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Alfredo Felipe Fuentes

Nacio el día 26 de mayo de 1949. Hijo de Mauro y Caridad.Natural de Artemisa, provincia Habana.

Es Delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC) en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, La Habana.

Está casado con la Sra. Loyda Valdés González. Condenado a 26 años de cárcel que cumple en la prisión de Guamajal (Dest. 8) en la provincia de Villa Clara, a 410 kilómetros de su familia que reside en Calle 35 #4007 e/ 40 y 42, Artemisa, La Habana. Actualmente en la prisión de Guanajay, La Habana.

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YouTube de Dama de Blanco Loyda Valdés

ARTICULOS:

Opositor reitera vigencia del Proyecto Varela
Informe sobre Alfredo Felipe Fuentes
De las "Damas del ROJO" a las Damas de Blanco en Cuba
El violín de la agonía
De la Revolución Cubana lo más odioso: La Censura
Analogías y diferencias interdictaduras
Los cubanos ni siquiera hemos respirado demasiado
Las esposas de los presos también están perdiendo la salud
Amarse sin fatiga y sin receso
Sin respuesta revisión de causa de reo de conciencia
Por culpa del bloqueo
Realiza UJDC nuevas donaciones humanitarias
Historia de amor con caballero y dama
Un árbol de Navidad por la esperanza
El tiro le salió por la culata
Envían a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente
Cambia la ubicación prisionero de Conciencia

Causa #6 : Documento de Sentencia

Opositor reitera vigencia del Proyecto Varela

9 de octubre de 2010

(Radio Martí, 08/10/10) - El preso político Alfredo Felipe Fuentes, último disidente que llegó a España después de ser excarcelado por el régimen cubano reafirmó la vigencia del Proyecto Varela y calificó de preocupante la situación económica y social en la isla.

"El Proyecto Varela es una demanda que está abierta todavía", dijo Fuentes durante una entrevista el viernes con Radio Martí.

Fuentes, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba y Gestor del Proyecto Varela, fue arrestado durante la Primavera Negra de 2003 y condenado a 26 años de cárcel, que cumplía en la prisión de Guanajay, en la provincia de La Habana.

"Cuando me sacaron de Guanajay hacia el Combinado del Este, me conmocioné con las imágenes que veía", dijo Fuentes. "La situación económica y social de Cuba es preocupante", subrayó.

 

Informe sobre Alfredo Felipe Fuentes
Eduardo León López

13 de septiembre de 2010

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – La señora Loyda Valdés González, esposa del prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, dijo a Hermanos Unidos en una llamada hecha por esta organización el pasado 6 de septiembre para darle apoyo espiritual al reo, que este presenta buen estado de ánimo y estabilidad en su salud.

Al referirse a las dolencias de Felipe Fuentes, Valdés dijo que en estos momentos se encontraba controlado de la gastritis, con tratamiento, aunque en días recientes tuvo malestar, y que no ha sufrido más crisis de columna.

Según Valdés González, a su esposo le dan la posibilidad de tomar el sol y realizar ejercicios, lo cual es positivo, si se tiene en cuenta que su edad supera los 60 años.

Agregó Loyda que hasta el momento no le han mencionado nada a su esposo sobre la liberación, pero ella tiene esperanzas, puesto que el compromiso del gobierno lo observa el mundo entero.

Por último la esposa del reo informó que las visitas a prisión son cada 45 días las familiares durante 2 horas, y cada 2 meses las matrimoniales durante 3 horas, y que está en espera del calendario, el cual es modificado cada 6 meses.

Loyda Valdés González vive en Calle 35 #4007, e/ 40 y 42, reparto La Matilde, Artemisa, La Habana, Cuba.

Alfredo Felipe Fuentes se encuentra recluido actualmente en la prisión de Guanajay, provincia La Habana. Fue condenado a 26 años prisión en el Grupo de los 75.

 

De las "Damas del ROJO" a las Damas de Blanco en Cuba

Alfredo Felipe Fuentes, prisionero de conciencia

30 de agosto de 2010

Prisión de Guanajay, Cuba – www.PayoLibre.com – En 1954, varios familiares de los presos por el asalto al cuartel Moncada fundaron el grupo de Madres Cubanas, que rápidamente creció al incluir a familiares de otros presos políticos, exiliados y militares sancionados.

En el verano de aquel año, el grupo se convirtió en el “Comité de Familiares Pro Amnistía de los Presos Políticos", inscrito en el Registro de Asociaciones del Gobierno Provincial.

Ya legalizado el Comité, aumentaron las adhesiones y surgieron filiales en otras provincias del país. Sus miembros podían realizar actividades públicas, distribuir propaganda, acceder a la prensa nacional, etc.

Como paradoja, de no ser por este Comité de las Damas del Rojo (de Castro), probablemente no contaríamos hoy con nuestras Damas de Blanco en las calles. Sin embargo, a Castro le resulta imposible explicar cómo, en plena dictadura batistiana -y en la de él no-, se alcanzó la civilización para proteger a las del Rojo, inscribiéndolas y permitiéndoles todo tipo de actividades cívicas, como a una entidad más de la sociedad política: sin represalias, sin deprimentes actos de repudio con turbas de perros callejeros.

¡Qué difícil para los "pensadores" del régimen encarar políticamente estas realidades históricas y encontrar solución a su dilema de: si atacan pierden y, si no también!


Lic. Alfredo Felipe Fuentes, prisionero de conciencia desde 2003.
Prisión Guanajay, La Habana, Cuba. 30 de julio de 2010

Fuente: Mencía, Mario. La prisión fecunda, La Habana, Editora Política, 1980. pp 188-189.

Transcrito por María Benjumea

 

El violín de la agonía

Alfredo Felipe Fuentes

25 de agosto de 2010

Prisión Guanajay, Provincia de La Habana, Cuba, 29 de julio, 2010

Querida María:

La Habana, Cuba – www.PayoLibre.com – ¿Se acuerda de las inefables imágenes de la orquesta del Titanic afanándose en cumplir con su misión en medio de la tragedia? Quizá su ejecutoria no alcanzó la excelencia artística, pero la increíble dignidad de su música, aquella noche, marcó la Historia.

Uno se siente perplejo, desconcertado ante esas imágenes y al no saber qué decir, nos reímos y hasta nos burlamos, para esquivar la comparación de qué haríamos nosotros en caso análogo. Y aunque nuestro caso de hoy no parece tragedia porque lo disfrazan de salvación, yo me dediqué a construir un violín, en homenaje a aquellos músicos sin parangón, que vencieron la proyección de sus instintos y nos legaron una insuperable pieza de dignidad, de respeto al respeto, quijotesco quizá, pero superior.

El violín lo construí para ellos, y también para mitigar el hartazgo que me provocan las "estertóricas" maniobras del régimen; pero se lo regalo a Ud. que lo puede conservar mejor.

Comprendo si no me entiende, pero escribo bajo la influencia de un "caso análogo" surrealista: ¿salvo el cuerpo si aparece la balsa, o sigo tocando el violín?

Después de estos siete años y cinco meses ya la salud no me permite construir mesetas o escaleras para ganarme la vida; y la azarosa variante de vendedor ambulante hoy me avergonzaría practicarla después de tantas noticias por Internet y prisionero de conciencia. Esto, unido a la variante de seguir preso improductivamnete, me empuja hacia la balsa, y es lo razonable. Pero a lo racional se opone un poderoso antagonista: lo emocional. Que resulta de una amplia conjunción de situaciones familiares, sentimientos y valores, cuya influencia pesa en sentido contrario al gen de los instintos "razonables.". Además, me siento indignado por las dobleces de las jugadas de engaño, y la manipulación de propaganda política que, a cierto plazo y con el fin de desmoralizarnos, persigue el régimen.

Por otro lado, desde que comenzó esta "crisis", me siento más sereno y convencido que nunca; muy en contra de lo que escribió en El PAIS su corresponsal habanero Mauricio Vicent, quien afirmó más o menos que Miguel Galbán y yo estamos "ansiosos" (o desesperados, no sé bien) por emigrar. Como no sabemos por qué el Sr. Vicent sacó semejante conclusión, Galbán le reclamó, en nombre mío también; él se disculpó todo cuanto pudo con ambos, pero no basta: debería publicar una rectificación del gazapo en EL PAIS.

