista Beatriz del Carmen Pedroso.
Gálvez fue condenado a 15 años que está cumpliendo en el Centro Penitenciario Provincial de Villa Clara, Santa Clara, a 270 kilómetros de su familia que reside en Franco No. 10, apto 53 e/ Estrella y Carlos III, Centro Habana, Ciudad de La Habana.

Desterrado a España
Fecha de arribo: 13 de julio de 2010.


ARTICULOS:

Hospitalizados presos políticos
Periodista Independiente encarcelado padece de artrosis generalizada
Julio César Rodríguez, otra carta de triunfo
Preocupada esposa de prisionero de conciencia
Golpean a periodista independiente encarcelado
Continúa hospitalizado periodista independiente
Solamente sentirse humano
No conceden cambio de medida a prisioneros de conciencia
Intervienen quirúrgicamente a prisionero de conciencia
En malas condiciones de salud el periodista Julio César Gálvez Rodríguez
Mal trato a preso de conciencia cubano
La niña decapitada
Mejoran condiciones en celda de prisionero de conciencia
Primera comunicación telefónica de periodista independiente preso en cuatro meses

Causa # 14 : Documento de Sentencia

Hospitalizados presos políticos

LA HABANA, Cuba - 19 de agosto (José Antonio Fornaris, Cuba Verdad / www.cubanet.org) - Cuatro presos políticos, entre ellos tres periodistas encarcelados durante la ola represiva del año 2003, se encuentran ingresados en el hospital de la cárcel "Combinado del Este", en Ciudad de La Habana.

Beatriz del Carmen Pedroso dijo que cuando estuvo el pasado viernes visitando a su esposo, el periodista Julio César Gálvez, quien padece de artrosis generalizada y bronquitis, pudo conversar brevemente con los también periodistas José Luis García Paneque y Ricardo González Alfonso, y con el opositor pacífico Francisco Chaviano, también recluidos en el hospital de esa prisión.

Agregó Beatriz del Carmen que González Alfonso fue sometido recientemente a una operación de la vesícula y se encuentra en el hospital porque tiene varios puntos infectados. García Paneque está padeciendo de mala absorción intestinal, además de claustrofobia, y Chaviano, por su parte, padece de enfisema pulmonar.

Afirmó Pedroso que no obstante las penalidades de estos hombres, tres de ellos del conocido grupo de los 75 (Chaviano lleva once años en prisión), el estado de ánimo de los cuatro es magnífico.


Periodista Independiente encarcelado padece de artrosis generalizada
Por Ibrahín Dionisio Rodríguez / Cubanacán Press

14 de marzo de 2005

Caibarién – www.PayoLibre.com – El periodista independiente encarcelado Julio César Gálvez Rodríguez se encuentra con intensas dolencias en el sistema osteomuscular, debido a la artrosis generalizada que presenta.

Según Beatriz Pedroso León, esposa del reo de conciencia, también presenta agudización del hombro derecho e hipertensión arterial severa, así como hígado graso.

Julio César Gálvez quien se encuentra actualmente en el Combinado del Este, fue detenido el 19 de marzo del 2003 y condenado a 15 años de prisión en la Causa 14 de ese año de un tribunal de la capital del país donde reside.

Pedroso León solicitó a Reporteros sin Fronteras en Francia y a la Sociedad Interamericana de Prensa que intercedan ante el gobierno cubano para que liberen inmediatamente a su esposo, debido a su precario estado de salud.

Julio César Rodríguez, otra carta de triunfo
Juan Carlos Linares

LA HABANA, febrero 23 (www.cubanet.org) - Las presiones sobre el régimen disminuyeron. Simplemente bastó con que Fidel Castro pusiera en libertad extrapenal a 14 disidentes y periodistas independientes condenados a altísimas penas para que algunos gobiernos de Europa y América Latina cedieran en materia de derechos humanos, a pesar de los otros cientos de prisioneros políticos encerrados en las cárceles castristas.

Julio César Gálvez Rodríguez es una de esas cartas de triunfo barajadas por Castro con vistas a próximas crisis. Cumple una sentencia de 15 años, tiene 61, y aunque parezca reiterativa la denuncia, su salud física está deteriorada.

Padece Gálvez de hipertensión arterial desde el día en que fue detenido, hace casi dos años. En el último chequeo médico detectó que tenía el nivel de colesterol alto, así como el ácido úrico, y el 11 de marzo de 2004 tuvo que ser operado de urgencia por cálculos en la vesícula. Padece también de artrosis generalizada, con fuertes dolores en las vértebras cervicales, en el hombro derecho, las rodillas y la región lumbar. Y peor: no tiene tratamiento médico, pues sólo le han prometido que le darán atención de fisioterapia en los próximos días.

