| ARTICULOS: AGOSTO 2005 | ||||||
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3 de agosto de 2005 www.PayoLibre.com - Sobre las prisiones en Cuba hay muchas cosas que decir. Desgraciadamente todas están ligadas a la familia de los condenados, y digo esto porque sufrir en la isla dicho estatus de prisionero por cualquier tipo de delito es muy difícil, pero el de preso político o de conciencia es mucho más terrible en todos los sentidos./ Desde que algún hombre o mujer comienza en Cuba a hacer prevalecer sus derechos, y se da a la lucha por la libertad del pensamiento, la familia comienza a ser reprimida. Muchas anécdotas pudieran contarse y todas dando fe a la verdad, pero decir sería muy poco cuando nos referimos al sufrimiento y al desequilibrio que provoca el aparato represivo contra los familiares más allegados, incluyendo los niños, por ser la parte más vulnerable. En Cuba conocí a muchas esposas, madres e hijos de prisioneros políticos, entre ellos un alto número de los familiares de los 75 condenados en la última ola represiva del 18 de marzo 2003. No porque estos sean los únicos condenados por asuntos políticos, porque existen muchos más por estas causas que están cumpliendo largas condenas desde hace muchos años, en diferentes penitenciarias a lo largo y ancho de la isla, aunque sus nombres no se escuchen, y otros no se conozcan. Puedo afirmar que la crueldad de los mecanismos del gobierno cubano sobrepasan los límites de la injusticia contra los inocentes, y digo así argumentando lo sucedido a Frank Samuel, un niño de apenas cinco años que se enfermó de tristeza ante tantas vivencias desgarradoras. Este niño a quién me refiero es el hijo de Omar Moisés Ruiz, uno de los tantos periodistas independientes encarcelados y sometido a largas condenas. El día del registro en su hogar el pequeño presenció como más de una docena de efectivos de la policía nacional y política revolcaron su vivienda y se llevaron todo lo que les vino en gana. El pequeño a pesar de su corta edad gritaba a los gendarmes que no se llevaran las cosas de su papá, mientras lloraba desconsoladamente. Nadie lo escuchó y el pequeño al saber por la madre que a su papá lo habían encarcelado enfermó de tristeza. Dejó de reír y de jugar, solamente abrazado a la foto de su padre permanecía horas y horas sin poder comprender de injusticias. A causa del propio estrés fue hospitalizado por sangramiento gástrico y vómitos. Después de muchas investigaciones clínicas se le diagnosticó una úlcera gástrica. La vida de Frank Samuel comenzó a cambiar, totalmente estresado y al tener que quedar al cuidado de otras personas para que su mamá pudiera trasladarse a ver al padre a miles de kilómetros de distancia, así como realizar gestiones para lograr una defensa el día del juicio. Después de la condena de 18 años, daba pena ver a la madre con el pequeño por la mano trasladarse durante catorce horas en un viejo tren hasta la parte más oriental del país para poder asistir a las visitas. Los dos sometidos a hambre y sed, y con los bultos a cuesta hasta el penal. De regreso de la cárcel muchas veces se vio al niño dormido sobre los maletines largas horas esperando una vía de transporte para poder trasladarse al hogar villaclarense. Otro caso muy conmovedor es el de la familia del prisionero de conciencia Omar Rodríguez Saludes, condenado a 27 años de privación de libertad por ejercer la libre expresión, en marzo del 2003. Su esposa, Ileana Marrero, quedó desamparada con tres niños: dos varones y una hembra recién nacida. A ningún gobernante en la isla le interesó la suerte que correría esta mujer y trasladaron a su esposo Omar, para la provincia de Camagüey a muchos kilómetros de distancia de su hogar enclavado en la barriada de Lawton, en La Habana. A partir del encarcelamiento, el hijo mayor de solamente 15 años tuvo que tomar las riendas de la familia en todos los sentidos, incluso cuidar a los dos pequeños hermanos, de 7 años y 6 meses de nacida, para que su madre pudiera trasladarse a tal distancia a las visitas del penal. Todo esto bajo la más terrible represión de la policía política que nunca dejó de acechar a todos los familiares de los prisioneros, incluso amenazándolos con condenarlos a ellos también si comentaban las condiciones en que se encontraban los reos. El niño de 7 años ha tenido que sufrir en la escuela la burla de los demás educandos incluso el desprecio y la falta de atención por parte de algunos maestros, tan sólo por ser hijo de un prisionero político. Casos como este puedo nombrar además el de Regis Iglesia con dos hijas adolescentes, o el de Ricardo González con hijos pequeños, y otros