Galbán está redactando una nota de posición, mientras yo, harto, construyo stradivarius miniaturizados para Ud., escribo "bajo costes",* y sueño con viejos y nuevos proyectos.

Aquí en la prisión no hemos visto el escrito, lo supimos por Payo. (PayoLibre o Pablo Rodríguez Carvajal).

Ya le pedí a mi esposa Loyda, y ahora a Ud., desmentirlo, con la debida consideración, después de leer el artículo.

Transcrito por María Benjumea

* Bajo coste: su modo burlesco de llamar a sus escritos y artículos, pues le llamó la atención que se llamara así a los vuelos económicos.

 

De la Revolución Cubana lo más odioso: La Censura
Un caso del Grupo de los 75

9 de mayo de 2010

Prisión de Guanajay, La Habana – www.PayoLibre.com – Libros incautados al activista cívico que suscribe, Alfredo Felipe Fuentes, condenado a 26 años de prisión, durante la Primavera Negra de Cuba, marzo-abril de 2003.

1. La enseñanza de los Derechos Humanos (España).
2. Instrumentos internacionales de protección a los DDHH.
3. Estudios básicos de DDHH (IIDH, Costa Rica).
4. Fundamentos de los DDHH de Bartolomé de Las Casas (España).
5. Protección internacional de los DDHH de las mujeres.
6. Martí en sus propias palabras (EUA).
7. La crisis nacional y el movimiento de trabajadores (Cuba).
8. Anteproyecto de modificación del Código laboral (Cuba).
9. Cómo redactar la noticia (Cuba).
10. Periodismo y creatividad (EUA)?
11. Las libertades de información y comunicación en Europa (España).
12. Manual de buena práctica penitenciaria (ONU).
13. Y mi propio Manual de Derechos Humanos, redactado para impartir mis cursos en la Cátedra de Educación en DDHH que fundé y ejercí por unos meses.

Ésta es una de las múltiples docenas de libros confiscados por el tribunal, y presentados en la sentencia como prueba de delito en mi contra. El caso resulta típico para los demás encarcelados de los 75.

Y se impone la pregunta: ¿por qué se confiscan y proscriben los libros que ilustran los derechos humanos y las libertades públicas? Una frase pensamiento de nuestro Apóstol, José Martí, nos aproxima a la respuesta: “Sólo la opresión debe temer al ejercicio pleno de las libertades” (o.c. vol. 4, pág. 236).

Alfredo Felipe Fuentes, prisionero de conciencia.
Prisión Guanajay, Cuba. Abril de 2010.

Nota de la transcriptora:

El señor Felipe Fuentes explica en carta privada la imprevisibilidad de la requisa de libros en las cárceles de Cuba: depende de la dirección de la prisión y de su actitud hacia un preso que escriba en la prensa independiente. Hay presos a los que se les han confiscado Biblias, o libros adquiridos en librerías estatales -me da el ejemplo de “El Alquimista”, de Paulo Coelho-, mientras, sorprendentemente, pasan libros y revistas de la disidencia externa.

Personalmente, el señor Felipe Fuentes no tiene queja de la requisa de libros en la prisión de Guanajay, y le ha llegado todo lo que se le ha donado, no siempre “ortodoxo”. Anímense y envíenle algún libro interesante: él se lo lee todo.

María Benjumea

 

Analogías y diferencias interdictaduras

Alfredo Felipe Fuentes, prisionero de conciencia

29 de abril de 2010

Cárcel de Guanajay, La Habana – www.PayoLibre.com – 1ª Analogía (Cargos imputados): En 1953, por su ataque al cuartel Moncada, Fidel Castro fue sancionado por “Delito contra los Poderes del Estado”. En el 2003, a muchos de los 75 nos condenaron por “Actos contra la Independencia o Integridad Territorial del Estado”.

2ª Analogía (Mancillar a la Oposición): En 1953, Batista calificó como mercenarios a Castro y los demás asaltantes al Moncada. Después de 1959, Castro tilda de mercenarios a quienes se le enfrentan.

3ª Analogía (Leyes comunes contra el derecho a la libertad de expresión). En 1953, Batista sancionó la Ley-Decreto 997 que “(…) estaba encaminada a impedir la divulgación de cualquier expresión o información contraria al régimen (…)” ( vid. Mario Mencía, “La prisión fecunda”, Ed. Política, La Habana, 1980, pp. 80-81). Y en 1999, Castro dio luz verde a la Ley 88, la que en el Art. 7.1 condena a quien “(…) colabore por cualquier vía con emisoras de radio o televisión, periódicos, revistas u otros medios de difusión extranjeros (…)”. O sea, una mordaza “legal”.

1ª Diferencia: Entre las mencionadas leyes, existe la siguiente diferencia: la batistiana, algo tacaña, imponía un máximo de dos años de prisión. La fideliana, más generosa, impone veinte… Pero obviemos las nimiedades y captemos lo fecundo: dos dictaduras de diferente signo, con idéntico fin en sus leyes: limitar la información… ¿Por qué? He aquí el verbo adelantado de nuestro José Martí: “(…) la tiranía es una misma en sus varias formas, aun cuando se vista en algunas de ellas de nombres hermosos y hechos grandes (…)”.

2ª Diferencia: Desde la prisión cuenta Castro a su hermana que: “Anoche me quedé hasta 1.30 a.m. oyendo por Radio Cadena Oriental el último mitin político de la campaña de Oriente”. Es decir, bajo la dictadura de Batista, se podía escuchar y poseer radio en las prisiones; mientras en las de Castro no se permite y punto. ¿Por qué? Por lo de la información, perdón, por lo de la desinformación. Y que conste que no me refiero sólo a los prisioneros políticos, sino a toda la población penal.

3ª Diferencia: En agosto de 1954, Fidel Castro escribe en carta desde la prisión este revelador fragmento sobre las condiciones carcelarias que disfrutó:

“(…) Trajeron a Raúl para acá. Comunicaron mi celda (que tú viste en Bohemia) con otro departamento cuatro veces mayor, y un patio grande, abierto desde las 7 a.m. hasta las 9.30 p.m. La limpieza corresponde al personal de la prisión, dormimos con la luz apagada, no tenemos recuentos ni formaciones en todo el día, nos levantamos a cualquier hora. Agua abundante, luz eléctrica, comida, ropa limpia, y todo gratis. No se paga alquiler. ¿Crees que por allí se está mejor? Visitas dos veces al mes. (pág. 149 ibídem)

Y en otra carta (abril ’54) escribió: “(…) Arreglé mis cosas y reina aquí el más absoluto orden. Las habitaciones del Hotel Nacional no están tan limpias, (…)”. “(…) Cuando cojo el sol por la mañana en shorts y siento el aire del mar, me parece que estoy en una playa, luego este pequeño restaurante aquí. ¡Me van a hacer creer que estoy de vacaciones! ¿Qué diría Carlos Marx de semejantes revolucionarios? (…)” (pág. 76, ibídem)

En la pág. 10 ib., el autor del libro dice que apareció el refuerzo de alguna fruta.

Para contrastar estas condiciones que el régimen de Batista dispensó a Castro –en sus ridículos 22 meses de prisión- con las que éste infligió a sus opositores en aquellos torturantes 2003 y 2004, lean ustedes cualquier testimonio de un preso, de los muchos que están saliendo a la luz, y consideren que muchos otros lo han pasado peor en tiempos más oscuros.

Hasta 1959, los gobiernos republicanos dictaron 118 leyes de amnistía. Castro no ha dictado ninguna, sólo algunas excarcelaciones oportunistas sin ánimo de amnistiar.

Una de aquellas 118 leyes perdonó a Castro, quien sólo cumplió 21 meses y 15 días de su benévola sanción de 15 años; el fiscal había solicitado 26.

Casualmente, a mí me sucedió al revés: el fiscal solicitó 15 y el tribunal dispuso 26. Pero es natural, se trata de casos diferentes: en el asalto al Moncada hubo muertos, hasta civiles, mientras nosotros sólo aportamos un pequeño ejemplo cívico.

Y en definitiva, que aquélla era la dictadura mala y ésta la buena. ¿Conocerán estos detalles los españoles que admiran o defienden a Castro? En cualquier momento me ocupo de prepararles un compendio.