Gálvez pasó a la prensa independiente en 2001. Antes trabajó durante 20 años para la prensa oficial, primero en Isla de la Juventud (antigua Isla de Pinos) y después en la capital. Fue redactor deportivo, corresponsal, articulista, jefe de redacción y director de noticieros en prensa plana, radio y televisión. Tiene además una licenciatura en Deportes.

La Pendiente, en la provincia Villa Clara, fue la primera prisión que conoció como recluso, acusado de atentar contra la independencia nacional y la economía, aunque sólo se le probó que escribía para órganos informativos en el extranjero y que poseía libros.

En agosto de 2004 lo trasladaron para la prisión de Guanajay, en la provincia La Habana, y días después para el Combinado del Este. Ahí está todavía, junto a sancionados por tráfico de drogas y de personas, en el área especial del Edificio 2.

Recientemente el Pen Club de Gran Bretaña lo nombró miembro honorario y desde antes ya había sido reconocido por Reporteros Sin Fronteras.

Preocupada esposa de prisionero de conciencia

LA HABANA, febrero 8 (Roberto Santana Rodríguez / www.cubanet.org) - La periodista independiente Beatriz del Carmen Pedroso León mostró gran preocupación luego de visitar a su esposo, el también periodista Julio César Gálvez en la prisión capitalina Combinado del Este, cuando pudo apreciar el constante deterioro de la salud de Gálvez.

Beatriz dijo que Julio César tiene mucho dolor en la articulación del hombro, producto de la artrosis generalizada que padece. Es hipertenso y tiene hígado graso y descontrol en su ácido úrico y colesterol. Además, padece de pérdida creciente de la visión. Está pasando mucho frío, a pesar de la frazada, porque no le permiten usar pantalones largos. No le permitieron recibir un pantalón largo que le llevó su esposa

"Julio César, de 60 años, necesita con urgencia tratamiento de fisioterapia, la que nunca le han dado. Michel, el médico del penal, me dijo que no tenían fisioterapeuta. Sí existe el local, pero aún no ha sido inaugurado. Cuando le pregunté a un funcionario por qué no lo llevaban al hospital Allende o a la Dependiente para darle el tratamiento, me respondió que tenían problemas de transporte", expresó Beatriz.

Según el prisionero, este médico no desempeña a cabalidad su trabajo, es un irresponsable porque no lo atiende bien y no le da el resultado de los análisis, entre otras irregularidades.

Beatriz se encuentra en espera de la respuesta de las autoridades a la segunda petición de libertad para su esposo por licencia extrapenal, dado el empeoramiento de su salud física.

Julio César Gálvez fue arrestado en marzo de 2003, en la llamada Primavera de Cuba y condenado en abril a 15 años de cárcel.

Golpean a periodista independiente encarcelado

MANICARAGUA, 22 de julio (Amaury Pérez Delgado, Cubanacán Press / www.cubanet.org) - El prisionero de conciencia Julio César Gálvez informó en una carta sacada clandestinamente de la prisión La Pendiente de Villa Clara, que el pasado 9 de julio a las 2 y 30 de la tarde, después de cuatro meses en fase recuperatoria de una intervención quirúrgica y problemas de salud, su estancia en la sala de penados del Hospital Provincial Celestino Hernández de Santa Clara había llegado a su fin de forma drástica y precipitada.

Según la notificación, el reeducador que lo atiende, nombrado Germán, y el segundo jefe de La Pendiente, de apellido Sosa, se personaron en el lugar, le esposaron las manos a la espalda y premeditadamente le propinaron una contundente golpiza delante de siete pacientes allí hospitalizados y de un guardia de la sala nombrado Carlos, quien no hizo nada por impedir la maniobra.

Acto seguido fue trasladado para una celda tapiada de la prisión (de castigo), donde le retiraban el colchón a las 6 de la mañana y se le devolvían 12 horas después.

Más adelante relata en la epístola que el 14 de julio le realizaron un chequeo médico en la enfermería del penal donde le diagnosticaron un hematoma severo en la parte posterior del muslo izquierdo, daños en el hombro derecho y agudos dolores en los riñones, producto a los "piñazos" que le proporcionó el reeducador Germán.

Julio César Gálvez, de 59 años de edad, fue condenado a 15 años de privación de libertad en los juicios sumarios de la Primavera Negra de Cuba, ocurrida en marzo-abril del año 2003. A su arresto se desempeñaba como periodista independiente de la Agencia Cívica Cubana.

Continúa hospitalizado periodista independiente
Por Beatriz del Carmen Pedroso

28 de mayo de 2004

La Habana - www.PayoLibre.com - Continúa hospitalizado el periodista cubano Julio Cesar Gálvez Rodríguez, quien cumple una condena de 15 años en la Prisión Provincial de Villa Clara.