más que en condiciones muy desfavorables enfrentan la pena de sobrevivir separado de su padre y condenados a la burla y al desprecio de la sociedad que se cree dueña de la verdad. Otro caso de señalar es el de Gisela Delgado, esposa de Héctor Palacios, quien fue trasladado para cumplir su sanción a la parte más occidental del país, y que fue intervenido urgentemente de vesícula y sometido al peor de los cautiverios hospitalarios a pesar de su estado delicado de salud. Mientras, su esposa no dejó de ser acusada de dar informes a la prensa independiente y extranjera, ser perseguida, vejada y acosada sin cesar por el aparato represivo cubano. Y muy pocas veces le permitieron ver al esposo a pesar de las condiciones de salud en que se encontraba. Mi caso personal es otro que puede dar una visión bien clara del sufrimiento y el desequilibrio que sufren los familiares de los presos políticos. El 18 de marzo del 2003 mi vivienda fue allanada por un alto número de miembros de la Seguridad del Estado. Pusieron hasta los colchones sobre el piso. El registro fue minucioso, y extremo, y digo así porque buscaron hasta en el tanque de la tasa del baño. Todo esto delante de mi anciano padre, mi hija y mi nieta, en aquel entonces de 6 años. Mi hija se atacó de los nervios y la niña gritaba sin parar creyendo que me iban a hacer algo porque mientras registraban no me dejaban mover del lugar contra la pared donde me acosaban dos militares uniformados, y más de 5 revolcaban la vivienda sin escrúpulos. Todo parecía una locura. Pregunté qué buscaban, pero nadie me respondió. Después del registro donde me decomisaron todas las bibliografías que poseía en la biblioteca independiente que dirigí por muchos años me condujeron al Departamento de la Seguridad del Estado sin que nadie supiera los cargos imputados. Pasado varios días comencé a cumplir privación de libertad domiciliaria bajo las siguientes instrucciones de cargos: -Atentar contra la soberanía nacional, espía de la CIA, Mercenaria. Trabajar para una potencia extranjera, etcétera.- Por esta causa mi anciano padre sufrió una elevada tensión arterial y tuvo que ser atendido por el médico, varias veces. Mi hija se atacó de los nervios y no hacía más que dar gritos, al igual que la pequeña que comenzó a padecer de úlcera gástrica y queratosis (enfermedades ocasionadas por el sistema nervioso central), teniendo que ser atendida por sicólogos y psiquiatras. Muchas fueron las noches sin poder dormir de mi padre, hija y nieta, acosados por un operativo que permaneció durante semanas frente a mi domicilio, provocando con su abuso de poder un terror enorme a mis familiares. Además de los llamados de alerta si hacían la denuncia ante la prensa internacional o independiente. Pero esto no fue todo, mi hija fue citada para la Unidad Policial más de 5 veces exigiéndole que me obligara a alejarme de la prensa independiente y regresar a la sociedad, de lo contrario sabía lo que me podía pasar a mi y a toda la familia. Una tarde en que fue a recoger la niña a la escuela una turba callejera le dio, frente al centro escolar, un mitin de repudio acusándola de ser hija de una contra revolucionaria, espía de la CIA, y otras blasfemias más. Igual mitin le habían propiciado el año anterior en el hospital donde laboraba como profesional, gritándole ser hija de una escoria, traidora, y contra revolucionaria, entre otras ofensas que degradan la moral de cualquier ser humano. Todo esto le ocasionó a mi hija la expulsión de su centro laboral, y el constante acecho de la policía política, la cual no ha dejado de acecharla en un sólo momento, amenazarla e intimidarla de diferentes formas. Toda esta represión le ha provocado fuertes crisis nerviosas, enfermedades en la piel, trastornos tiroideos, y también al igual que a su pequeña hija una úlcera gástrica con crisis a repetición. Otro caso es el Martha la anciana madre de Víctor Rolando Arroyo, periodista encarcelado, que después de someterla a un intenso registro, y enorme decomiso de sus pertenencias, no dejaron de cesar en su vivienda los operativos, las amenazas y los cortes de la línea telefónica, entre otros atropellos aparentemente solapados. Casos como estos están ocurriendo en la isla contra toda la familia de los presos políticos, los cuales sufren de las mismas o peores condenas a que son sometidos los reclusos, como método de venganza e intimidación para proporcionarles mayor sufrimiento a los familiares de los reos. No solamente los involucran en hechos comunes por cualquier causa, los acosan constantemente, y los intimidan si denuncian al mundo las condiciones infrahumanas en que viven los reclusos. A todos