Recibido y transcrito por María Benjumea

 

"Los cubanos ni siquiera hemos respirado demasiado"

Alfredo Felipe Valdés, hijo de un prisionero de conciencia del Grupo de los 75

Artemisa, 28 de enero de 2010

Sr. Raúl Castro Ruz
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros
de la República de Cuba

No había despertado yo aquella mañana y ya sentía, en pleno sueño, el tropel calle abajo, los gritos y el eco de las piedras que después supe impactaban contra una ventana. En esos días estaba por cumplir 7 años y era 1980. No voy a contar aquí lo que todo el mundo sabe, incluso mejor que yo, pues sólo lo viví desde la ventana de mi casa. Sin embargo, no lejos de la mía, sobre la otra ventana y junto a las piedras, llovían las ofensas, las bajas amenazas.

Quienes fueron amigos la noche anterior, ese día llegaban prestos a herir, a exterminar un pecado: mi vecino había decidido abandonar el país. Al parecer en un entorno que para sentirse pleno necesitaba un total reconocimiento, semejante abandono era un crimen, se consumaba una traición, se elegía otro camino. No sé si entonces se sabía lo que se estaba haciendo. No sé cuánta conciencia hubo en todo aquello. Mis amigos y yo cantábamos “pin pon fuera, abajo la gusanera”, como si fuera una canción infantil.

La gente no fue sólo por mero instinto. Hubo allí quien arengó. Se marchó organizado, se odió organizado y hoy, de cuando en cuando, veo -casi siempre en deplorable condición y con los ánimos de antaño perdidos- a los que, entonces dirigentes, encabezaron aquella triste cruzada.

Ahora la ventana ha cambiado y es la mía, pero el odio es el mismo al que asistí en aquellos días de mi infancia. Una mañana del último diciembre me despertó mi madre para contarme que en plena calle de La Habana fue, no sólo amenazada, sino atacada por lo que usted llama el pueblo enardecido, pero yo me veo forzado a llamar horda grotesca, ya que pueblo es otra cosa.

De paso, fue insultada en su condición de mujer casada cosa que, está de más decir, no viene a propósito con el motivo que la llevaba a marchar por las calles, ni a ustedes a impedírselo (Y que además bien vale una acusación por difamación y calumnia); también se le acusó de mercenaria, primero en la calle y después en el noticiero estelar de la televisión.

Mi madre no estaba sola. A su lado caminaban varias mujeres clamando por la liberación de sus esposos y sus hijos encarcelados en marzo del 2003 en la conocida causa de los 75. Que yo sepa, de entonces a la fecha, estas mujeres no han ofendido ni atacado a nadie con su reclamo. No le hablo, presidente, de la justicia de ellas, ni de la de usted ni de la mía. Se trata de una razón anterior y más simple. Tiene que ver con la manera de defender un criterio y hacerlo valer no importa cuán poderoso, cruel o miserable sea el enemigo. Se trata de la decencia y el respeto -que no debilidad- para defender lo que se quiere.

Ninguna causa es buena cuando se defiende con vulgaridad y bajeza. Es culpable el que ofende la libertad en la persona sagrada de nuestros adversarios, más si los ofende en nombre de la libertad. Esto dijo Martí, alguien que entregó más que cualquier otro cubano por la causa de CUBA. Yo agregaría: quien lo permite o estimula es también culpable.

Lo peor de todo es que muchos de los “héroes” protagonistas del triste espectáculo eran hombres. De hecho quien empujó a mi madre, quien posiblemente le destrozó los espejuelos, quien le arrancó la bandera de las manos y después la tiró al piso para pisotearla fue un hombre. Y en este punto permítame expresarle mis dudas al respecto porque un acto como este basta para descalificar al más viril de los caballeros. Para decirlo claramente es un acto de cobardía. Creo que para ser revolucionario o reaccionario, religioso o ateo primero se ha de ser humano, hombre respetuoso. Capaz de contener la ira y la grosería por más que la sufra. Semejantes groserías no ofenden en nada a quien las recibe, desacreditan a quien las profiere.

Estas personas mal educadas decían ser partidarias de la revolución, decían defenderla. Curiosamente una revolución que ha predicado el amor ha terminado permitiendo el odio. Lo permitió hace 30 años cuando yo era un niño y veía, desde mi ventana, las piedras caer sobre mi vecino. Mi vecino lapidado como en los tiempos de la barbarie. De mi vecino no he sabido más, según dicen nunca regresó, pero otros que padecieron agresiones semejantes hoy son recibidos con sumo respeto y hasta se les sienta a la mesa para conversar.

Yo sé que antes de transcurrir otros 30 años todos los cubanos y cubanas que hoy son apedreados podrán sentarse a la misma mesa y contribuir a ella en la misma medida que de ella necesitan. Todavía recuerdo los editoriales de entonces, para ellos no hay regreso, decían. Por suerte regresaron.

Quien esto le escribe no se ha ido de Cuba y en ella no se esconde ni lo hará, y siente una profunda tristeza al ver como el gobierno se hace eco de tales actos presentándolos en la tv de la manera que cree que le conviene. Yo le pido que permita una réplica abierta y libre. Yo le pido que publique esta carta en el mismo periódico que denigró a mi madre y a sus compañeras.

Me pregunto, qué revolución puede acusar a personas de hechos gravísimos, bien tipificados como delitos y en lugar de recurrir a las leyes -severas por cierto- que tiene para castigarlos, o lo que es lo mismo aplicar la forma racional y civilizada, permite y respalda por televisión un ataque callejero, la forma irracional y primitiva. Aplicar las leyes y cumplirlas todos, comenzando por el Estado, quien no le responde a mi padre una solicitud legal, a pesar de que la constitución lo obliga a ello. Mi padre lleva esperando años la respuesta que el Estado le debe por ley.

Escribiendo esta carta me enteré de otros ataques y encarcelamientos a personas por sólo expresar un criterio. Pero hay algo peor y muy grave: en estos momentos un hombre lleva casi dos meses privándose voluntariamente de ingerir alimento. Lo ignoro todo sobre el caso, pero sé que en el momento que escribo y usted espera sin saberlo mi carta, él debe estar acercándose peligrosamente a su fin. Cuba no puede permitirlo. Si vamos a prohibir algo prohibamos que un hombre se nos muera de hambre, y hagámoslo con la única manera humana: la suplica. Si no es cuerdo o decente, menos lo será frente al maltrato o la indiferencia. Por favor Raúl escuchemos qué nos tiene que decir este hombre. Veo en una huelga de hambre, además de un acto de valor, el reconocimiento de una frustración extrema, algo anda mal entre nosotros. Orlando Zapata Tamayo es su nombre y según creo se encuentra cautivo en una prisión de Camagüey. Me costó trabajo terminar de escuchar a su madre, el llanto casi no la dejaba hablar.

¿Se ha preguntado usted el daño que le causa a la revolución todos esos actos de odio? Bajo él ha padecido, más que seres humanos, el espíritu de una colectividad, la esperanza de una nación. Por ese mismo odio sufrió cárcel un poeta al escribir “Fuera de juego”, un libro que hoy nos da lástima de tan inofensivo. Por igual motivo fue, atormentado Virgilio Piñera, así mismo se dejó morir de hambre a Pedro Luis Boitel en una celda de castigo, así se trasladaron a la fuerza a familias enteras para vivir en lugares extraños, así se le obligaba a confesar a los religiosos, mediante una planilla, la condición de su creencia en las escuelas cubanas y por eso mismo decenas de seres humanos, incluyendo mujeres y niños perecieron en la bahía de La Habana a bordo de un remolcador.

Es cierto que en la historia de Cuba hay siglas penosas como el BRAC y el SIM pero también la historia de Cuba tendrá que cargar con las siglas de la UMAP, igualmente penosas. Ante esa realidad de qué vale propinar una paliza o encarcelar o desacreditar a quien lo diga. Si hoy se pide perdón por estos abusos, si se reconocen con humildad y valentía, es decir con grandeza, se estará defendiendo nuestra cubanía. Le propongo dejar por escrito un ofrecimiento público de disculpas a quienes se les deba, si se les debe. Creo que todos debiéramos firmarlo, desde ambas partes y de todos los lugares.

Sr. presidente, ¿Ha pensado usted en este país como un inmenso teatro donde casi todos se entregan al fingimiento, donde todos se ven compelidos a decir “sí” ante un poder cuyas necesidades de consenso y unanimidad, además de ridículas, por lo imposible, son patológicas e innecesarias?