Gálvez fue internado en la sala de penados del hospital viejo de Villa Clara Celestino Hernández, desde el 26 de febrero del 2004. Intervenido quirúrgicamente de un cálculo bilial el 11 de marzo, su recuperación fue satisfactoria.

Producto de vivir casi un año en la humedad de la celda, padece una artrosis cervical crónica. La presión arterial se mantiene inestable, aquejado de hígado graso y ácido úrico alto.

Julio Cesar Gálvez, de 59 años de edad, trabajó para la prensa y la radio gubernamental por más de 20 años, a pesar de que faltaban 7 para su retiro, decide integrar la prensa independiente cubana el 12 de marzo del año 2001. Fue corresponsal en La Habana de las revistas Carta de Cuba, Encuentro en la Red y Cuba Nuestra entre otras.

Solamente sentirse humano
Por: Beatriz del Carmen Pedroso

18 de mayo de 2004

La Habana - www.PayoLibre.com - Era poco más de las siete de la noche cuando noté que algo no andaba bien. Ya habían chequeado mi equipaje y pagado la tasa de embarque. El aduanero de la entrada al salón de espera me miraba insistente, al mismo tiempo hacía varias llamadas telefónicas.

-¿Pasa algo? Le pregunté quitándome los espejuelos para que me viera como en la foto del pasaporte.

- No, nada señora, hay un pequeño error aquí. Pase al salón y siéntese por favor.

A través de los cristales de la amplia puerta podía observar como los pasajeros de un vuelo abordaban la nave. Generalmente cuando estoy demasiado tranquila es una mala señal en mi organismo, tal vez diferente a lo común. Nunca me pongo nerviosa al parecer, en situaciones difíciles, es un mecanismo de defensa que he adoptado al paso de los años gracias a la oración y al Reiqui. Pudo darme tiempo de sacar la mano no para decirle adiós a mi hijo, sino para decirle no te vayas aun por favor. Pasados 40 minutos, entre dos o tres personas retenidas por la aduana; unos por tabacos sin facturas, otras por pinturas, al fin fui atendida.

-"Disculpe las molestias señora". Me dijo el que estaba a cargo. "Usted no puede salir del país en estos momentos. Nosotros no tenemos nada en su contra, sus papeles están en regla. Usted sabrá las causas. No se moleste pero salga y recoja su equipaje. Tendremos mucho gusto en recibirla nuevamente".

Cuando salí de allí, muchas personas me miraban curiosas, sentía que un calor intenso subía a mi rostro al pedir mi equipaje de vuelta. Hay sucesos en el transcurso de nuestras vidas, que a pesar de prepararnos disciplinadamente, con todo el rigor que pueden requerir estudiar y practicar cualquiera de las artes marciales existentes, nos lastiman. Soy una mujer cubana como otra cualquiera. No soy joven. Estudié Artes Plásticas, Economía, Computación y luego Fotografía. Trabajé algunos años la contabilidad, no porque me gustara realmente, para luego regresar de nuevo a las artes plásticas. En el año 2001 pasé a la prensa independiente junto a mi actual esposo, condenado a 15 años de prisión en la provincia de Villa Clara.

Hasta el año 2000 mi vida había transcurrido en los últimos 11 años rodeada de plantas, cacharros de cerámica, esculturas, niños, ancianos y perros. En constante lucha por la subsistencia para mantener la familia y paliar un poco la escasés de los años 90.

Era una época en que la emigración cubana se hacía más latente. Era de esperar que yo no estaba menos preocupada que otras madres, de que un día, el menos pensado, dejaría de ver a mi familia.

Así fue, en el año 1998 llegó la separación. Mi hija y mis nietas gemelas, las princesas de la casa, se marcharon hacia los Estados Unidos de América detrás del sueño cubano. Tal vez muchas personas que lean estas líneas revivan momentos similares. En la terminal de Cubana número 2 y esperando un vuelo de Mexicana Internacional. Un hombre, comparte sus penas con el chofer de un taxi a través de un trago. Algunos ojos enrojecidos, manos temblorosas, risas irreales. Una mujer, reprimiendo sus deseos de llorar y sin poder explicarse a sí misma que sería de ahora en lo adelante.

A partir de ese día nuestro mundo cambió. La alegría de la casa solo llegaba por medio de ´mulas´, o cada tres o cuatro meses una llamada telefónica.

La península de la Florida tiene un vínculo se sangre con los cubanos, pero eso es otra historia como diría Isabel Allende. Tampa, tiene un enorme significado para todos los que vivimos en La Mayor de Las Antillas. En Tampa nació mi tercer nieto rodeado de algunas dificultades. Dos veces mi hija estuvo a punto de morir, ¿consuelo? , la oración de una madre.