los familiares los mantienen en constante vigilancia policial, para evitarles ofrecer entrevistas a la prensa acreditada en la isla o a la prensa independiente que informa para el exilio los abusos y agresiones a que son sometidos; y si alguno se atreve a hacerlo burlando el cerco policial la represalia es terrible. Conozco casos que han tenido que hacer las denuncias bajo seudónimo. Otras comentar el suceso y pedir de favor que no mencionen al prisionero, muchas veces tragarse la verdad por miedo y así sucesivamente porque la policía política en Cuba no descansa de rastrear a los familiares y de tomar fuertes represalias contra cualquiera de ellos. Muchas esposas, madres, e hijos de prisioneros de conciencia han sido amenazados con encarcelarlos a ellos también, incluso endurecer aún más las condenas de los presos, si asisten a lugares públicos donde se efectúen actos opositores, o formulen alguna denuncia sobre las cárceles o los reos políticos. Para que el sufrimiento familiar sea más cruel e inhumano, no sólo envían a los prisioneros a cumplir las condenas a distancias abismales de sus domicilios, sino que les distancian las visitas de tres a cuatro meses, y a dos horas por vez, en cubículos cerrados con candados y muy bien custodiados por militares armados hasta los dientes. No les permiten Biblia, ni libros que toquen temas libres. A muchos no les permiten llamadas telefónicas. A otros no le llega la correspondencia y a los que les llegan vienen abiertas. Y muchas veces en mal estado. La familia después de miles de sacrificios económicos resuelve la jaba del día de la visita con alimentos para tres o cuatro meses, y esta jaba es requisada por los custodios donde le decomisan cualquier alimento que ellos determinen prohibido. A las mujeres después de una amplia revisión, les revisan la vagina para evitar penetren dentro de ella objetos como, perforo cortante u otros utensilios prohibidos. Es decir, todo es a través de métodos represivos, con el fin de desequilibrar tanto a los familiares como a los reos. Otra de las cosas que jamás podré olvidar y que es un testimonio del sufrimiento familiar fue lo que me ocurrió cuando mi hijo fue detenido y condenado en una de las cárceles de la provincia de Villa Clara, por una supuesta entrada ilegal al país. Después de 16 días de incomunicación en los órganos de la Seguridad del Estado de ese territorio, y cansada de vagar sin rumbo por todas las unidades represivas en su busca, lo localicé. Allí fui atendida de forma muy despótica y después de esperar más de 3 horas me informaron de su situación y aparente causa. Después fue trasladado a una cárcel de Villa Clara, bajo las más infrahumanas condiciones ambientales, y de alimentación. Esto sin contar la falta de alimentos, servicios médicos, avituallamiento, en fin, una odisea carcelaria. Yo residía en la parte más occidental de la isla, lo que me obligaba para poder asistir a las vistas trasladarme primero 166 kilómetros a Ciudad de la Habana, y de ahí hacer una larga cola de una noche y un día para poder comprar el pasaje para el tren Habana - Santiago, que llegaba a Villa Clara a las 8 de la noche. Como al principio no conocía a nadie en el lugar tuve que dormir muchas veces en la terminal de trenes y esperar el amanecer para trasladarme hasta la prisión. Lo que tuve que hacer en carros de tracción animal, motocicletas, carricoches, camiones, y hasta muchas veces caminar muchos kilómetros a pie con los bultos a cuesta. Una noche en que llegué a Villa Clara en uno de los últimos vagones del tren, en pleno terraplén al bajarme fui agredida por dos individuos que nunca se supo de dónde salieron, cual era su procedencia, ni el por qué de la agresión. La policía nacional ante mis gritos de auxilio acudió, pero nada hizo por mí, por supuesto que era una prisionera política que iba a ver al hijo también encarcelado por similares causas, por tales razones ¿Para qué preguntamos quiénes fueron los agresores?. Indudablemente los métodos de tortura sicológica, los abusos, el hostigamiento, el acoso, y cualquier otro tipo de manifestación del poder totalitario que padecemos los cubanos, mucho más agudizado en los familiares de los prisioneros políticos, es aberrante y abusivo. Soy del criterio
que esto no es más que el resultado de un castigo extrajudicial complementario
principalmente para miles de madres, esposas, hijos y otros familiares
inocentes, por la venganza y prepotencia que padece el más totalitario
de los regímenes que no es capaz de respetar los derechos del hombre,