Pruebe usted un día lo contrario. Dese el lujo de ser impugnado. Acéptelo. No se pierda el privilegio de saber qué piensa en realidad, en lo más íntimo, hasta el más indigno y oscuro de los cubanos. Sienta la humilde curiosidad de verse emplazado y permítalo más allá de que sea justo o no. Si es justo agradézcalo porque usted saldrá ganando y si no lo es de seguro se desvanecerá por sí solo. De cosas así construyen su imagen los seres humanos, de ahí sale el recuerdo que dejará al final en sus semejantes. Somos un reflejo. Tengo hijos y no encuentro fuerzas para impedirles que se quejen de mí como les plazca. No es porque yo sea un hombre bueno, es que me muero por saber lo que piensan de mí y cómo lo piensan, que a veces es lo peor.

Por ejemplo, ¿sabe usted cuántos cubanos están descontentos con su salario y van descontentos a cualquier marcha del pueblo combatiente? ¿Sabe usted cuántos cubanos quieren viajar libremente o cuántos quieren tener acceso a internet? ¿Sabe usted que muchos de nuestros hospitales se encuentran en pésimas condiciones, que en ellos los pacientes esperan largas colas, a veces de toda una mañana porque no tenemos suficientes médicos? Peor aún, los servicios de urgencias son precarios en múltiples lugares, no hay suficientes ambulancias y las personas deben ir al hospital por sus propios medios en condiciones lamentables.

Y qué decir de los médicos. Viven con menos de veinte dólares por mes cuando en Cuba no se vive con menos de cinco al día y para colmo trabajan en pésimas condiciones.

La educación. ¿Cree usted que los cubanos están contentos con las escuelas al campo? ¿Sabe usted cuántos cubanos odiaron que sus hijos fueran llevados al campo en todos estos años? ¿Sabe usted que se ha llegado a amenazar con manchar el expediente de un alumno si no marcha a las labores agrícolas?

Exigir y criticar no significa destruir, eso es también algo natural. Puro aire. Muchos están cautivos por señalar problemas que ahora usted denuncia con palabras más fuertes. Hace algún tiempo uno de los represores del quinquenio gris compareció en TV y la polémica provocada, y en la que se vieron involucrados los intelectuales más importantes de nuestro país, no fue motivo del más mínimo comentario en los medios de prensa, y se trata de un asunto de capital importancia en la historia de los últimos cincuenta años.

Recuerdo ahora el dólar. Cuando todavía algunos guardaban prisión por tener el sucio y cochino dólar, como se le llamaba, el dólar comenzaba a ser despenalizado con tremenda naturalidad, o sea como el aire. Es que el aire no se puede penalizar, al menos no por mucho tiempo y le aseguro: los cubanos ni siquiera hemos respirado demasiado.

Trato de decirle que tenemos algo inevitable en común, somos cubanos y le aseguro en la misma proporción. No es un orgullo, es un destino y por eso un orgullo. ¿Ud. imagina al Padre de la Edad de Oro, al Mártir de Dos Ríos, quien tuvo el privilegio de morir sin haber herido a nadie, al hombre que en lo más cruento de la vida no dejó de cuidar a la Mujer, al Héroe Nacional suyo y mío -por tanto modelo y patrón- golpeando a una mujer o a un hombre en plena calle amparado en un poder frente al cual el individuo es un átomo, aunque sea un átomo de traición? No hay perdón para los actos de odio. El puñal que se clava en nombre de la libertad, se clava en el pecho de la libertad, dijo Martí.

Le pido pues, que prohíba agresiones como las que aquí le he narrado. En sus manos está que la Historia de Cuba no tenga que guardar en su memoria un acto más de villanía. Eso sí empaña a Cuba. Castígueme a mí si le da placer, pero castigue el odio, la represión y la violencia por deber, ante todo con usted mismo. Permita y pida que aquel que disienta lo diga cómo le plazca y sobre lo que le plazca mientras no ultraje ni agreda. Si un cubano se nos marcha herido y humillado cómo vamos a esperar que nos devuelva afecto. Esa no es una buena manera de defender la revolución.

Por último me limito a decirle que si llega ese momento de liberación y de él derivan consecuencias violentas para alguien y destructivas para la paz de Cuba puede contarme entre los suyos para impedirlo.

Alfredo Felipe Valdés
hijo de Loyda Valdés González
Dama de Blanco

 

Las esposas de los presos también están perdiendo la salud

María Benjumea

21 de enero de 2010

Sevilla, España – www.PayoLibre.com – La muerte de Gloria Amaya a los 81 años me hizo pensar en cómo estas señoras, aparentemente de acero, enfrentan enfermedades psicosomáticas más o menos graves que van minando poco a poco su salud. Gloria debió de ser un portento de la naturaleza para sobrevivir durante tanto tiempo a tal sufrimiento físico y moral, pero me temo que no todas las Damas tengan unos genes tan envidiables, ni una resistencia a la mala alimentación, al maltrato, a la tristeza y al estrés tan formidable.

Loyda Valdés, esposa del preso Alfredo Felipe Fuentes, no suele hablar de sus enfermedades, ni de si se siente deprimida, aunque sí de los sufrimientos de sus hijos. Pero me confiesa a veces que tiene “estrés”; todos sabemos lo que significa esta palabra en una persona que no se suele quejar: angustia y agotamiento físico. Ayer me contó además que su creciente hipertensión derivó en un episodio grave que la dejó postrada en la cama con un dolor de cabeza “que me la partía en dos”. La crisis le sobrevino en el transcurso de una reunión de las Damas, después de un agotador viaje desde Artemisa.

Esos actos de repudio contra ellas que vemos en los vídeos o leemos en las crónicas me los materializa en unos cuantos detalles: que le rompieran sus espejuelos, problema banal en nuestras sociedades pero muy complicado en la Cuba de hoy; temer perder su único par de zapatos con los que caminar; pensar que durante la persecución de las turbas de más de 3 Km. le subiera la tensión; no poder mantener la calma ante codazos y empujones durante las dos horas de horror hasta la casa de Laura Pollán.

Y la agonía para enviar unos documentos por Internet. Su esposo preso redactó durante varios años un documento de Revisión de Sentencia, en parte dictado por teléfono y en parte sacado en hojas manuscritas: 47 hojas en formato PDF, impecablemente redactadas, mecanografiadas por un amigo y vecino ahora exiliado en Estados Unidos. Hace casi tres años que espera la respuesta del Tribunal Supremo de Cuba.

El preso ahora desea que se envíe este documento a varios organismos internacionales de Derechos Humanos, junto con las cartas dirigidas al Tribunal Supremo y varios testimonios. Sólo encontrar ayuda para escanear estas páginas y asistir a un lentísimo proceso que llevó horas e incluso varios días le supuso a Loyda una tensión inimaginable. Con la ayuda de una periodista independiente, logró enviármelas a mí también. No se sintió recompensada desde luego cuando le conté que me respondió a un correo Dña. María Salazar, del Comité para la Protección de Periodistas, desde Nueva York, para informarme de que no habían recibido ninguna de las páginas.

María Salazar me respondió y pude reenviarle el documento, y además llamó a Loyda a Artemisa. Sin embargo, ninguno de los ocho organismos a los que me he dirigido y he adjuntado el documento me ha respondido, casi dos meses después. Decírselo a Loyda me da mucha pena: sé que todo ello no contribuye más que a su desesperación y a su sensación de abandono. Pero, ¿cómo ocultárselo?

Naturalmente que es el preso el que sufre más, pero a juzgar por sus cartas sus condiciones ahora en Guanajay “no son malas”: celda individual, respeto del director y los funcionarios, tranquilidad para leer y escribir, tiempo de deporte al aire libre, apenas censura de libros en la requisa. Su estoicismo no me engaña, ni su buen humor irónico y su optimismo. Sin embargo, su deseo de escribir algo para la prensa digital sume a su esposa en el terror de que una posible represalia dé al traste con las mejores condiciones que él ha conseguido a base de exigir que se cumpla el reglamento.

Loyda no le prohibiría publicar un artículo porque lo respeta, pero su preocupación de volver a los aún más duros días del pasado la llena de angustia: en Cuba ningún acto de libertad sale barato, y su condena sigue siendo de 26 años y él ya tiene 60. Otra presión más que no la ayuda a mantener la salud: ser la esposa o la madre de un héroe creo que debe de ser más difícil que ser el héroe mismo.

