
Este portal es el eco del
cubano que vive en la verdad.
| Alfredo Felipe Fuentes
Es Delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, La Habana. Está casado con la Sra. Loyda Valdés González. Condenado a 26 años de cárcel que cumple en la prisión de Guamajal (Dest. 8) en la provincia de Villa Clara, a 410 kilómetros de su familia que reside en Calle 35 #4007 e/ 40 y 42, Artemisa, La Habana. |
ARTICULOS:
Las
esposas de los presos también están perdiendo la salud
Amarse
sin fatiga y sin receso
Sin
respuesta revisión de causa de reo de conciencia
Por
culpa del bloqueo
Realiza
UJDC nuevas donaciones humanitarias
Historia
de amor con caballero y dama
Un
árbol de Navidad por la esperanza
El tiro
le salió por la culata
Envían
a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente
Cambia
la ubicación prisionero de Conciencia
Causa #6 : Documento
de Sentencia
Las esposas de los presos también están perdiendo la salud
María Benjumea
21 de enero de 2010
Sevilla, España – www.PayoLibre.com – La muerte de Gloria Amaya a los 81 años me hizo pensar en cómo estas señoras, aparentemente de acero, enfrentan enfermedades psicosomáticas más o menos graves que van minando poco a poco su salud. Gloria debió de ser un portento de la naturaleza para sobrevivir durante tanto tiempo a tal sufrimiento físico y moral, pero me temo que no todas las Damas tengan unos genes tan envidiables, ni una resistencia a la mala alimentación, al maltrato, a la tristeza y al estrés tan formidable.
Loyda Valdés, esposa del preso Alfredo Felipe Fuentes, no suele hablar de sus enfermedades, ni de si se siente deprimida, aunque sí de los sufrimientos de sus hijos. Pero me confiesa a veces que tiene “estrés”; todos sabemos lo que significa esta palabra en una persona que no se suele quejar: angustia y agotamiento físico. Ayer me contó además que su creciente hipertensión derivó en un episodio grave que la dejó postrada en la cama con un dolor de cabeza “que me la partía en dos”. La crisis le sobrevino en el transcurso de una reunión de las Damas, después de un agotador viaje desde Artemisa.
Esos actos de repudio contra ellas que vemos en los vídeos o leemos en las crónicas me los materializa en unos cuantos detalles: que le rompieran sus espejuelos, problema banal en nuestras sociedades pero muy complicado en la Cuba de hoy; temer perder su único par de zapatos con los que caminar; pensar que durante la persecución de las turbas de más de 3 Km. le subiera la tensión; no poder mantener la calma ante codazos y empujones durante las dos horas de horror hasta la casa de Laura Pollán.
Y la agonía para enviar unos documentos por Internet. Su esposo preso redactó durante varios años un documento de Revisión de Sentencia, en parte dictado por teléfono y en parte sacado en hojas manuscritas: 47 hojas en formato PDF, impecablemente redactadas, mecanografiadas por un amigo y vecino ahora exiliado en Estados Unidos. Hace casi tres años que espera la respuesta del Tribunal Supremo de Cuba.
El preso ahora desea que se envíe este documento a varios organismos internacionales de Derechos Humanos, junto con las cartas dirigidas al Tribunal Supremo y varios testimonios. Sólo encontrar ayuda para escanear estas páginas y asistir a un lentísimo proceso que llevó horas e incluso varios días le supuso a Loyda una tensión inimaginable. Con la ayuda de una periodista independiente, logró enviármelas a mí también. No se sintió recompensada desde luego cuando le conté que me respondió a un correo Dña. María Salazar, del Comité para la Protección de Periodistas, desde Nueva York, para informarme de que no habían recibido ninguna de las páginas.
María Salazar me respondió y pude reenviarle el documento, y además llamó a Loyda a Artemisa. Sin embargo, ninguno de los ocho organismos a los que me he dirigido y he adjuntado el documento me ha respondido, casi dos meses después. Decírselo a Loyda me da mucha pena: sé que todo ello no contribuye más que a su desesperación y a su sensación de abandono. Pero, ¿cómo ocultárselo?
Naturalmente que es el preso el que sufre más, pero a juzgar por sus cartas sus condiciones ahora en Guanajay “no son malas”: celda individual, respeto del director y los funcionarios, tranquilidad para leer y escribir, tiempo de deporte al aire libre, apenas censura de libros en la requisa. Su estoicismo no me engaña, ni su buen humor irónico y su optimismo. Sin embargo, su deseo de escribir algo para la prensa digital sume a su esposa en el terror de que una posible represalia dé al traste con las mejores condiciones que él ha conseguido a base de exigir que se cumpla el reglamento.