Vivimos en una isla rodeada de agua por todas partes.

Como si todo fuese poco, Rolandito no es un bebe normal, tiene cuatro años y aun no habla, se pierde por los caminos de galaxias desconocidas, es autista.

Aun así, la situación empeoró para mi familia, mi hija se separa definitivamente del padre del niño y marcha hacia Oregón buscando un mejor horizonte. Teníamos proyectos de reencontrarnos por medio de una visita pero esto, y los encarcelamientos del 19 de marzo del 2003 detuvieron el proyecto.

A casi un año de este acontecimiento, me pide que trate de hacer una visita a los Estados Unidos para que la ayude con los chicos, sobre todo con Roly. Tenía la oportunidad que en abril asistiría a una escuela que le facilitaría un buen empleo como profesora y así mejorar económicamente. El gobierno norteamericano me concedió una visa humanitaria en octubre y el 11 de marzo del 2004, el Departamento Cubano de Emigración me concede el permiso de salida temporal.

Hasta allí todo parecía marchar sobre ruedas, muchos me alentaban diciéndome que no había motivos para alarmarse, otros me hacían asentar los pies sobre la tierra con las realidades más crudas. Al menos yo estaba preparada.

Ese viernes 16 de abril, día en que no me fui en el vuelo 2985, mi familia y yo abordamos un taxi, gracias al chofer no pude asimilar mi pena. El nos contaba de como su hijo había perdido la mano echándole aire a una goma de un camión, le daba gracias a Dios no haberlo perdido para siempre.

El lunes 19, fui al Departamento de Emigración, allí me explicaron que no existía nada por parte de ese Ministerio contra mi salida. Eran otras razones, las cuales yo debía conocer.

Cómo mi estatus social de periodista independiente me hace ser diferente a los demás habitantes de mi país, el martes 20 me dirigí al Departamento de La Seguridad del Estado, ¿dónde si no?

El oficial que me atendió no tenía las instrucciones para responder interrogantes.

Después de esperar algún tiempo me explicó escuetamente que debía volver el miércoles a las 2 de la tarde, otra persona sería quién se haría cargo.

El miércoles para mi sorpresa no fue otra persona, era el mismo oficial del día anterior quien me atendió. El capitán Evelio dijo llamarse.

¿Cuáles serían los serios motivos que me impedían acudir al auxilio de mi familia?. Me preguntaba.

"Usted sabe Beatriz que nuestro país está atravesando momentos difíciles. Al llegar a los Estados Unidos de América usted será manipulada y eso no le conviene a nuestro pueblo."

No será necesario repetir palabra por palabra de todo un discurso preparado para una decisión tan severa.

Allí salieron a relucir mis "vínculos" con la revista Carta de Cuba, con Acción Democrática, con el Grupo de Apoyo a la Disidencia Interna, Reporteros sin Fronteras, Plantados por la Libertad, Cubanuestra, CADAL, mis visitas a la Oficina de Intereses Norteamericana y otras relaciones con organizaciones; sin olvidar mencionarme los nombres de mis colegas también periodistas independientes que me visitan.

Para los que no me conocen soy una persona muy cuidadosa al expresarme, soy una mujer pacífica.

Escribo sobre sociedad y cultura casi desde que entre a la Prensa Independiente, son mis temas preferidos. Tengo una biblioteca independiente llamada Jesús Díaz, la cual presta libros de diferentes temáticas y ayuda con materiales didácticos.

Los "vínculos" con todas estas organizaciones son de carácter humanitario.

Internacionalmente recibo junto a otras esposas de presos ayuda de muchas partes, debido a nuestras necesidades económicas.

¿Podría hacer daño a mi pueblo semejante proceder?

Jamás me pasaría por la mente dañar a los habitantes de mi tierra que ya han sufrido y sufren demasiado.

Mientras el tiempo transcurre y la negativa de viaje persiste, la visa norteamericana expira el 2 de mayo. La impotencia me consume, no puedo visitar a mi hija y nietos que hace más de 6 años no veo y están en apuros. Insisto en mi salida temporal, no acudiré a una salida definitiva por refugiados políticos como quisieran. No puedo abandonar a mi esposo que sufre prisión además de estar enfermo. Solo pido no nos nieguen el derecho de sentirnos humanos.

Beatriz del Carmen Pedroso es esposa del preso político y de conciencia Julio Cesar Gálvez Rodríguez, quien cumple una condena de 15 años de prisión en Villa Clara por ejercer el periodismo libre.

Intervienen quirúrgicamente a prisionero de conciencia

SANTA CLARA, 16 de marzo (Tomás González-Coya / www.cubanet.org) - El prisionero de conciencia Julio César Gálvez Rodríguez fue sometido el pasado 11 de marzo a una intervención quirúrgica en el hospital provincial Celestino Hernández Robau, en esta ciudad, capital de la provincia Villa Clara.