 

Amarse sin fatiga y sin receso

Por Manuel Vázquez Portal

Alfredo Felipe Fuentes cayó preso estando tan enamorado como treinta años antes cuando le prometió a Loyda Valdés que la haría feliz para toda la vida.

Apenas veintitrés años tenía Alfredo Felipe cuando tomó de la cintura a Loyda y la llevó a un hogar que dulcificarían a lo largo de tres décadas. Artemisa, un pueblecito disputado entre Pinar del Río y La Habana, los vio amarse sin fatiga y sin receso. Los vio estudiar, trabajar con ahínco, educar a dos hijos. La primavera de 2003 los sorprendió en la más larga luna de miel del mundo.

Loyda quedó como atrapada en una telaraña de penumbras cuando aquella tarde de marzo la policía política cubana arrancó de su abrazo al hombre que ha amado toda la vida. Se sentía como con los ojos vendados, no sabía dónde quedaba el lecho --en su mitad vacío-- ni qué hacer con el plato de la tarde.

Alfredo Felipe Fuentes había estudiado economía y desde su mesa magra hasta su ciudad hambreada sabía que la economía andaba mal, pero también sabía que la economía andaba mal porque la política del país era quien peor andaba. Lleno de amor, quijotesco tal vez, quiso desfacer el entuerto. Le costó la cárcel. A 26 años de prisión fue condenado por desear que el plato de las tardes se llenara en todos los hogares y la gente volviera a ser feliz.

Cuando aquella tarde de marzo lo separaron a la fuerza de Loyda, la única manera en que se separaría de ella, Alfredo Felipe era delegado del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos en la provincia de La Habana y miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela en Artemisa, pero lo acusaron de mercenario y no lo dejaron siquiera defenderse.

Hace casi siete años no disfruta de la mitad de su cama ni de su silla en la cabecera de la mesa hogareña, no puede acariciar a su hija cuando es asaltada por un ataque de epilepsia, ni aconsejar a su hijo cuando escribe poemas desolados. Pero dice que en mayo, cuando cumpla 61 años, su amor por Loyda y sus dos hijos será tan juvenil como al comienzo.

 

Sin respuesta revisión de causa de reo de conciencia
Eduardo León López

27 de diciembre de 2009

La Habana – www.PayoLibre.com – En una visita de apoyo espiritual realizada por Hermanos Unidos para el prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, el día 16 de diciembre, a través de su esposa, la señora Loyda Valdés González, se pudo conocer que aún están en espera de la respuesta del tribunal supremo para la posible revisión de la causa del reo.

Loyda dijo además que su esposo se encuentra en espera de un turno médico para una endoscopia, situación que está en manos de las autoridades del penal.

El reo tuvo visita el 23 de noviembre, la última de este año, la próxima debe ser en enero.

Loyda Valdés González reside en Calle 35 #4007, e/ 40 y 42, Artemisa, Provincia La Habana, Cuba.

Alfredo Felipe Puentes pertenece al Grupo de los 75. Fue condenado a 26 años de cárcel, y actualmente se encuentra recluido en la prisión de Guanajay, provincia La Habana.

Eduardo León López es presidente del grupo Hermanos Unidos.

 

Por culpa del bloqueo

María Benjumea

23 de noviembre de 2009

Sevilla, España – www.PayoLibre.com – La Dama de Blanco Loyda Valdés, me ruega que dé a conocer el caso del bloqueo de las transferencias en euros desde España a las esposas de los presos de la Primavera de Cuba. Ricardo Carreras, portavoz de Solidaridad Española con Cuba, ya lo denunció el pasado mes de julio en una entrevista a un popular programa de Onda Cero Radio, en Telemadrid, y ha vuelto a plantearlo en un comunicado hace unos días, entre otras cuestiones relativas a la represión y la situación de los presos. Sólo puedo explicar un caso, pero sé que desde España el dinero no les llega.

El verano pasado Loyda Valdés registró una interpelación ante la Fiscalía de la Provincia de La Habana, ante la negativa del Banco Popular de Artemisa a entregarle el dinero que yo le enviaba. Mi banco recibía un correo con un escueto mensaje: “transferencia denegada; el banco beneficiario no tiene autorización para hacerla efectiva a esta persona”. La Fiscalía le comunicó que había tramitado su petición, y que esperaba la respuesta del banco. Cuatro meses después, el banco no se ha dignado responder a la Fiscalía. Extraño, ¿un banco puede ignorar al Poder Judicial?

Animada por la actuación de la Fiscalía (cualquier cosa nos anima), hace una semana le volví a enviar todo el dinero reservado para ella desde hace un año, aún una modesta cantidad. El banco cubano envió un mensaje diferente: “transferencia denegada por decisión del banco beneficiario”. Es el director ahora quien asume la responsabilidad y desafía a la Fiscalía, creo entender. Lo que entiendo es que hay una orden de alguien de muy arriba para que se castigue a las Damas.

Para Loyda cobrar ese dinero se ha convertido en una cuestión de honor: que se le reconozcan sus derechos como ciudadana que no ha cometido ningún delito. Cuando le propongo (en clave) mandarle dinero en una caja de galletas, por ejemplo, o cualquier cosa así, se indigna y horroriza: ella no es una “delincuente”. Ni acepta que lo envíe en dólares a través de la organización “Plantados hasta la Libertad y la Democracia” de Miami, pues sería un subterfugio que le evitaría una molestia a la Fiscalía. Tampoco tiene parientes en el exterior que puedan ayudarla o visitarla. No hay manera.

Sé que el régimen cubano tolera que “Plantados” les envíe 50$ mensuales (que se quedan en 40); Loyda me explica que así pueden acusarlas de mercenarias del imperio americano. Me pierdo en estos vericuetos, pero analizo la situación de esta familia: padre preso, un hijo médico represaliado que no puede ejercer, una hija que no puede trabajar en ninguna empresa estatal, tres nietos de 9 a 15 años, una madre de 83 años que necesita transporte privado para ir al hospital. Inútil enumerar las necesidades y la escasez de la libreta; ni hablar de los precios de los artículos en divisa, muchos más caros que en España. Si no pueden “resolver” ilegalmente, como tantos cubanos, por no darle a la policía una excusa para perjudicar al preso, a mí no me salen las cuentas.

Otro abuso del que se habla poco, pero que es terrible, es que algún agente escuche nuestras conversaciones al teléfono (Loyda tiene pruebas, y el ruidito del aparato los delata), o te abra las cartas que les mandas. No me acostumbro. No tenemos nada que ocultar, no conspiramos; resulta ridículo que se pague a un sujeto para que escuche a dos señoras hablando de sus problemas domésticos, las diatribas con su jefe de una, las dificultades para llegar a La Habana de la otra.

O esas cartas destrozadas, y manoseadas. No soy diputada ni abogada; la correspondencia trata sobre todo de responder a sus preguntas o peticiones, o de distraerlos de su dura vida, de contarles cosas de la vida aquí, de la familia, de la política o de cualquier cosa. Todo está diseñado para humillarlos a ellos y a cualquiera que los apoya, y convertir su vida en un infierno.

Maria Benjumea
Solidaridad Española con Cuba.

 

Realiza UJDC nuevas donaciones humanitarias
Por Roberto Santana Rodríguez

16 de diciembre de 2005

La Habana – www.PayoLibre.com – La Unión de Jóvenes Democráticos de Cuba (UJDC) con sede en Candelaria, Pinar del Río realizó el pasado 13 de diciembre dos donaciones humanitarias a uno de sus miembros llamado Alberto Alemán Sánchez que se encuentra inválido luego de un accidente automovilístico y al preso político de los 75 Alfredo Felipe Fuentes.

La ayuda a Alemán, que se mostró agradecido, consistente en dinero, alimentos y aseo personal se efectuó en su domicilio, sito en calle 33 # 3206 del mencionado municipio pinareño de Candelaria, contando con la presencia de varios miembros de la UJDC encabezados por Alberto Hernández y Manuel González, presidente y vicepresidente de la organización por ese orden.

Posteriormente la directiva juvenil se trasladó al cercano municipio habanero de Artemisa para junto a miembros de la delegación de la localidad entregar 500 pesos a la familia del preso político de los 75 y sindicalista independiente Alfredo Felipe Fuentes, condenado en 2003 a 26 años de cárcel, en su casa de calle 35 # 4007.