Loyda no le prohibiría publicar un artículo porque lo respeta, pero su preocupación de volver a los aún más duros días del pasado la llena de angustia: en Cuba ningún acto de libertad sale barato, y su condena sigue siendo de 26 años y él ya tiene 60. Otra presión más que no la ayuda a mantener la salud: ser la esposa o la madre de un héroe creo que debe de ser más difícil que ser el héroe mismo.
Amarse sin fatiga y sin receso
Por Manuel Vázquez Portal
Alfredo Felipe Fuentes cayó preso estando tan enamorado como treinta años antes cuando le prometió a Loyda Valdés que la haría feliz para toda la vida.
Apenas veintitrés años tenía Alfredo Felipe cuando tomó de la cintura a Loyda y la llevó a un hogar que dulcificarían a lo largo de tres décadas. Artemisa, un pueblecito disputado entre Pinar del Río y La Habana, los vio amarse sin fatiga y sin receso. Los vio estudiar, trabajar con ahínco, educar a dos hijos. La primavera de 2003 los sorprendió en la más larga luna de miel del mundo.
Loyda quedó como atrapada en una telaraña de penumbras cuando aquella tarde de marzo la policía política cubana arrancó de su abrazo al hombre que ha amado toda la vida. Se sentía como con los ojos vendados, no sabía dónde quedaba el lecho --en su mitad vacío-- ni qué hacer con el plato de la tarde.
Alfredo Felipe Fuentes había estudiado economía y desde su mesa magra hasta su ciudad hambreada sabía que la economía andaba mal, pero también sabía que la economía andaba mal porque la política del país era quien peor andaba. Lleno de amor, quijotesco tal vez, quiso desfacer el entuerto. Le costó la cárcel. A 26 años de prisión fue condenado por desear que el plato de las tardes se llenara en todos los hogares y la gente volviera a ser feliz.
Cuando aquella tarde de marzo lo separaron a la fuerza de Loyda, la única manera en que se separaría de ella, Alfredo Felipe era delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, pero lo acusaron de mercenario y no lo dejaron siquiera defenderse.
Hace casi siete años no disfruta de la mitad de su cama ni de su silla en la cabecera de la mesa hogareña, no puede acariciar a su hija cuando es asaltada por un ataque de epilepsia, ni aconsejar a su hijo cuando escribe poemas desolados. Pero dice que en mayo, cuando cumpla 61 años, su amor por Loyda y sus dos hijos será tan juvenil como al comienzo.
Sin respuesta
revisión de causa de reo de conciencia
Eduardo León López
27 de diciembre de 2009
La Habana – www.PayoLibre.com – En una visita de apoyo espiritual realizada por Hermanos Unidos para el prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, el día 16 de diciembre, a través de su esposa, la señora Loyda Valdés González, se pudo conocer que aún están en espera de la respuesta del tribunal supremo para la posible revisión de la causa del reo.
Loyda dijo además que su esposo se encuentra en espera de un turno médico para una endoscopia, situación que está en manos de las autoridades del penal.
El reo tuvo visita el 23 de noviembre, la última de este año, la próxima debe ser en enero.
Loyda Valdés González reside en Calle 35 #4007, e/ 40 y 42, Artemisa, Provincia La Habana, Cuba.
Alfredo Felipe Puentes pertenece al Grupo de los 75. Fue condenado a 26 años de cárcel, y actualmente se encuentra recluido en la prisión de Guanajay, provincia La Habana.
Eduardo León López es presidente del grupo Hermanos Unidos.
María Benjumea
23 de noviembre de 2009
Sevilla, España – www.PayoLibre.com – La Dama de Blanco Loyda Valdés, me ruega que dé a conocer el caso del bloqueo de las transferencias en euros desde España a las esposas de los presos de la Primavera de Cuba. Ricardo Carreras, portavoz de Solidaridad Española con Cuba, ya lo denunció el pasado mes de julio en una entrevista a un popular programa de Onda Cero Radio, en Telemadrid, y ha vuelto a plantearlo en un comunicado hace unos días, entre otras cuestiones relativas a la represión y la situación de los presos. Sólo puedo explicar un caso, pero sé que desde España el dinero no les llega.
El verano pasado Loyda Valdés registró una interpelación ante la Fiscalía de la Provincia de La Habana, ante la negativa del Banco Popular de Artemisa a entregarle el dinero que yo le enviaba. Mi banco recibía un correo con un escueto mensaje: “transferencia denegada; el banco beneficiario no tiene autorización para hacerla efectiva a esta persona”. La Fiscalía le comunicó que había tramitado su petición, y que esperaba la respuesta del banco. Cuatro meses después, el banco no se ha dignado responder a la Fiscalía. Extraño, ¿un banco puede ignorar al Poder Judicial?
Animada por la actuación de la Fiscalía (cualquier cosa nos anima), hace una semana le volví a enviar todo el dinero reservado para ella desde hace un año, aún una modesta cantidad. El banco cubano envió un mensaje diferente: “transferencia denegada por decisión del banco beneficiario”. Es el director ahora quien asume la responsabilidad y desafía a la Fiscalía, creo entender. Lo que entiendo es que hay una orden de alguien de muy arriba para que se castigue a las Damas.