ni el dolor de la familia. 1 de agosto del 2005 www.PayoLibre.com - A principios del año 95 Pedro Pérez, pensó que la crisis que había ocasionado la caída del campo socialista comenzaría a extinguirse. Incluso se hizo ilusiones de llegar a tener un negocio propio y con él la suerte que tanto buscaba. Había surgido una nueva clase de pequeños comerciantes que como cuenta propistas se abrían de oriente a occidente y realmente parecía futuro, pero como la felicidad en casa del pobre dura poco tal gestión fue abortada y toda las esperanzas de nuestro amigo se convirtieron en el terrible caos que hoy lo embarga. Pedro había puesto su timbiriche de buñuelos, acemitas, y refrescos en el portal de su vivienda y le iba muy bien. Incluso podía pagarle a Anacleta, la fiel vecina, para que le fregara los vasos mientras él se dedicaba a la clientela. Al igual que él habían muchos tratando de resolver el problema alimenticio de la población cubana y a la vez el problema económico de sus pelados bolsillos; pero un día el gobierno creyó que con veinte pesos diarios de una moneda devaluada alguien se hacía rico, y comenzó la guerra. Primero con inspecciones semanales, después diarias a cualquier hora, multas de hasta tres mil pesos, además del acoso constante. -Qué si los papeles de compra de la tienda de la divisa, - que si la harina está contaminada, - que si el agua del refresco sin hervir- hasta que le subieron los impuestos y el pobre Pedro no le alcanzaba lo que ganaba ni para comprar la cuota alimenticia normada del mes. Posteriormente fueron apareciendo las competencias con el estado. Imagínese usted con quién, pero aún así, sin tener rentabilidad su negocito y totalmente frustrado Pedro Pérez se creyó con poderes sobrenaturales y continuó metido hasta los tuétanos dentro de las presiones del gobierno. Tenía el pobre dos caminos, quebrar o triunfar y como era cubano y creyente comenzó a encenderle velas a la Caridad del Cobre. Cuando más tranquilo se sentía le dieron el batacazo al mismo centro de la cabeza. Surgieron las inversiones de capital mixto y las competencias contra estos establecimientos que todo lo tenían. Pobre Pedro, sus buñuelos de yuca y boniato, sus refresquitos de mango maduro, y agua sin hervir contra el desarrollo y la divisa. ¿Qué podría hacer con su mala suerte?… se preguntó varias veces pero ni la santa patrona le podía responder. Deprimido y frustrado se pasó muchas semanas dándole vueltas a su derrota, hasta que de pronto una luz cegadora lo sacó del aprieto. Salió a toda prisa cuesta abajo, recogió varias tablas, un martillo, clavos y un pedazo de zinc del patio de la casa de su hermano Jacinto. Metió manos a la obra y cuando terminó puso el letrero que escribió sobre el pedazo de zinc que decía "SE CUIDAN PERROS POR DIVISA".
1 de agosto de 2005 www.PayoLibre.com - En Cuba por querer el régimen imperante mantener a ultranza una supuesta uniformidad ideológica, creciente e intocable, comete el error de copiar modelos educacionales ajenos a nuestra realidad, así como limitar la creatividad de maestros y profesores que en su desempeño diario hacen todo lo posible por querer llevar a los educandos lo mejor de sus conocimientos. Muchos errores se cometieron y se cometen ignorando hechos y personalidades que fueron fuentes motrices en las páginas de la Historia de Cuba, simplemente por querer mantener una apariencia sólida sobre los manidos análisis históricos, que según el estado, son más concretos de los sucesos y sus protagonistas y valorados por el marxismo como parámetros actuales, y así llevar a la total abstracción hechos decisivos y hombres que por su valentía y tenacidad deben ser también ejemplo para las nuevas generaciones y ocupar como les corresponde su tiempo y su espacio dentro de la enseñanza. Estos métodos totalitarios que son llevados a cabo y diseminados por todo el sistema educacional cubano, han llevado a profesores de más de 40 años dentro de la especialidad histórica a un escepticismo generalizado que los invalida de sus conocimientos teóricos. Por estas razones muchos han preferido la deserción y a otros los han expulsados de sus funciones por no querer distorsionar la verdadera historia de Cuba. Una gran parte de la sociedad se pregunta: - ¿Es éste el modo de asumir nuestra realidad histórica?