“Este es un gesto lindo y admirable por parte de ustedes que recibimos con profundo agradecimiento”, dijo Alfredo Felipe (hijo) al recibir la contribución. Así mismo Loida Valdés, esposa del reo de conciencia también agradeció el gesto de los jóvenes opositores vía telefónica.

Estas dos ayudas humanitarias se unen a la que recientemente realizara la UJDC a la familia del preso político, periodista y sindicalista independiente, también de los 75, Víctor Rolando Arroyo Carmona. En este sentido Alberto Hernández dijo que continuarían realizando estos esfuerzos para ayudar a quien lo necesite tanto opositores como presos políticos.

Historia de amor con caballero y dama
Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba 24 de agosto de 2005 (www.cubanet.org) - Cuando a Loyda le visitaron para entregarle los bombillos ahorradores que se están repartiendo a la población cubana, respondió que a su casa le faltaba la luz más importante, refiriéndose a su esposo Alfredo Felipe, condenado a 26 años de prisión durante los procesos de abril de 2003.

Desde aquella jornada su alma pena por el alejamiento forzado e injusto de un amor que tres décadas de unión matrimonial no han logrado debilitar. Pero más allá de las razones políticas esgrimidas para materializar esta separación, incluso de la situación en que se encuentra el prisionero de conciencia, éste es un acercamiento a una pareja de enamorados que ante las adversidades se ha crecido poniendo más amor en su camino.

Escuchar hablar a estos cónyuges del cariño que se tienen es la mejor prueba del sentimiento mutuo que les une. Dicen que la época presente no es propicia para los afectos sinceros, y para confirmarlo se acude a la sentencia de un canto popular que tuvo mucho éxito en Cuba hace pocos años sobre el hecho de que entre nosotros se perdió el querer. Sin embargo, historias como la de Loyda y Alfredo desmienten ese criterio.

Se conocieron en la etapa en que eran estudiantes de la secundaria básica Eduardo Egea, en su natal Artemisa. Loyda rememora aquel primer encuentro en la etapa de escuela al campo, donde un gesto de Alfredo que ella califica de machista provocó el encontronazo entre ambos. Él había dejado la bandeja sucia con cierto aire de superioridad por su mayoría en edad y grado que cursaba. El gesto provocó la llamada de atención de la entonces jefa de la brigada de cocina. Este detalle permaneció en la mente de ambos en otra estancia de trabajo en el campo donde se hicieron novios.

Esto ocurrió en un sitio nombrado Los Pinos de Portugués cuando Alfredo, ya en el servicio militar, aprovechaba sus pases para merodear por el campamento de estudiantes. En una de sus visitas le anunció sin muchas ceremonias que vendría de nuevo para verla especialmente a ella. Aquel día nació un romance que ya cumplió 34 años.

Después comenzaron las visitas a la casa, una formalidad que estaba aún vigente entre las familias cubanas.

Una de las primeras características que Loyda apreció en Alfredo era su constancia y diligencia. No se amilanaba por nada ni se dejaba impresionar con facilidad, ni siquiera ante la seriedad con que lo recibieron los padres de la novia. Formalmente les dio su palabra de cumplir a cabalidad el compromiso contraído entonces. Muy pronto Loyda comprendió que aquellas relaciones serían difíciles de conciliar, pues el joven demostraba cierto talante contestatario, gustaba leer de forma independiente temas y libros que para ella eran todo un descubrimiento.

Esta situación creaba tensiones en la relación. Un día sus padres notaron algo extravagante en el vestuario del visitante. Dos cruces negras resaltaban en ambos extremos del cuello de la camisa. Pero lo peor vino cuando vieron otra de gran tamaño que cubría toda la espalda de la prenda de vestir. Cuando incitada por los mayores fue a pedir una explicación sobre esta extraña ornamentación la respuesta que recibió fue tajante. Además de no dar ninguna razón, Alfredo hizo entender que existía una frontera que no debía ser rebasada. O lo aceptaba como era o no podrían seguir el noviazgo.

Loyda lo entendió y optó por el amor. Así se casaron un 4 de diciembre, ella con 17 años y él con 22.

Después de nacido el primer hijo, que lleva el nombre de Alfredo como su padre, deciden reanudar los estudios. Entonces él trabajaba como administrativo de una empresa constructora. Al principio Loyda le repasa las asignaturas que tenía mucho más frescas en la memoria, pero después fue Alfredo quien se convirtió en su profesor de cálculo, derivadas e integrales. Las pruebas de ingreso y los cursos de superación les llevaron a las puertas de la Universidad, donde matriculan Economía, en horario especial para trabajadores.

Estudiaban y trabajaban al mismo tiempo. Fueron tiempos de muchos desvelos, pues tenían que aprovechar el sueño de su niño duplicando de esta manera las horas que se hacían escasas y limitadas. En 1980 se graduaron y junto con el título les nace su niña Dayneris.

Si alguna vez Loyda sintió celos fue por la atracción que el ajedrez ejercía sobre su esposo. Ella no gustaba ni comprendía aquel difícil juego, pero por no dejar de compartir tiempo con su pareja fue venciendo la adversión hacia el deporte de los trebejos para adentrarse en sus complejidades. Mientras le acompañaba tomaba las notas de cada movida en los eventos donde él participaba.

El primer choque social se produce cuando una plaza en el Mariel le es denegada a Alfredo a pesar de su expediente y resultados académicos. La falta de integración política y la actitud mantenida en el plantel universitario dejaron pesadas huellas en la evaluación ideológica del educando. En San Cristóbal ambos consiguen ubicación en la Empresa de Alimentación, él como jefe económico y ella de contadora auxiliar.

Alfredo demostró una capacidad e interés poco frecuente en el desempeño de aquella responsabilidad. Luchaba los recursos del estado como si estos fueran propios. Loyda manifiesta que si todos los que dicen ser revolucionarios hubieran hecho igual quizás las cosas fueran diferentes. Sentados uno frente al otro en el departamento de Estadística municipal hacían un equipo tremendo donde no quedaba espacio para el aburrimiento o el tedio que suele producir el contacto diario entre un matrimonio.

El carácter ahorrativo -quizás pocos ahorren tanto como él la electricidad y otros recursos no renovables- y la seriedad de su trabajo daban motivo a la confianza depositada por sus superiores. Los informes que enviaba con datos importantes ni siquiera eran verificados por los tecnócratas que venían a buscarlos para llevarlos a otros niveles. Todo lo pedía y daba por escrito, costumbre que le permitió conservar un gran archivo que demuestra su eficiencia. Esta manera precisa de ejercer su labor le ganó el apodo de "rosca fina". Ella sonríe al rememorar este detalle.

Luego su rostro retorna a la gravedad cuando recuerda cómo al solicitar el lugar vacante en el banco de su pueblo, no se le concedió. Al parecer le seguía faltando lealtad política hacia el sistema y el resultado de que la evaluación técnica de Alfredo Felipe estaba lastrada con recomendaciones de tipo ideológico le vetaba la calificación de excepcionalmente positivo que le correspondía y con ellas la posibilidad de trabajar en ese puesto. Un nuevo motivo de decepción.

Otro rasgo que distingue a este hombre sencillo son sus valores humanos. Recuerda que le compró una jaba de naranjas a una anciana que trataba penosamente de vender su carga, sin pensar que tenían el viandero lleno de estas frutas. Por cosas como ésta supo ganarse el respeto de los revolucionarios de su pueblo, muchos de los cuales hoy se preocupan constantemente por su situación.

En pleno período especial, cuando la economía domestica se tornó compleja, empezó a llevar frutos del campo hacia La Habana y desde la ciudad artículos industriales deficitarios en su localidad haciendo funciones de un verdadero mercader. Confeccionaba plantas de soldar y hasta buscaba obtener con su inventiva algún premio en la Asociación de Racionalizadores. Se dedicó a pulir pisos y a vestir de granito las cocinas y baños. Por eso se ofende al escuchar la acusación absurda de mercenario hecha a un hombre que sudó tanto la camisa para mantener la familia. El día antes de ser detenido había traído de la capital varios peines y tomacorrientes comprados en las tiendas de venta minorista de moneda nacional.

Entró a formar parte de la oposición en Armonía, con Indamiro Restano, y posteriormente, durante la campaña cívica por el Proyecto Varela, dedicó mucho de su talento, esfuerzo y sacrificios en la divulgación y colecta de firmas en la región de Artemisa y en sus aledaños, actividad en la que una vez más contó con el acompañamiento de Loyda, quien en este caso fungió casi como su secretaria.