Para Loyda cobrar ese dinero se ha convertido en una cuestión de honor: que se le reconozcan sus derechos como ciudadana que no ha cometido ningún delito. Cuando le propongo (en clave) mandarle dinero en una caja de galletas, por ejemplo, o cualquier cosa así, se indigna y horroriza: ella no es una “delincuente”. Ni acepta que lo envíe en dólares a través de la organización “Plantados hasta la Libertad y la Democracia” de Miami, pues sería un subterfugio que le evitaría una molestia a la Fiscalía. Tampoco tiene parientes en el exterior que puedan ayudarla o visitarla. No hay manera.
Sé que el régimen cubano tolera que “Plantados” les envíe 50$ mensuales (que se quedan en 40); Loyda me explica que así pueden acusarlas de mercenarias del imperio americano. Me pierdo en estos vericuetos, pero analizo la situación de esta familia: padre preso, un hijo médico represaliado que no puede ejercer, una hija que no puede trabajar en ninguna empresa estatal, tres nietos de 9 a 15 años, una madre de 83 años que necesita transporte privado para ir al hospital. Inútil enumerar las necesidades y la escasez de la libreta; ni hablar de los precios de los artículos en divisa, muchos más caros que en España. Si no pueden “resolver” ilegalmente, como tantos cubanos, por no darle a la policía una excusa para perjudicar al preso, a mí no me salen las cuentas.
Otro abuso del que se habla poco, pero que es terrible, es que algún agente escuche nuestras conversaciones al teléfono (Loyda tiene pruebas, y el ruidito del aparato los delata), o te abra las cartas que les mandas. No me acostumbro. No tenemos nada que ocultar, no conspiramos; resulta ridículo que se pague a un sujeto para que escuche a dos señoras hablando de sus problemas domésticos, las diatribas con su jefe de una, las dificultades para llegar a La Habana de la otra.
O esas cartas destrozadas, y manoseadas. No soy diputada ni abogada; la correspondencia trata sobre todo de responder a sus preguntas o peticiones, o de distraerlos de su dura vida, de contarles cosas de la vida aquí, de la familia, de la política o de cualquier cosa. Todo está diseñado para humillarlos a ellos y a cualquiera que los apoya, y convertir su vida en un infierno.
Maria Benjumea
Solidaridad Española con Cuba.
Realiza
UJDC nuevas donaciones humanitarias
Por Roberto Santana Rodríguez
16 de diciembre de 2005
La Habana
– www.PayoLibre.com – La
Unión de Jóvenes Democráticos de Cuba (UJDC) con sede en
Candelaria, Pinar del Río realizó el pasado 13 de diciembre dos
donaciones humanitarias a uno de sus miembros llamado Alberto Alemán
Sánchez que se encuentra inválido luego de un accidente automovilístico
y al preso político de los 75 Alfredo Felipe Fuentes.
La ayuda a Alemán, que se mostró agradecido, consistente en dinero,
alimentos y aseo personal se efectuó en su domicilio, sito en calle 33
# 3206 del mencionado municipio pinareño de Candelaria, contando con
la presencia de varios miembros de la UJDC encabezados por Alberto Hernández
y Manuel González, presidente y vicepresidente de la organización
por ese orden.
Posteriormente la directiva juvenil se trasladó al cercano municipio
habanero de Artemisa para junto a miembros de la delegación de la localidad
entregar 500 pesos a la familia del preso político de los 75 y sindicalista
independiente Alfredo Felipe Fuentes, condenado en 2003 a 26 años de
cárcel, en su casa de calle 35 # 4007.
“Este es un gesto lindo y admirable por parte de ustedes que recibimos
con profundo agradecimiento”, dijo Alfredo Felipe (hijo) al recibir la
contribución. Así mismo Loida Valdés, esposa del reo de
conciencia también agradeció el gesto de los jóvenes opositores
vía telefónica.
Estas dos ayudas humanitarias se unen a la que recientemente realizara la UJDC
a la familia del preso político, periodista y sindicalista independiente,
también de los 75, Víctor
Rolando Arroyo Carmona. En este sentido Alberto Hernández dijo que
continuarían realizando estos esfuerzos para ayudar a quien lo necesite
tanto opositores como presos políticos.
Historia
de amor con caballero y dama
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba 24 de agosto de 2005 (www.cubanet.org) - Cuando a Loyda le visitaron para entregarle los bombillos ahorradores que se están repartiendo a la población cubana, respondió que a su casa le faltaba la luz más importante, refiriéndose a su esposo Alfredo Felipe, condenado a 26 años de prisión durante los procesos de abril de 2003.