La decisión fue tomada por los facultativos, luego de habérsele efectuado un chequeo general, sugerido por las constantes irregularidades que presentaba en su presión arterial, y mediante el cual se le detectó un cálculo en la vesícula.

Según el informe ofrecido por el médico que lo atiende, la intervención se realizó por mínimo acceso, mediante rayo láser. Su estado, según la información del galeno, es satisfactorio.

La periodista independiente Beatriz del Carmen Pedroso, esposa de Gálvez, se ha trasladado desde La Habana hasta esta ciudad para solicitar de las autoridades que le sea permitido visitar a su esposo en la sala de penados del referido centro asistencial

Julio César Gálvez Rodríguez fue condenado a 15 años de prisión en los procesos sumarios contra 75 periodistas independientes y disidentes cubanos en abril de 2003.

En malas condiciones de salud el periodista Julio César Gálvez Rodríguez

NUEVA GERONA, 8 de marzo (Carlos Serpa Maceira, UPECI / www.cubanet.org) - El periodista independiente y prisionero de conciencia Julio César Gálvez Rodríguez, condenado a 15 años de privación de libertad y confinado en la prisión villaclareña La Pendiente, en la región central de la Isla, fue hospitalizado debido a las malas condiciones de salud en que se encuentra.

Gálvez Rodríguez fue ingresado en la sala de penados del hospital Celestino Hernández Robau, en la ciudad de Santa Clara, capital provincial, por presentar una severa hipertensión arterial y cálculos renales, según manifestó el opositor Tomás González Coya, presidente del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano.

Con anterioridad a la hospitalización, al reportero le habían realizado análisis de sangre, orina y heces fecales. Julio César Gálvez Rodríguez, quien se desempeñaba como corresponsal en la Isla de la publicación independiente Cartas de Cuba, es uno de los 75 cubanos víctimas de la ola represiva desatada por el gobierno de Fidel Castro en marzo de 2003.

Gálvez fue apadrinado por el diputado francés Guy Drut (UMP Seine-et-Marne), como parte de la campaña "Apadrina a un preso político cubano", lanzada en junio de 2002 por el colectivo Solidaridad Cuba Libre, con sede en París; actividad en la que participan setenta diputados y senadores galos.

Mal trato a preso de conciencia cubano
Por Beatriz del Carmen Pedroso

30 de octubre de 2003

El periodista independiente cubano Julio Cesar Gálvez Rodríguez condenado a 15 años de prisión comunicó a su esposa el mal trato de que está siendo objeto al ser sacado al sol pasada la una de la tarde para que todo el sol del mediodía lo castigue.

"Después de una reunión que hubo en el penal ya el trato hacia nosotros es diferente. La comida empeora por día y a mi particularmente me están sacando al sol en horas de la tarde a pesar de que siempre estoy con la presión alta, ya soy un hombre hipertenso. Lo he comunicado a la doctora del penal, que eso me está haciendo daño, a lo que ella alega que tengo razón pero que es asunto de los guardias. Ayer me vinieron a buscar a la una de la tarde, le pregunté al jefe de destacamento si le gustaría salir al sol acabado de almorzar, y se me echó a reír, dio media vuelta y se fue. Parece ser que nos quieren apretar las clavijas mucho más para que explotemos violentamente", escribió a Beatriz del Carmen su esposa y colega.

Gálvez de 59 años ha seguido escribiendo en el penal y se propone hacer un libro sobre las vivencias que atraviesan día a día aquellos hombres que sufren presidio en Cuba. El pasado mes de septiembre fue publicada una de sus crónicas ´´Alas en mi celda´´en el suplemento El periodista de la Feria Internacional de Suecia, uno de los eventos culturales y de derechos humanos más importantes de los países nórdicos.

En horas de la mañana el también preso de conciencia Héctor Maseda Gutiérrez aprovechó el día de su llamada a la familia para comunicarle a los familiares del periodista la situación que presenta en estos momentos.

Julio Cesar Gálvez Rodríguez trabajó en la prensa y la radio gubernamental por más de 20 años pasando a la prensa independiente en marzo del 2001. Al momento de su detención el 18 de marzo del 2003 colaboraba para los órganos de prensa Carta de Cuba, Encuentro en la red, Cuba Nuestra de Suecia y otras.

Esta noticia fue recibida desde Cuba por M.A.R. POR CUBA el día 30 de octubre de 2003

La niña decapitada

PRISIÓN DE SANTA CLARA, noviembre (www.cubanet.org) - "La policía tuvo la culpa, se abalanzaron sobre mí desaforadamente. Como siete guardias me golpearon y me sacaron esposado de la casa delante de todos los vecinos. Dicen que yo me quería escapar saltando el muro que divide mi casa con la de al lado. ¡Eso es mentira! ¡Mienten! ¡Todos mienten! Fíjate bien, 'político', el borde del muro está lleno de picos y fondos de botellas rotas, están incrustadas en el cemento, quien se atreva a brincar se corta las gandingas en el intento".