Ahora desde la prisión esta historia de amor sigue llenando páginas hermosas. La preocupación se pone de manifiesto y el temor del esposo por su compañera que vive estos momentos duros hizo brotar en ella la poesía.

No te preocupes por mí
conozco la fortaleza
casi al borde de la infancia
me atravesé en tu trillo
haciendo que me miraras
aunque parecía un grillo.

No sé porque me viene la imagen de aquellas historias de caballería en las que el guerrero se disponía a enfrentar todos los peligros para rescatar a la amada. En ésta los términos se han invertido. Revestida de una coraza de sentimientos y con la espada de su palabra, esta mujer se echó al ruedo para romper cuantas lanzas sean precisas por sacar del encierro a su caballero cautivo. La fuerza del amor le da la confianza suficiente para saber que más temprano que tarde tendrá a su lado al novio de toda la vida para seguir compartiendo juntos muchos años de felicidad.

Un árbol de Navidad por la esperanza
Ana Leonor Díaz, Grupo Decoro

LA HABANA, diciembre (www.cubanet.org) - Es una mujer sencilla, de una modestia admirable; y no pretende que la consideren poetisa, pues "las ideas rimadas" venían espontáneas a su mente cuando repasaba los momentos de marzo y abril de 2003, cuando su esposo de toda la vida, de 53 años, fue condenado a una virtual cadena perpetua de 26 años de prisión por su condición de disidente del régimen.

Se trata de Loyda Valdés, una artemiseña que dijo que su mundo se vino abajo tras la ola represiva en que 75 disidentes y periodistas independientes fueron arrestados y sometidos a juicios sumarios por su oposición pacífica al régimen.

Su esposo, el economista Alfredo Felipe Fuentes, era director de la Agencia de Prensa de Occidente, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba (CUTC) y director de la biblioteca independiente "Emilio Masperó", "delitos" por los que fue condenado a 26 años de prisión.

En las frecuentes reuniones de las Damas de Blanco, como se conoce al grupo de esposas y madres de los 75 presos de conciencia, Loyda ha narrado, en forma versada, cómo su estabilidad familiar fue interrumpida y cambiada de pronto por el encarcelamiento de su esposo y el trauma que para ella y sus dos hijos ha ocasionado el hecho, agravado por el largo vía crucis que debe recorrer para visitarlo, ahora cada tres meses, hasta la prisión de Guamajal, en la provincia Villa Clara, distante 300 kilómetros de su vivienda en Artemisa.

Durante más de un año traté de persuadir a Loyda para que diera a conocer sus "pensamientos en verso", y si ahora accede es porque, luego de la esperanza que levantaron en los familiares de los 75 las recientes excarcelaciones de 14 de ellos, todos enfermos, ha visto con tristeza que su esposo, traído en las últimas semanas a chequeo médico junto a sus hermanos de infortunio, fue devuelto a la prisión villaclareña sin más explicación.

Ella y su familia, junto a otras 61 mujeres, deberá pasar con tristeza y soledad por segundo año consecutivo las próximas fiestas de Navidad. De esas reflexiones salió lo siguiente:

El arbolito de Navidad

Ha llegado otro diciembre,
Dios nos llama a celebrar,
enciendan el arbolito porque llegó Navidad.

Humo y olores se esparcen. ¡Vamos todos a cenar!
Sacad sus mejores galas el día de Navidad,
y démonos un gran beso que cierre otro año más,
que abra el venidero con mucha prosperidad.

Preparen sus cartas, niños,
los Reyes Magos vendrán
y traerán muchos regalos que harán su curiosidad.

Celebre todo el que pueda; yo no puedo acompañar,
me han quitado este diciembre mi árbol de Navidad,
el humo de Nochebuena, mi traje de festividad,
el beso de fin de año, mi vestido de comenzar,
El rey mago de mis sueños, mi gran felicidad.

Ahora ven por qué no puedo,
no puedo yo festejar,
porque me han encarcelado
mi árbol de Navidad.


El tiro le salió por la culata
Emilio Rodríguez. Cubanacán Press

SANTA CLARA, junio 22 (www.cubanet.org) - Mucho se ha especulado sobre el objetivo real perseguido por el gobierno cubano al desatar la ola represiva de marzo de 2003, en la que 75 periodistas independientes y disidentes de la mayor de las Antillas fueron condenados a penas de entre 6 y 28 años de cárcel.

Para algunos, se trataba de un ardid destinado a lograr a corto o mediano plazo un canje por los cinco espías cubanos condenados por una corte de los Estados Unidos. Para otros, el motivo era la pujanza que venía tomando la oposición interna, y la necesidad de neutralizarla en aras de que no peligrara la existencia del régimen. Lo cierto es que, por una razón u otra, lo que le falló al gobierno fue el resultado de su maniobra.

A simple vista la cuenta se redondea fácil: 75 disidentes encarcelados es igual a 75 familias que se suman al descontento hacia el sistema, para ser conservador y no decir que son 75 familias que se suman a la oposición.

Pero existe otro cálculo que falló a la hora de arremeter en esa magnitud contra simples y pacíficos opositores, y es el de la unidad y la fraternidad que generó aquel disparate, porque nadie es ajeno a las múltiples diferencias que existían hasta entonces entre las diferentes tendencias y facciones de la disidencia interna, muchas veces trasladadas al exilio o a la inversa.

A partir de ese día se comenzó a experimentar un sentimiento de unidad nunca antes visto. A lo largo y ancho de la Isla las diferentes organizaciones opositoras comenzaron a preparar condiciones para recibir a los familiares de los disidentes encarcelados que habían sido desterrados a cientos de kilómetros de sus hogares, sin importar qué línea o tendencia política defendieran.

En la ciudad de Santa Clara, el Movimiento Cívico Nacionalista Cubano, con la colaboración oportuna del Presidio Político Histórico Cubano (Casa del Preso) primero, y de la organización Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba después, emprendieron la ingente labor de brindar hogar y afecto a las angustiadas familias.

Recuerdo que el primero de los "75" en tener acceso a la conocida visita de aseo, reglamentada en las prisiones cubanas para aquéllos que ingresan a un centro penitenciario, fue Héctor Maseda Gutiérrez, el día 9 de abril de 2003. Para esa fecha, la dirección nacional del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano había hecho las coordinaciones necesarias con la esposa del reo de conciencia, Laura Pollán Toledo, quien resultó ser el primer huésped de lo que se denomina "Programa de atención a familiares de presos políticos".

Pero también recuerdo un caso doloroso que, por desconocimiento, o por aquello de no "molestar", no se acogió a la ayuda que el proyecto ofrecía; me refiero a los familiares del prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, y traigo a colación el caso, porque en él se ejemplifican la unidad y la fraternidad que provocó el dislate del régimen.

La dirección del proyecto tuvo conocimiento de que Loida Valdés, esposa de Felipe Fuentes, y su cuñado pernoctaban en la terminal de ómnibus de Santa Clara. Ahí esperaban el amanecer para asistir a la visita del reo de conciencia, confinado desde su llegada a la provincia de Villa Clara en la prisión de Guamajal.

Los alimentos destinados al disidente encarcelado venían elaborados desde Artemisa, en la provincia Habana, a más de 300 kilómetros de Santa Clara. Nunca lo dijo, quizás por esa humildad que la caracteriza, pero es lógico que muchos de esos alimentos llegaran en mal estado. Por otra parte, Loida padece de epilepsia, que la obliga a mantenerse siempre acompañada por su cuñado.

Conocido el caso y logrado el contacto, Loida fue esperada por miembros del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano en la estación de ómnibus en septiembre de 2003, y alojada en el domicilio de Celestino Hernández Gutiérrez quien, desde entonces, es su anfitrión.

Muchas han sido las experiencias vividas por quienes intervienen en el proyecto. El primer encuentro con cada familiar -y lo sé porque he sido parte de ello- fue muy emocionante. Tanto Laura Pollán como Beatriz del Carmen Pedroso o la propia Loida Valdés, incluso Yolanda Vera, la esposa del también prisionero de conciencia Pedro Argüelles Morán, que ya no está en Santa Clara, pero también recibió esa atención, recordarán el primer arribo a la estación de ferrocarriles de Santa Clara, donde un pequeño grupo de personas a las que jamás habían visto, las esperaban sosteniendo en alto un letrero con el nombre de cada una de ellas, para que pudiesen identificarse.