Desde aquella jornada su alma pena por el alejamiento forzado e injusto de un amor que tres décadas de unión matrimonial no han logrado debilitar. Pero más allá de las razones políticas esgrimidas para materializar esta separación, incluso de la situación en que se encuentra el prisionero de conciencia, éste es un acercamiento a una pareja de enamorados que ante las adversidades se ha crecido poniendo más amor en su camino.
Escuchar hablar a estos cónyuges del cariño que se tienen es la mejor prueba del sentimiento mutuo que les une. Dicen que la época presente no es propicia para los afectos sinceros, y para confirmarlo se acude a la sentencia de un canto popular que tuvo mucho éxito en Cuba hace pocos años sobre el hecho de que entre nosotros se perdió el querer. Sin embargo, historias como la de Loyda y Alfredo desmienten ese criterio.
Se conocieron en la etapa en que eran estudiantes de la secundaria básica Eduardo Egea, en su natal Artemisa. Loyda rememora aquel primer encuentro en la etapa de escuela al campo, donde un gesto de Alfredo que ella califica de machista provocó el encontronazo entre ambos. Él había dejado la bandeja sucia con cierto aire de superioridad por su mayoría en edad y grado que cursaba. El gesto provocó la llamada de atención de la entonces jefa de la brigada de cocina. Este detalle permaneció en la mente de ambos en otra estancia de trabajo en el campo donde se hicieron novios.
Esto ocurrió en un sitio nombrado Los Pinos de Portugués cuando Alfredo, ya en el servicio militar, aprovechaba sus pases para merodear por el campamento de estudiantes. En una de sus visitas le anunció sin muchas ceremonias que vendría de nuevo para verla especialmente a ella. Aquel día nació un romance que ya cumplió 34 años.
Después comenzaron las visitas a la casa, una formalidad que estaba aún vigente entre las familias cubanas.
Una de las primeras características que Loyda apreció en Alfredo era su constancia y diligencia. No se amilanaba por nada ni se dejaba impresionar con facilidad, ni siquiera ante la seriedad con que lo recibieron los padres de la novia. Formalmente les dio su palabra de cumplir a cabalidad el compromiso contraído entonces. Muy pronto Loyda comprendió que aquellas relaciones serían difíciles de conciliar, pues el joven demostraba cierto talante contestatario, gustaba leer de forma independiente temas y libros que para ella eran todo un descubrimiento.
Esta situación creaba tensiones en la relación. Un día sus padres notaron algo extravagante en el vestuario del visitante. Dos cruces negras resaltaban en ambos extremos del cuello de la camisa. Pero lo peor vino cuando vieron otra de gran tamaño que cubría toda la espalda de la prenda de vestir. Cuando incitada por los mayores fue a pedir una explicación sobre esta extraña ornamentación la respuesta que recibió fue tajante. Además de no dar ninguna razón, Alfredo hizo entender que existía una frontera que no debía ser rebasada. O lo aceptaba como era o no podrían seguir el noviazgo.
Loyda lo entendió y optó por el amor. Así se casaron un 4 de diciembre, ella con 17 años y él con 22.
Después de nacido el primer hijo, que lleva el nombre de Alfredo como su padre, deciden reanudar los estudios. Entonces él trabajaba como administrativo de una empresa constructora. Al principio Loyda le repasa las asignaturas que tenía mucho más frescas en la memoria, pero después fue Alfredo quien se convirtió en su profesor de cálculo, derivadas e integrales. Las pruebas de ingreso y los cursos de superación les llevaron a las puertas de la Universidad, donde matriculan Economía, en horario especial para trabajadores.
Estudiaban y trabajaban al mismo tiempo. Fueron tiempos de muchos desvelos, pues tenían que aprovechar el sueño de su niño duplicando de esta manera las horas que se hacían escasas y limitadas. En 1980 se graduaron y junto con el título les nace su niña Dayneris.
Si alguna vez Loyda sintió celos fue por la atracción que el ajedrez ejercía sobre su esposo. Ella no gustaba ni comprendía aquel difícil juego, pero por no dejar de compartir tiempo con su pareja fue venciendo la adversión hacia el deporte de los trebejos para adentrarse en sus complejidades. Mientras le acompañaba tomaba las notas de cada movida en los eventos donde él participaba.
El primer choque social se produce cuando una plaza en el Mariel le es denegada a Alfredo a pesar de su expediente y resultados académicos. La falta de integración política y la actitud mantenida en el plantel universitario dejaron pesadas huellas en la evaluación ideológica del educando. En San Cristóbal ambos consiguen ubicación en la Empresa de Alimentación, él como jefe económico y ella de contadora auxiliar.
Alfredo demostró una capacidad e interés poco frecuente en el desempeño de aquella responsabilidad. Luchaba los recursos del estado como si estos fueran propios. Loyda manifiesta que si todos los que dicen ser revolucionarios hubieran hecho igual quizás las cosas fueran diferentes. Sentados uno frente al otro en el departamento de Estadística municipal hacían un equipo tremendo donde no quedaba espacio para el aburrimiento o el tedio que suele producir el contacto diario entre un matrimonio.