-. ¿Por qué la discriminación a hechos y personalidades, por qué tanta intolerancia, por qué no preservar la realidad objetiva de nuestros antepasados sin cuestionamientos?. La respuesta a tantas interrogantes se queda en la misma concepción creada por el gobierno, de qué solamente los hechos del cincuenta y nueve son ejemplos para la formación ideológica, y aquellos que por su tendencia comunista se idealizaron y limpiaron de impurezas de acuerdo a los intereses, aunque los alejen de la realidad histórica en que les tocó vivir a sus protagonistas. Una prueba muy fehaciente la tenemos en Francisco de Arango y Parreño, que se califica como uno de los principales exponentes de la alta burguesía criolla y no se tiene en cuenta su progresista pensamiento a la hora de separar lo español de lo cubano. A este señor no se le limpiaron las contaminaciones que padeció, lógicamente por su procedencia social y el contexto histórico en que le tocó vivir. Y que decir de José Antonio Saco, relegado a unas pocas páginas en los libros de historia y en algunos minutos en la dosificación de cualquiera de los programas de estudio. ¿Cuál sería su falta ante los ojos del gobierno cubano?. Quizás sus planteamientos en 1837 relacionado con la posible anexión de Cuba a los Estados Unidos y que él mismo se encargó de aclarar años después. Por supuesto que tal planteamiento puede sacar a cualquiera de la historia totalitaria que imponen sus gobernantes, porque realmente si de historia se trata, él llenó toda su época con su protagonismo, y su concepto de nacionalidad cubana, que aunque limitado por la época que le tocó vivir fue posiblemente el primer autor que lo intentó. Por otra parte tenemos al obispo Díaz de Espada, que ninguna de las nuevas generaciones lo conoce, y los que lo han oído mencionar, lo ven tan sólo como un nombre más. Sus treinta años frente al obispado de La Habana, vinculado más a Cuba que a España, le permitieron formar a un grupo de jóvenes empeñados en cambiar el universo científico, ideológico, y artístico junto a Félix Varela. Sobre este obispo nada se dice, porque para nadie es noticia las tensas relaciones que existieron, aunque más veladas existen entre el Estado Cubano y la iglesia Católica, además del clímax que inevitablemente se respira de intolerancia religiosa a pesar de las vaselinas y los compromisos con el Vaticano. El único personaje que se toma como bandera ante cualquier ejemplo es a José Martí, que indudablemente fue un intachable hombre, lleno de valor y patriotismo y gran luchador por la libertad de Cuba ¿pero qué tiene que ver su pensamiento y su obra con el uní partidismo actual, las escuelas al campo, el sistema eleccionario o la prensa en el contexto cubano? Son muchos los ejemplos que se podrían sumar a la lista de ignorados dentro de la Historia de Cuba y de estigmatizados por el régimen de acuerdo a sus conveniencias políticas e ideológicas, pero de lo que sí estoy segura es, que la intolerancia entre otras causas, ha llevado a la historiografía cubana a un gran caos dentro del conocimiento anterior y actual de los sucesos más relevantes dentro de la Historia Patria. Pero no solamente la Historia, sus personajes y hechos han sufrido las consecuencias de la intolerancia, también muchos intelectuales y artistas de renombre y prestigio han sido excluidos, borrados y vituperados por problemas ideológicos y sus obras permanecen expuestas a las polillas. ¿Cómo es posible que los profesores cubanos graduados en estos cuarenta años no conozcan a Lino Novás, uno de los mejores narradores de esta generación? Este hombre tuvo que morir para que su obra fuera publicada, y como él tenemos a Heberto Padilla, Eugenio Florit, Gastón Baquero, Severo Sarduy y otros más, que sería interminable la lista. ¿Y cuál fue su pecado capital?.¿Haber querido ir a vivir al extranjero? ¿Tener una ideología inmanipulable. ¿Por qué hubo que esperar por la muerte de Virgilio Piñera y José Lezama Lima para situarlos en el lugar que les corresponde? ¿Qué sucedió con la obra de Flor y Juan Manuel Loynaz del Castillo? Poetas cubanos fallecidos en las últimas décadas que permanecen en el anonimato, aún siendo solicitada por su hermana Dulce María que le publicaran a cambio de la entrega de su biblioteca personal y todas sus pinturas, trofeos, estatuas y muebles de maderas preciosas a la nomenclatura gobernante en la provincia más occidental de Cuba, Pinar del Río. ¿Cuándo fue que salió a la luz pública la obra literaria de esta mujer hija del Generalísimo, la cual no pudo disfrutar por su avanzada edad y mucho menos de los premios otorgados? ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para poder conocer en toda su plenitud nuestra verdadera historia? ¿Encontrarán los
historiadores cubanos el hábitat indispensable para llevar a cabo esta
necesaria tarea, o tendremos que continuar sometidos al subdesarrollo
del conocimiento y la comunicación como consecuencia de vivir en un país
donde el miedo es una mole grande y solamente tienen derecho los que no
vean más allá de sus narices?
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