El hombre paró un momento como tomando aliento, se atraganta, busca en la memoria, repasa los detalles uno por uno, todo en él bulle, es como un volcán a punto de soltar lava ardiente. Un ligero escalofrío me recorre la espina dorsal. Podía ver la sombra reflejada contra la pared blanquecina pintada de cal, está frente a la reja que sirve de puerta. La luz del bombillo de su celda mostraba una figura corpulenta, cuello grueso y cabeza grande casi rapada. Sé que tiene la piel blanca, hace casi medio año no coge sol. Quiere evadir los gritos de los otros reos. Le gritan ofensas, le amenazan de muerte, aunque de todas formas la muerte le ronda constantemente.

En la actualidad pesa 95 kilogramos, dicen los que lo vieron llegar que un año atrás pesaba 65 kilos solamente, él mismo lo reafirma. "Yo trabajaba día y noche como un mulo", prosigue. Sé que se dirige a mí, pero da la impresión de que habla consigo mismo.

"¡Ella no lo entendía! Yo soy carpintero, y de los buenos. Lo mismo te hago un juego de cuarto que uno de sala o de comedor".

"¿Cuánto cobrabas por un escaparate?", le interrumpo casi sin darme cuenta. El subconsciente me traiciona, tal vez no estoy realmente preparado para escuchar semejante historia, siento pavor.

"Mira, político, por un escaparate de tres puertas y dos gavetas centrales, cobraba dos mil pesos; claro, me tenían que traer la madera, bien seca y curada para que no se jorobe o le entren los bichos, tiene que ser madera dura". Estaba sedado, con deseos de hablar. Diariamente toma dos tabletas de Fernobarbital de 100 miligramos, dos Diazepan y dos Amitrictilina.

Prácticamente se endroga, pues eso bastaría para hacer dormir a un caballo durante tres días. Duerme de madrugada y casi toda la mañana. Escucho sus fuertes ronquidos. Se tumba en la parte baja de la litera por las tardes después del sancocho que nos dan. Lee la Biblia durante horas y horas, es el único preso que duerme abajo debido a su peso corporal.

Miro y noto que el cielo estaba oscuro por completo a pesar de que aun no eran las 8 de la noche, lo sé porque no había escuchado la música del noticiero de la televisión que los presos comunes tienen derecho a ver. Aunque estamos a comienzos de julio y el cambio de horario hace que oscurezca más tarde, hoy la noche cayó rápido y las farolas del penal estaban encendidas. Las podía distinguir a través de los pequeños espacios abiertos en la pared frente a las rejas de mi celda.

Murmullos de voces cercanas llegan hasta nosotros, son los hombres que conversan en los pasillos laterales de los destacamentos uno y cinco. Después de un corto silencio, resonó de nuevo la potente voz de Ramón, mi interlocutor y ocupante de la celda cinco, la penúltima, contigua a la mía.

"¡No sé… no sé…! ¿Cómo pudo suceder? ¡Fue horrible…! Yo no lo pude hacer, 'político', tienes que creerme, alguien tiene que creerme. Fue el mismísimo Diablo quien lo hizo".

El corto pasillo que ocupan las seis celdas en solitario de máxima seguridad del penal está iluminado por una luz amarillenta y lóbrega que se proyecta sobre el piso de granito El silencio de nuevo se apresa de nosotros, un silencio conspirado. Ya el pasillero nos trajo la comida. Al parecer todos leen en la parte de arriba de sus literas. Sólo Ramón y yo estamos de pie ante los gruesos barrotes medievales.

"No te escuché bien", le respondo, a pesar de haberlo escuchado perfectamente.

"¡Que no sé cómo pudo suceder! ¿No me entiendes? Repitió, esta vez con desesperación. Era como si tuviese prisa por contarme. Se notaba cierta tristeza en su voz. Tenía muchos deseos de hablar, de sacar todo lo sórdido que llevaba por dentro. Era raro que quisiera conversar de sus cosas, y menos conmigo. Era un hombre callado, extremadamente reservado, apenas hablaba. Nosotros lo hacemos a gritos para podernos comunicar unos con otros. El estaba más solo que nadie.

Esa noche oscureció temprano y Ramón tenía deseos de hablar, y yo era el elegido. Sabiendo de antemano lo terrible del relato, haciendo un gran esfuerzo, me dispuse a escucharlo con la mayor atención, aunque sabía que el insomnio se apoderaría de mi cuerpo y de mi mente.