El carácter ahorrativo -quizás pocos ahorren tanto como él la electricidad y otros recursos no renovables- y la seriedad de su trabajo daban motivo a la confianza depositada por sus superiores. Los informes que enviaba con datos importantes ni siquiera eran verificados por los tecnócratas que venían a buscarlos para llevarlos a otros niveles. Todo lo pedía y daba por escrito, costumbre que le permitió conservar un gran archivo que demuestra su eficiencia. Esta manera precisa de ejercer su labor le ganó el apodo de "rosca fina". Ella sonríe al rememorar este detalle.
Luego su rostro retorna a la gravedad cuando recuerda cómo al solicitar el lugar vacante en el banco de su pueblo, no se le concedió. Al parecer le seguía faltando lealtad política hacia el sistema y el resultado de que la evaluación técnica de Alfredo Felipe estaba lastrada con recomendaciones de tipo ideológico le vetaba la calificación de excepcionalmente positivo que le correspondía y con ellas la posibilidad de trabajar en ese puesto. Un nuevo motivo de decepción.
Otro rasgo que distingue a este hombre sencillo son sus valores humanos. Recuerda que le compró una jaba de naranjas a una anciana que trataba penosamente de vender su carga, sin pensar que tenían el viandero lleno de estas frutas. Por cosas como ésta supo ganarse el respeto de los revolucionarios de su pueblo, muchos de los cuales hoy se preocupan constantemente por su situación.
En pleno período especial, cuando la economía domestica se tornó compleja, empezó a llevar frutos del campo hacia La Habana y desde la ciudad artículos industriales deficitarios en su localidad haciendo funciones de un verdadero mercader. Confeccionaba plantas de soldar y hasta buscaba obtener con su inventiva algún premio en la Asociación de Racionalizadores. Se dedicó a pulir pisos y a vestir de granito las cocinas y baños. Por eso se ofende al escuchar la acusación absurda de mercenario hecha a un hombre que sudó tanto la camisa para mantener la familia. El día antes de ser detenido había traído de la capital varios peines y tomacorrientes comprados en las tiendas de venta minorista de moneda nacional.
Entró a formar parte de la oposición en Armonía, con Indamiro Restano, y posteriormente, durante la campaña cívica por el Proyecto Varela, dedicó mucho de su talento, esfuerzo y sacrificios en la divulgación y colecta de firmas en la región de Artemisa y en sus aledaños, actividad en la que una vez más contó con el acompañamiento de Loyda, quien en este caso fungió casi como su secretaria.
Ahora desde la prisión esta historia de amor sigue llenando páginas hermosas. La preocupación se pone de manifiesto y el temor del esposo por su compañera que vive estos momentos duros hizo brotar en ella la poesía.
No te preocupes
por mí
conozco la fortaleza
casi al borde de la infancia
me atravesé en tu trillo
haciendo que me miraras
aunque parecía un grillo.
No sé
porque me viene la imagen de aquellas historias de caballería en las
que el guerrero se disponía a enfrentar todos los peligros para rescatar
a la amada. En ésta los términos se han invertido. Revestida de
una coraza de sentimientos y con la espada de su palabra, esta mujer se echó
al ruedo para romper cuantas lanzas sean precisas por sacar del encierro a su
caballero cautivo. La fuerza del amor le da la confianza suficiente para saber
que más temprano que tarde tendrá a su lado al novio de toda la
vida para seguir compartiendo juntos muchos años de felicidad.
Un
árbol de Navidad por la esperanza
Ana Leonor Díaz, Grupo Decoro
LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Es una mujer sencilla, de una modestia admirable; y no pretende que la consideren poetisa, pues "las ideas rimadas" venían espontáneas a su mente cuando repasaba los momentos de marzo y abril de 2003, cuando su esposo de toda la vida, de 53 años, fue condenado a una virtual cadena perpetua de 26 años de prisión por su condición de disidente del régimen.
Se trata de Loyda Valdés, una artemiseña que dijo que su mundo se vino abajo tras la ola represiva en que 75 disidentes y periodistas independientes fueron arrestados y sometidos a juicios sumarios por su oposición pacífica al régimen.
Su esposo, el economista Alfredo Felipe Fuentes, era director de la Agencia de Prensa de Occidente, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba (CUTC) y director de la biblioteca independiente "Emilio Masperó", "delitos" por los que fue condenado a 26 años de prisión.
En las frecuentes reuniones de las Damas de Blanco, como se conoce al grupo de esposas y madres de los 75 presos de conciencia, Loyda ha narrado, en forma versada, cómo su estabilidad familiar fue interrumpida y cambiada de pronto por el encarcelamiento de su esposo y el trauma que para ella y sus dos hijos ha ocasionado el hecho, agravado por el largo vía crucis que debe recorrer para visitarlo, ahora cada tres meses, hasta la prisión de Guamajal, en la provincia Villa Clara, distante 300 kilómetros de su vivienda en Artemisa.