Pero también se han vivido momentos aciagos, en los que las autoridades decidieron suspender la visita por cualquier motivo, o en los que fue expulsado del salón de espera de la prisión alguno de los miembros del proyecto que las ha acompañado en cada visita para ayudar con los paquetes. No obstante, todo ello es recompensado con la atención que reciben. Ninguno de nosotros olvidará a "Nenito", un hombre que hace muchos años dejó de ser joven, corriendo en bicicleta bajo un torrencial aguacero para que Julio César Gálvez pudiese tener el pomo de refresco que con el apuro y las preocupaciones Beatriz del Carmen había dejado sin darse cuenta en el refrigerador.

Y es eso precisamente lo que ha logrado el régimen con su obstinado proceder: una hermandad sin límites, en la que todos se han ido convirtiendo en una gran familia. Nadie sabe cuánto tiempo durará el martirio de los presos políticos en las cárceles cubanas, pero lo que sí es un hecho es que la unidad, la hermandad y la fraternidad entre aquéllos que comparten el mismo dolor serán por siempre. Después de todo, y a pesar de sus maquinaciones, al régimen el tiro le salió por la culata.

Envían a la prisión de Guamajal a sindicalista independiente

NUEVA GERONA, marzo (Carlos Serpa Maceira, UPECI / www.cubanet.org) - El sindicalista independiente y prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes, hospitalizado en la sala de penados del hospital Celestino Hernández Robau, en la ciudad de Santa Clara, región central de Cuba, ha sido trasladado para un destacamento de la prisión Guajamal, en la periferia de la ciudad.

Fuentes tuvo que ser hospitalizado cuando se le diagnosticó pulmonía, según comunicó Tomás González Coya, presidente del opositor Movimiento Cívico Nacionalista Cubano.

Alfredo Felipe Fuentes, miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos (CUTC), integraba, además, el Comité Gestor del Proyecto Varela en el municipio habanero de Artemisa. Fue arrestado en marzo de 2003 durante la ola represiva contra la disidencia interna y sometido a juicio sumario en abril. Fuentes fue condenado a 26 años de privación de libertad.

La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), la Confederación Italiana del Trabajo (CIT) y la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) enviaron mensajes al gobernante cubano Fidel Castro pidiéndole la liberación inmediata de Fuentes y otros seis sindicalistas presos en Cuba.


Cambia la ubicación prisionero de Conciencia
2 de marzo de 2004
Servicio Radiofonico de Nueva Prensa Cubana

El prisionero de conciencia Alfredo Felipe Fuentes fue trasladado la pasada semana desde la sala de penado del hospital Celestino Hernández Robau, de Santa Clara, para un destacamento de la prisión Guamajal, ubicada en periferia de esa ciudad.

Alfredo Felipe Fuentes estuvo ingresado con neumonía, dijo a Cuba Press Tomas González-Coya presidente del Movimiento Cívico Nacionalista Cubano. "Es el primero de los 6 integrantes de la causa de los 75 que se encuentran en penitenciaria de Santa Clara que es trasladado para un destacamento", acotó la fuente.

Alfredo Felipe Fuentes quien integraba el comité Gestor del Proyecto Varela en Artemisa provincia Habana, fue condenado a 26 años de cárcel durante los procesos sumarios de abril de 2003.

Isabel Rey Rodríguez/CubaPress/NPC


PRESO POLÍTICO Y DE CONCIENCIA CUBANO

Nombre.- Alfredo Felipe Fuentes
Condena.- 26 años de privación de libertad en la ola represiva del 2003
Profesión.- Licenciado en Economía
Estado Civil.- casado
Características generales.- Honrado, Modesto, Afable, Respetuoso.


Organizaciones y Cargos en la Oposición Pacífica

- Presidente del Centro no gubernamental de Derechos Humanos y Cultura de Paz “José de la Luz y Caballero”.
- Director de la Agencia de Prensa en Artemisa
- Miembro del Comité Ciudadano Gestor del Proyecto Varela.
- Miembro del Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos.
- Director de la Biblioteca Sindical Independiente “Emilio Maspero”
- Periodista Independiente, y miembro de la Sociedad de Periodistas de Cuba Manuel Márquez Sterling.

En 1985 la dirección del centro laboral donde trabajaba, lo despojó de la máxima evaluación técnica, por recomendaciones políticas, y lo impugnó ante varias instancias, no logrando su objetivo. La parcialización política aplastó su reclamo.

En 1991 inexplicablemente a pesar de su profesionalidad y honradez quedó desempleado. Le faltaba la principal exigencia, la lealtad política al régimen. Ya víctima de la privatización política del empleo, se vinculó a la oposición pacífica, como respuesta al atropello político.

YA EN LA OPOSICIÓN PACIFICA

El 13 de marzo de 1995 el directivo del Centro de Derechos Humanos y Cultura de Paz, “José de la Luz y Caballero” del cual formaba parte, presentó al Ministerio de Justicia de Cuba, la petición de registro oficial para la organización, pero pasaron siete años sin recibir respuesta.

En 1996, es interrumpida su tranquilidad hogareña, por una banda paramilitar con la intención de amenazarlo e intimidarlo. Es objeto del desamparo oficial, al no aceptar las autoridades su denuncia.

En 1997 la policía registra su casa y confisca artículos legalmente adquiridos, que utilizaba para ganarse la vida, lo arrestaron, a la vez que presionaban a su esposa para que lo convenciera de que abandonara la oposición.

El 10 de febrero de 2001, fecha en que asumió la presidencia de la organización, presentó quejas ante la Fiscalía Municipal por la violación del Ministerio de Justicia al no darle respuesta a su solicitud.

El 14 febrero de 2001 Recibió una comunicación de la instancia municipal donde comunicaron la queja de la instancia provincial, y que posteriormente se le daría curso en la Fiscalía General de la República.

El 15 de marzo de 2001 recibió acuso de recibo de la Fiscalía General donde le comunican que la tramitación estaría a cargo del Ministerio de Justicia, o sea de los violadores.

El 28 de marzo de 2001 se dirige nuevamente a la Fiscalía General con interrogantes obvias. Aún el Ministerio de Justicia no había respondido, la Fiscalía General no ha actuado y a la víctima de estos atropellos, los tribunales le potenciaron aún más su condición, condenándolo a 26 años de privación de libertad.

En el 2001, se arrecia la represión a causa de algo nuevo que atrajo la atención del cuerpo represivo, y que no fue otra cosa que el Proyecto Ciudadano Varela.

Aquí comenzaron los acosos de la policía política en la calle, las visitas intimidatorias en su vivienda. Se lo llevaban en autos policiales hasta las afueras del pueblo con el fin de amedrentarlo. Fue citado por la Fiscalía Municipal en presencia de la seguridad del estado pidiéndole que abandonara el Proyecto Varela, aunque contradictoriamente quedó establecida por esa instancia la legalidad del Proyecto.

La policía política suspendió el curso que impartía para la formación de Instructores Públicos de Derechos Humanos – Tema tabú en el sistema educacional cubano- Su vivienda ha sido objeto de constante vigilancia.

En este medio hostil, logró con los colectores a su mando, un reconocido trabajo en la recogida de firmas para el Proyecto Varela, pero la Seguridad del Estado, estaba dispuesta a detener el auge social de este proyecto, y aunque no fue objeto de interés en el juicio oral, ni agredido abiertamente en su sentencia, fue la causa principal de su encarcelamiento.

Si todo esto ocurrió cuando teóricamente tenía sus derechos, ahora que han sido formalmente retirados, es de imaginarse el recrudecimiento de los atropellos ha que es sometido.

Desde marzo del 2003, como su esposa comencé a agrupar esfuerzos para su liberación haciendo uso de la legalidad estatal. Acudí a personalidades y organismos gubernamentales cubanos. Logrando solamente respuestas esquivas, negativas y en el menor de los casos desatención, equivalentes al desamparo oficial.

Las autoridades cubanas dando un mal ejemplo de respeto a la Constitución han reprimido de manera violatoria mis esfuerzos. Por ello pido a personalidades, organismos internacionales y gobiernos respetuosos de la democracia, así como a personas de buena voluntad que intervengan en la situación de mi esposo.

Gracias.

Lic. Loyda Valdés González

Dirección particular.
Calle 35 No. 4007 entre 40 y 42
Artemisa, La Habana-Cuba
Teléfono (63) 36 36 22