"Político, yo me levantaba todos los días a las seis de la mañana. Desayunaba y abría la puerta de la calle. Tenía una 'ponchera' en casa, me dedicaba a coger ponches de motos, bicicletas, de autos y de camiones. Enderezaba rayos de bicicletas, además de los trabajos de carpintería. Esos los terminaba en dos o tres días, soy rápido con la sierra. Lo preparaba todo con anterioridad, cortaba y después sólo quedaba armar. Casi siempre almorzaba de pie y con el último bocado me fajaba nuevamente".

Mientras Ramón hablaba, noté la sombra de Bárbaro, ocupante de la celda contigua a la de Ramón, proyectada en la pared. Podría jurar que los hombres de las tres restantes celdas escuchaban las confesiones de aquel desdichado, con no menos pavor que yo./ "Amalia y yo discutíamos en ocasiones, es cierto. Pero yo hice mi casa a pulmón partido, trabajando duro. Estoy acostumbrado, el trabajo no mata al hombre, todo lo contrario, robustece y forma el carácter. Comencé a trabajar cuando sólo tenía 14 años, y ahora tengo 39. Yo mismo levanté las paredes una a una. Puse los azulejos del baño y de la cocina. Construí una cisterna para que no faltara el agua en la casa. Poquito a poco fui acomodando mi hogar. Pensaba sólo en que a mi hijo no le faltara nada cuando yo dejara de existir".

Ramón hablaba y hablaba sin parar. En los 45 días que llevo encerrado en este lugar lo veía siempre acostado en su litera. No tomaba el sol, sólo en dos ocasiones lo vi aprovechar la hora de la solera. Nos sacan en una jaula, donde nos introducen como si fuésemos animales peligrosos, nos sacan esposados.

"Ese día preparé como siempre las condiciones para buscar a Amalia en casa de su madre. Últimamente prefería estar allá que en nuestra casa. Antes fui al mercado, compré 40 libras de arroz y 10 libras de frijoles entre judías, negros y colorados. Compré grasa y carne de puerco y de carnero para los niños. Lo llevé todo para la casa y salí nuevamente en busca de mi mujer. Allí me encontré con ella, conversaba con su madre. Me dijo que no quería regresar, que nunca más lo haría, que estaba aburrida y cansada de todo y de mí. Traté de convencerla pero fue inútil. Entonces tomé a mi hijo de la mano y a la nietecita de Amalia. Serían alrededor de las doce del día, yo acostumbraba a pasearlos y los llevé a comer pizza. Luego regresé a la casa con los dos. Como a la media hora de estar en casa con los niños, llegó el yerno de mi esposa, venía a buscarlos, me habló en forma descompuesta, le dije que se llevara a mi hijo, pero que la niña la tenía que buscar Amalia. El protestó, lo saqué de la casa a la fuerza junto con mi hijo, y de un tirón cerré la puerta. Yo le gritaba que se fuera y que le dijera a mi mujer que viniera por la niña. Así lo hizo, y al rato ya la policía estaba en mi casa.

"¡Me asusté! Ellos entraron a la fuerza, gritando como locos, rompieron las puertas, la de la calle y la del patio. La niña estaba acostada en la cuna, no se asustó, dormía tranquilita, sin cabeza. No recuerdo cómo ocurrió, veo destellos borrosos delante de mí, es como un enorme velo. Mis recuerdos son turbios, imprecisos, van y vienen sin darme explicaciones.

"¡No sé, no sé cómo pudo sucederme esto a mí! ¿Puedes creerme, político?"

Quedé petrificado como de piedra, no podía respirar. Los músculos de mi cara estaban contraídos, creo que él lo percibió a través del silencio. Sentí cómo se alejaba de las rejas de su celda poco a poco. Yo y los demás quedamos de pie largo rato. Caminé unos pasos y me tendí de rodillas ante la litera, oré y le pedí a Dios me diera fuerzas para soportar lo que había escuchado. Luego me acosté en mi duro lecho y una paz se apoderó de mí. Cerré los ojos y me quedé profundamente dormido. Al despertar le di gracias a Jesús por estar allí condenado a 15 años de prisión sólo por decir lo que siento.

La familia de Ramón está consternada. Los vecinos, amigos y todos aquéllos que lo conocen no pueden concebir que este hombre haya sido capaz de crimen semejante. Dicen que fue una persona apacible, servicial y trabajadora.

Lo sometieron a juicio y fue condenado en primera instancia a la pena capital. Los médicos determinaron trastornos psiquiátricos. Estuvo recluido tres meses en una institución hospitalaria, sometido a intensos tratamientos. Sus padres solicitaron un perdón de madre para que sea revisada la causa y no sea ejecutado. La sangre redime y perdona.