Durante más de un año traté de persuadir a Loyda para que diera a conocer sus "pensamientos en verso", y si ahora accede es porque, luego de la esperanza que levantaron en los familiares de los 75 las recientes excarcelaciones de 14 de ellos, todos enfermos, ha visto con tristeza que su esposo, traído en las últimas semanas a chequeo médico junto a sus hermanos de infortunio, fue devuelto a la prisión villaclareña sin más explicación.
Ella y su familia, junto a otras 61 mujeres, deberá pasar con tristeza y soledad por segundo año consecutivo las próximas fiestas de Navidad. De esas reflexiones salió lo siguiente:
El arbolito de Navidad
Ha llegado
otro diciembre,
Dios nos llama a celebrar,
enciendan el arbolito porque llegó Navidad.
Humo y
olores se esparcen. ¡Vamos todos a cenar!
Sacad sus mejores galas el día de Navidad,
y démonos un gran beso que cierre otro año más,
que abra el venidero con mucha prosperidad.
Preparen
sus cartas, niños,
los Reyes Magos vendrán
y traerán muchos regalos que harán su curiosidad.
Celebre
todo el que pueda; yo no puedo acompañar,
me han quitado este diciembre mi árbol de Navidad,
el humo de Nochebuena, mi traje de festividad,
el beso de fin de año, mi vestido de comenzar,
El rey mago de mis sueños, mi gran felicidad.
Ahora ven
por qué no puedo,
no puedo yo festejar,
porque me han encarcelado
mi árbol de Navidad.
El
tiro le salió por la culata
Emilio Rodríguez. Cubanacán Press
SANTA CLARA, junio 22 (www.cubanet.org) - Mucho se ha especulado sobre el objetivo real perseguido por el gobierno cubano al desatar la ola represiva de marzo de 2003, en la que 75 periodistas independientes y disidentes de la mayor de las Antillas fueron condenados a penas de entre 6 y 28 años de cárcel.
Para algunos, se trataba de un ardid destinado a lograr a corto o mediano plazo un canje por los cinco espías cubanos condenados por una corte de los Estados Unidos. Para otros, el motivo era la pujanza que venía tomando la oposición interna, y la necesidad de neutralizarla en aras de que no peligrara la existencia del régimen. Lo cierto es que, por una razón u otra, lo que le falló al gobierno fue el resultado de su maniobra.
A simple vista la cuenta se redondea fácil: 75 disidentes encarcelados es igual a 75 familias que se suman al descontento hacia el sistema, para ser conservador y no decir que son 75 familias que se suman a la oposición.
Pero existe otro cálculo que falló a la hora de arremeter en esa magnitud contra simples y pacíficos opositores, y es el de la unidad y la fraternidad que generó aquel disparate, porque nadie es ajeno a las múltiples diferencias que existían hasta entonces entre las diferentes tendencias y facciones de la disidencia interna, muchas veces trasladadas al exilio o a la inversa.
A partir de ese día se comenzó a experimentar un sentimiento de unidad nunca antes visto. A lo largo y ancho de la Isla las diferentes organizaciones opositoras comenzaron a preparar condiciones para recibir a los familiares de los disidentes encarcelados que habían sido desterrados a cientos de kilómetros de sus hogares, sin importar qué línea o tendencia política defendieran.
En la ciudad de Santa Clara, el Movimiento Cívico Nacionalista Cubano, con la colaboración oportuna del Presidio Político Histórico Cubano (Casa del Preso) primero, y de la organización Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba después, emprendieron la ingente labor de brindar hogar y afecto a las angustiadas familias.
Recuerdo que el primero de los "75" en tener acceso a la conocida visita de aseo, reglamentada en las prisiones cubanas para aquéllos que ingresan a un centro penitenciario, fue Héctor Maseda Gutiérrez, el día 9 de abril de 2003. Para esa fecha, la dirección nacional del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano había hecho las coordinaciones necesarias con la esposa del reo de conciencia, Laura Pollán Toledo, quien resultó ser el primer huésped de lo que se denomina "Programa de atención a familiares de presos políticos".
Pero también recuerdo un caso doloroso que, por desconocimiento, o por aquello de no "molestar", no se acogió a la ayuda que el proyecto ofrecía; me refiero a los familiares del prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, y traigo a colación el caso, porque en él se ejemplifican la unidad y la fraternidad que provocó el dislate del régimen.
La dirección del proyecto tuvo conocimiento de que Loida Valdés, esposa de Felipe Fuentes, y su cuñado pernoctaban en la terminal de ómnibus de Santa Clara. Ahí esperaban el amanecer para asistir a la visita del reo de conciencia, confinado desde su llegada a la provincia de Villa Clara en la prisión de Guamajal.
Los alimentos destinados al disidente encarcelado venían elaborados desde Artemisa, en la provincia Habana, a más de 300 kilómetros de Santa Clara. Nunca lo dijo, quizás por esa humildad que la caracteriza, pero es lógico que muchos de esos alimentos llegaran en mal estado. Por otra parte, Loida padece de epilepsia, que la obliga a mantenerse siempre acompañada por su cuñado.
Conocido el caso y logrado el contacto, Loida fue esperada por miembros del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano en la estación de ómnibus en septiembre de 2003, y alojada en el domicilio de Celestino Hernández Gutiérrez quien, desde entonces, es su anfitrión.
Muchas han sido las experiencias vividas por quienes intervienen en el proyecto. El primer encuentro con cada familiar -y lo sé porque he sido parte de ello- fue muy emocionante. Tanto Laura Pollán como Beatriz del Carmen Pedroso o la propia Loida Valdés, incluso Yolanda Vera, la esposa del también prisionero de conciencia Pedro Argüelles Morán, que ya no está en Santa Clara, pero también recibió esa atención, recordarán el primer arribo a la estación de ferrocarriles de Santa Clara, donde un pequeño grupo de personas a las que jamás habían visto, las esperaban sosteniendo en alto un letrero con el nombre de cada una de ellas, para que pudiesen identificarse.
Pero también se han vivido momentos aciagos, en los que las autoridades decidieron suspender la visita por cualquier motivo, o en los que fue expulsado del salón de espera de la prisión alguno de los miembros del proyecto que las ha acompañado en cada visita para ayudar con los paquetes. No obstante, todo ello es recompensado con la atención que reciben. Ninguno de nosotros olvidará a "Nenito", un hombre que hace muchos años dejó de ser joven, corriendo en bicicleta bajo un torrencial aguacero para que Julio César Gálvez pudiese tener el pomo de refresco que con el apuro y las preocupaciones Beatriz del Carmen había dejado sin darse cuenta en el refrigerador.
Y es eso
precisamente lo que ha logrado el régimen con su obstinado proceder: una hermandad
sin límites, en la que todos se han ido convirtiendo en una gran familia. Nadie
sabe cuánto tiempo durará el martirio de los presos políticos en las cárceles
cubanas, pero lo que sí es un hecho es que la unidad, la hermandad y la fraternidad
entre aquéllos que comparten el mismo dolor serán por siempre. Después de todo,
y a pesar de sus maquinaciones, al régimen el tiro le salió por la culata.
Envían a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente
NUEVA GERONA, marzo (Carlos Serpa Maceira, UPECI / www.cubanet.org) - El sindicalista independiente y prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, hospitalizado en la sala de penados del hospital Celestino Hernández Robau, en la ciudad de Santa Clara, región central de Cuba, ha sido trasladado para un destacamento de la prisión Guajamal, en la periferia de la ciudad.
Fuentes tuvo que ser hospitalizado cuando se le diagnosticó pulmonía, según comunicó Tomás González Coya, presidente del opositor Movimiento Cívico Nacionalista Cubano.
Alfredo Felipe Fuentes, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC), integraba, además, el Comité Gestor del Proyecto Varela en el municipio habanero de Artemisa. Fue arrestado en marzo de 2003 durante la ola represiva contra la disidencia interna y sometido a juicio sumario en abril. Fuentes fue condenado a 26 años de privación de libertad.
La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), la Confederación Italiana del Trabajo (CIT) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) enviaron mensajes al gobernante cubano Fidel Castro pidiéndole la liberación inmediata de Fuentes y otros seis sindicalistas presos en Cuba.
Cambia
la ubicación prisionero de Conciencia
2 de marzo de 2004
Servicio Radiofonico de Nueva Prensa Cubana
El prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes fue trasladado la pasada semana desde la sala de penado del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara, para un destacamento de la prisión Guamajal, ubicada en periferia de esa ciudad.
Alfredo Felipe Fuentes estuvo ingresado con neumonía, dijo a Cuba Press Tomas González-Coya presidente del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano. "Es el primero de los 6 integrantes de la causa de los 75 que se encuentran en penitenciaria de Santa Clara que es trasladado para un destacamento", acotó la fuente.
Alfredo Felipe Fuentes quien integraba el comité Gestor del Proyecto Varela en Artemisa provincia Habana, fue condenado a 26 años de cárcel durante los procesos sumarios de abril de 2003.
Isabel Rey Rodríguez/CubaPress/NPC
PRESO
POLÍTICO Y DE CONCIENCIA CUBANO
Nombre.-
Alfredo Felipe Fuentes
Condena.- 26 años de privación de libertad en la ola represiva
del 2003
Profesión.- Licenciado en Economía
Estado Civil.- casado
Características generales.- Honrado, Modesto, Afable, Respetuoso.