Cuando la policía entró en la casa de Ramón, en el municipio villaclareño de Placetas, en el centro de la Isla de Cuba, la pequeña niña de tres años, nieta de Amalia la esposa de Ramón, estaba acostada en la cuna completamente decapitada, sobre un gran charco de sangre que llegaba el piso. La cabeza yacía a los pies del carpintero. Le quitaron un enorme cuchillo ensangrentado metido dentro de la camisa y el pantalón.

Este atroz suceso es motivo todavía de comentarios en la localidad donde acaeció. Médicos y especialistas llevaron a cabo una profunda investigación de las causas que motivaron a Ramón a cometer este asesinato.

Ramón espera solitario la definición de su futuro. Devora los pasajes bíblicos como si este libro sagrado le pudiera descifrar los motivos de su conducta.

Amalia y Ramón se divorciaron. Sin embargo, por ironías del destino toda la familia se marcha hacia los Estados Unidos como emigrantes legales, mediante una lotería ganada por Ramón, El Asesino.

NOTA: Los nombres de esta historia verídica fueron cambiados para no herir a los implicados.

Mejoran condiciones en celda de prisionero de conciencia

LA HABANA, 15 de octubre (www.cubanet.org) - La periodista independiente Beatriz del Carmen Pedroso, residente en La Habana, conoció mediante una llamada telefónica del esposo, Julio César Gálvez, también periodista independiente recluido en la prisión provincial de Santa Clara, que las autoridades del penal ordenaron la desinfección de su celda, eliminando ratas e insectos que lo atormentaban día y noche.

"Me dijo también que le cambiaron el colchón, por lo que ahora puede descansar mejor y sentir menos el dolor que le produce la artrosis que padece", agregó.

El colchón sustituido estaba relleno con esponjas naturales, pero con incrustaciones y adherencias calcáreas.

Pedroso envió a las autoridades del Ministerio del Interior una carta en la que se quejaba de las condiciones infrahumanas en que se su esposo, y pedía, además, una entrevista. Aunque la carta no tuvo respuesta, las autoridades procedieron a higienizar la celda.

Julio César Gálvez forma parte del grupo de los 75 opositores pacíficos y periodistas independientes arrestados y sancionados a altas penas en abril pasado. Gálvez cumple 15 años de rigurosa prisión.


Primera comunicación telefónica de periodista independiente preso en cuatro meses

LA HABANA, 4 de agosto (www.cubanet.org) - Después de cuatro meses de encierro, el periodista independiente Julio César Gálvez Rodríguez pudo comunicarse telefónicamente con su esposa, la también periodista independiente Beatriz Pedroso, residente en la capital.

Julio César Gálvez cumple quince años de prisión en la cárcel provincial de Villa Clara, en la ciudad de Santa Clara. Desde allí se comunicó con la esposa, a quien manifestó que mantiene buen estado de ánimo y está recibiendo algunas mejorías, a pesar de confrontar ciertos problemas de salud.

"Julio me contó -explica la señora Pedroso- que tanto él como los otros presos advierten un trato correcto de las autoridades del penal. Ahora disponen de colchones, del sábado para tomar sol, higienización, y las celdas han sido pintadas".

Explica además que ella considera que esas mejoras de las pésimas condiciones de vida del penal pudieran ser una respuesta indirecta a la carta que dirigió hace alrededor de un mes a la Dirección Nacional de Prisiones, en la que plantea la situación de salud, de higiene y vida en general de su esposo en aquella prisión, y pedía una entrevista para explicar personalmente los pormenores. Entrevista que no le ha sido concedida, ni tampoco la misiva ha recibido respuesta.

"Planteo que los reos -añade la señora Pedroso-, entre éstos mi esposo, son mantenidos en celdas húmedas, que duermen en colchones rellenos con esponjas de mar con incrustaciones calcáreas, con muchas chinches y problemas de salud".

Para corroborar sus planteamientos, Beatriz dio a leer a este reportero una carta de Gálvez con fecha 21 de julio, en uno de cuyos párrafos dice:

"Ayer tuvimos consulta con el ortopédico. Miró las placas que me hicieron y dice que tengo severa artrosis cervical. Me mandó a dormir en tabla con una colchoneta (sin almohada) de huata. El colchón está hecho de esponja de mar, las que están secas y muy duras formando grandes bultos disparejos que me muelen la espalda. Esperamos a ver si resuelven las cosas, pues tanto Héctor Maseda como yo estamos en la misma situación".

Cuenta Pedroso que a los reos de conciencia recluidos en la prisión provincial de Villa Clara, los presos comunes los han bautizado como "los profetas", porque hablan en tono mesurado y dicen sus verdades sin ofender a nadie. Y cuando hablan los "políticos" todos callan para escuchar con atención.