Organizaciones y Cargos en la Oposición Pacífica
- Presidente
del Centro no gubernamental de Derechos Humanos y Cultura de Paz “José
de la Luz y Caballero”.
- Director de la Agencia de Prensa en Artemisa
- Miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela.
- Miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos.
- Director de la Biblioteca Sindical Independiente “Emilio Maspero”
- Periodista Independiente, y miembro de la Sociedad de Periodistas de Cuba
Manuel Márquez Sterling.
En 1985 la dirección del centro laboral donde trabajaba, lo despojó de la máxima evaluación técnica, por recomendaciones políticas, y lo impugnó ante varias instancias, no logrando su objetivo. La parcialización política aplastó su reclamo.
En 1991 inexplicablemente a pesar de su profesionalidad y honradez quedó desempleado. Le faltaba la principal exigencia, la lealtad política al régimen. Ya víctima de la privatización política del empleo, se vinculó a la oposición pacífica, como respuesta al atropello político.
YA EN LA OPOSICIÓN PACIFICA
El 13 de marzo de 1995 el directivo del Centro de Derechos Humanos y Cultura de Paz, “José de la Luz y Caballero” del cual formaba parte, presentó al Ministerio de Justicia de Cuba, la petición de registro oficial para la organización, pero pasaron siete años sin recibir respuesta.
En 1996, es interrumpida su tranquilidad hogareña, por una banda paramilitar con la intención de amenazarlo e intimidarlo. Es objeto del desamparo oficial, al no aceptar las autoridades su denuncia.
En 1997 la policía registra su casa y confisca artículos legalmente adquiridos, que utilizaba para ganarse la vida, lo arrestaron, a la vez que presionaban a su esposa para que lo convenciera de que abandonara la oposición.
El 10 de febrero de 2001, fecha en que asumió la presidencia de la organización, presentó quejas ante la Fiscalía Municipal por la violación del Ministerio de Justicia al no darle respuesta a su solicitud.
El 14 febrero de 2001 Recibió una comunicación de la instancia municipal donde comunicaron la queja de la instancia provincial, y que posteriormente se le daría curso en la Fiscalía General de la República.
El 15 de marzo de 2001 recibió acuso de recibo de la Fiscalía General donde le comunican que la tramitación estaría a cargo del Ministerio de Justicia, o sea de los violadores.
El 28 de marzo de 2001 se dirige nuevamente a la Fiscalía General con interrogantes obvias. Aún el Ministerio de Justicia no había respondido, la Fiscalía General no ha actuado y a la víctima de estos atropellos, los tribunales le potenciaron aún más su condición, condenándolo a 26 años de privación de libertad.
En el 2001, se arrecia la represión a causa de algo nuevo que atrajo la atención del cuerpo represivo, y que no fue otra cosa que el Proyecto Ciudadano Varela.
Aquí comenzaron los acosos de la policía política en la calle, las visitas intimidatorias en su vivienda. Se lo llevaban en autos policiales hasta las afueras del pueblo con el fin de amedrentarlo. Fue citado por la Fiscalía Municipal en presencia de la seguridad del estado pidiéndole que abandonara el Proyecto Varela, aunque contradictoriamente quedó establecida por esa instancia la legalidad del Proyecto.
La policía política suspendió el curso que impartía para la formación de Instructores Públicos de Derechos Humanos – Tema tabú en el sistema educacional cubano- Su vivienda ha sido objeto de constante vigilancia.
En este medio hostil, logró con los colectores a su mando, un reconocido trabajo en la recogida de firmas para el Proyecto Varela, pero la Seguridad del Estado, estaba dispuesta a detener el auge social de este proyecto, y aunque no fue objeto de interés en el juicio oral, ni agredido abiertamente en su sentencia, fue la causa principal de su encarcelamiento.
Si todo esto ocurrió cuando teóricamente tenía sus derechos, ahora que han sido formalmente retirados, es de imaginarse el recrudecimiento de los atropellos ha que es sometido.
Desde marzo del 2003, como su esposa comencé a agrupar esfuerzos para su liberación haciendo uso de la legalidad estatal. Acudí a personalidades y organismos gubernamentales cubanos. Logrando solamente respuestas esquivas, negativas y en el menor de los casos desatención, equivalentes al desamparo oficial.
Las autoridades cubanas dando un mal ejemplo de respeto a la Constitución han reprimido de manera violatoria mis esfuerzos. Por ello pido a personalidades, organismos internacionales y gobiernos respetuosos de la democracia, así como a personas de buena voluntad que intervengan en la situación de mi esposo.
Gracias.
Lic. Loyda Valdés González
Dirección
particular.
Calle 35 No. 4007 entre 40 y 42
Artemisa, La Habana-Cuba
Teléfono (63) 36 36 22